Nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños

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No tenemos destino. No tenemos futuro. No tenemos caminos que recorrer. Pero tenemos sueños.

No tenemos dinero. Ni tenemos transporte. Ni tenemos zapatos. Pisamos el asfalto ardiente con la piel.

Pero tenemos sueños.

No tenemos hipotecas. No tenemos cuenta corriente. No tenemos VISA. No tenemos moto de mil caballos. Ni tenemos una pensión asegurada.

Pero tenemos sueños.

No tenemos acciones. Ni tenemos rentas. Ni tenemos inmuebles valorados en el dolor de aquellos que no pueden habitarlos, porque no se han ganado un sitio en el cielo materialista de un mundo que solo vive del dinero.

Pero tenemos sueños.

No tenemos lágrimas. Las dejamos atrás cuando forzaron nuestros cuerpos y nuestras almas. No tenemos sangre en las venas. La dejamos en las guerras que otros organizaron para llevar la victoria a sus bolsillos y sus bancos.

Pero tenemos sueños.

No tenemos futuro. Nos han robado incluso el tiempo que se halla frente a nosotros, y nuestros relojes se paran en una miseria eterna que nos ahoga y nos mata. Vivimos tras el muro del dolor, de la guerra y la mezquindad, acusados de haber nacido en el lugar donde no debíamos nacer, y tener la lengua, la cultura, y la vida que ofende a otros.

Pero tenemos sueños.

No tenemos nada que ocultar. Y no tenemos la oportunidad que otros tendrán. Pero nos tenemos el uno al otro. Y tenemos nuestras manos, para unirlas en un último esfuerzo de encontrar en nuestros corazones la paz que nos han robado y esquilmado tanto tiempo atrás.

No tenemos más que llagas, heridas, hambre y dolor. Pero tenemos sueños. Y con los sueños dejaremos atrás todas las pesadillas, y crearemos un mundo nuevo. Un mundo para nosotros. Un mundo de paz. Un mundo de libertad. Donde seamos libres. Donde la justicia no sea aleatoria. Donde el ser humano tenga una oportunidad.

Ellos lo tienen todo. Pero ellos no tienen sueños. Los sueños los tenemos nosotros. Y con sueños volaremos de nuevo. Lo haremos. Juntos. Porque nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños. Y lo sueños serán el futuro para los dos. Te juro, por mi vida, que así será. Porque te quiero. Y quiero tu libertad.

 

Caso Boeing 737: diga antiguo, no diga obsoleto

¿Cuántas veces vengo diciendo que lo antiguo no tiene que ser necesariamente obsoleto ni falto de efectividad? Esta sociedad vive con la falsa imagen de que algo antiguo está pasado de moda, es obsoleto, es irrelevante. Lo hace incluso con sus mayores, a los que abandona en una esquina del olvido, hasta que mueren de pena y de soledad, siendo descubiertos sus cuerpos días, meses, años después.

El ejemplo que traigo hoy es una noticia que nos dice que el famoso Boeing 737 Max, que tuvo dos desgraciados accidentes, opera con un viejo procesador Intel 80286, un procesador que se fabricó entre 1982 y 1991. ¿Por qué? ¿Por qué algo tan antiguo? ¿Será esa la causa de la caída del avión?

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Algunos se sorprenden de que el Intel 80286 aún se use. Se llevarán una sorpresa cuando sepan que el Zilog Z80A original de 1976 también se sigue fabricando y usando hoy día para muchas tareas

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Las dos formas de resolver una simple ecuación

Nueva entrada corta, dentro de esas entradas cortas donde explico cosas en pocas palabras, para resolver o aclarar puntos, o simplemente explicar algo rápidamente. No todo van a ser biblias ampliadas, también sé escribir menos de cinco mil palabras, aunque sea duro.

Hoy traigo una simple ecuación muy sencilla, que ha revolucionado “las redes”. La mitad de Internet dice que el resultado es “1”, la otra mitad dice que es “16”. ¿Quién tiene razón?

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¡Oh Dios santo, he tenido un derrame cerebral al intentar resolver esto!

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Las razones por las que no somos los mejores

En este 20 de julio de 2019, 50 años tras la llegada del ser humano a la Luna, comenzaré una nueva serie de “Entradas Breves”. Porque no siempre es necesario escribir mil o dos mil palabras para describir algo. Al contrario, a veces es mejor ser breve.

Hoy me han preguntado en Twitter por qué hay que creer que la NASA llegara a la Luna.

Le he respondido:

Porque tendemos a creer que nuestra generación es la mejor. En aquellos tiempos se corrían riesgos, se invertía mucho dinero, se buscaban nuevas fronteras. Ahora todo eso está olvidado. Por eso no creemos que se llegara a la Luna: porque nosotros no seríamos capaces de hacerlo.

La última generación siempre se cree la mejor. La más avanzada. La más moderna. La más sofisticada. Sin darnos cuenta de que, en la historia de la humanidad, llegar el último no significa ser el mejor. De eso podrían hablar los últimos habitantes del Imperio Aqueménida, o del Imperio Egipcio, o del Imperio Romano. O de las polis griegas.

Transformar los sueños en metas realizables es difícil y complejo. Pero no imposible. Dedicación, esfuerzo, trabajo, recursos, y ganas de conseguir alcanzar metas. No todos llegaremos a la Luna.

Pero algunos sí lo harán. Y eso, ciertamente, es lo que realmente importa. Nuestros logros son los de todos. Unos ponen la mano, y otros se alzan sobre esa mano. Todos fueron necesarios para cumplir la meta. Y todos serán recordados.

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