Las razones por las que no somos los mejores

En este 20 de julio de 2019, 50 años tras la llegada del ser humano a la Luna, comenzaré una nueva serie de “Entradas Breves”. Porque no siempre es necesario escribir mil o dos mil palabras para describir algo. Al contrario, a veces es mejor ser breve.

Hoy me han preguntado en Twitter por qué hay que creer que la NASA llegara a la Luna.

Le he respondido:

Porque tendemos a creer que nuestra generación es la mejor. En aquellos tiempos se corrían riesgos, se invertía mucho dinero, se buscaban nuevas fronteras. Ahora todo eso está olvidado. Por eso no creemos que se llegara a la Luna: porque nosotros no seríamos capaces de hacerlo.

La última generación siempre se cree la mejor. La más avanzada. La más moderna. La más sofisticada. Sin darnos cuenta de que, en la historia de la humanidad, llegar el último no significa ser el mejor. De eso podrían hablar los últimos habitantes del Imperio Aqueménida, o del Imperio Egipcio, o del Imperio Romano. O de las polis griegas.

Transformar los sueños en metas realizables es difícil y complejo. Pero no imposible. Dedicación, esfuerzo, trabajo, recursos, y ganas de conseguir alcanzar metas. No todos llegaremos a la Luna.

Pero algunos sí lo harán. Y eso, ciertamente, es lo que realmente importa. Nuestros logros son los de todos. Unos ponen la mano, y otros se alzan sobre esa mano. Todos fueron necesarios para cumplir la meta. Y todos serán recordados.

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Soy una hoja de papel

¡Hola! ¿Cómo están? ¿Bien? Me alegro. Soy una hoja de papel. De papel del bueno, no crean.

Nací en un bello bosque, dentro de un majestuoso árbol que cubría un lado de una colina. Un día cortaron el árbol, que era mi sustento, y me dieron un nuevo trabajo como hoja de papel. Procesaron químicamente mi cuerpo, y pronto pasé a la imprenta, donde era la hoja ochenta y nueve, de un libro de cuentos infantil, de una joven escritora maravillosa. En mi página, los piratas se hacían con el tesoro, mientras el malvado pirata Carmesí reía malévolamente. ¡Qué suerte ser esa página!

El libro salió a la venta, y yo estaba entusiasmada con mi trabajo. ¡Nada más y nada menos que ser parte de un libro! Pero el libro se mantuvo tres semanas en la librería. Algunos nos hojearon, a mí y a mis hermanas, pero luego nos dejaron de nuevo en la repisa.

Pronto vino un hombre, con un aspecto siniestro, y nos llevó a un lugar todavía más siniestro. Era la trituradora de papel. Me trituraron, y me convirtieron en polvo. Creí que mi vida estaba acabada.

Pero no fue así; me reciclaron, y volví a ser hoja de nuevo. Me imprimieron, esta vez en un libro de amores y sentimientos. Yo era la hoja donde ella descubre que él tiene una amante, y llora desconsoladamente. De nuevo tenía un papel en la vida. Su autor, un hombre de cierta edad, explicaba sus relatos amorosos con gran maestría, llegando al corazón de seres sensibles. El libro llegó a la misma librería, y de nuevo estaba feliz, mientras la gente me ojeaba. Pero nadie se decidía a llevarnos. Siempre volvíamos a la repisa.

Tras unos días, de nuevo apareció aquel malvado ser, y se repitió la historia. De nuevo me procesaron, y me llevaron a la imprenta. Ahora era la hoja donde un mago muy poderoso lanzaba un hechizo para salvar su mundo de las garras de alguna profecía. Me sentí orgullosa de ser la hoja de tan importante momento, y de nuevo volví a la librería.

Han pasado los días, y la gente nos mira, a mí y a mis hermanas, pero nos deja de nuevo en la repisa. Ahora solo espero la llegada de ese ser oscuro, que… ¡Esperad! ¡Alguien nos está comprando, a mí y a mis hermanas! ¡Nos llevan en un bolso a un nuevo mundo! ¡Por fin vamos a ser leídas!

Han pasado dos años. Nadie nos ha leído. ¿Por qué? Solo sé que quien nos trajo dijo algo similar a “este hace juego con la pared de la sala”, y nada más. ¿Qué significará eso? ¡Eh! ¡Hola! ¡Estamos aquí! ¡Somos una maravillosa aventura de fantasía! ¡Léenos, por favor! ¡Léenos! Da un poco de sentido a nuestras vidas. Por favor. Lee nuestras páginas, antes de que aparezca de nuevo el malvado hombre, y muramos de nuevo, para volver a la vida…

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Acerca del ego de los escritores

Dicen que los escritores tenemos un gran ego. A mí me han acusado varias veces de tener un gran ego. Es posible que haya mucho de eso. Pero no nos engañemos: el ego es importante para escribir, pero la necesidad de comunicar un sentimiento, una idea, un mensaje, lo es aún más.

Yo tengo un calendario de libros y unas fechas aproximadas para ponerlos a disposición de los lectores. Pero libros y fechas tienen un final. Luego me retiraré, como he hecho siempre, para tomar otros caminos. La verdad es que eso es, creo yo, bastante incompatible con el ego. Hace poco alguien me preguntaba cómo había podido dejar cierta página de aviación y simulación que gestioné durante diez años, si era una web con un éxito importante, bastantes visitas, y una actividad realmente importante. Lo tenía todo. Pero no me mueve el sentido del protagonismo. Si fuese así, no habría borrado la anterior página del Facebook, que tenía en ese momento 2800 seguidores. Si fuese así, habría querido seguir sumando seguidores.

Creo que en la vida estamos para cumplir metas, y quemar etapas. Creo que debemos tener un plan, cumplirlo en la medida de nuestras posibilidades, y luego, retirarnos, y explorar nuevos mundos. Creo que no he venido a este mundo para centrarme en un universo concreto, sea el que sea. Soy un explorador, del universo, y de mi interior. Uno va con el otro. No puedo centrarme en algo, porque me estoy perdiendo una diversidad infinita de posibilidades. Creo que mi ego es grande, no lo dudo. Pero mis ansias de explorar, de aprender, de soñar nuevos caminos, lo son más.

Creo, en definitiva, que estamos aquí para aprender. Y que cuando algo te ha dado todo lo que sientes que te podía dar, debes partir de nuevo, y buscar nuevas rutas, y aprender nuevas cosas. Solo se vive una vez. Pero hemos de intentar que, en ese camino, vivamos mil experiencias. Si no, la vida solo tendría un color, y un color es muy poco para disfrutar de la belleza del universo. Ese es mi camino. Y esa es mi meta.

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