El virus de la lectura abre fronteras al infinito

Estamos pasando unos tiempos muy duros, sin duda. Confinados en casa, con una situación tremendamente compleja e incierta, esta crisis sanitaria va camino de cambiar muchos aspectos de la vida de muchas personas, y de sociedades enteras.

Afortunadamente, el mundo de la cultura se ha abierto a compartir mucho de su material de manera gratuita, y vemos actos culturales online por todas partes. Y un elemento que puede acompañar a estos tiempos perfectamente es la lectura. Los libros siempre han sido amigos de la soledad, y han hecho que muchas almas desconectadas pudieran enlazar con la mente de autores y sus sueños mediante las obras literarias.

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Guerra en tres frentes

Nota especial: la entrada en la red literaria Lektu ha sido mejor de lo que esperaba, con casi 700 visitas y 40 descargas en una semana, y con “Somos los Hijos de la Tierra” entrando en la lista de tendencias de la red literaria cuando escribo estas líneas. Muchas gracias a todos por vuestro interés. Fin de la nota.

Nuevo fragmento de “La leyenda de Darwan IV: Idafeld”, Libro XV y último de la saga Aesir-Vanir. El fragmento anterior puede leerse en este enlace.

Tras ese viaje a un San Francisco recreado por Freyr, Helen no está dispuesta a perder ni un minuto más en encontrar una estrategia final para terminar con la amenaza que se cierne sobre su gente. Para ello tiene clara una cosa: ir a la fuente original que ha causado toda esa situación. Y esa fuente son esos misteriosos seres, los Isvaali, que nadie conoce.

Solo Sandra tuvo acceso a ellos. Y solo un hombre puede tener la respuesta al misterio de cómo interactuar con ellos. Pero antes, Helen querrá tener una conversación con su hija, resultado de un cambio en la historia del pasado, provocado por ella misma…

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Somos los Hijos de la Tierra

¿Visionarios? ¿Iluminados? ¿O, simplemente, unos locos con suerte? Esa es una de las preguntas que uno puede hacerse sobre este pequeño relato que he rescatado del olvido, y que he creído podría ser de interés para el lector. Su título:

Somos los hijos de la Tierra“.

La historia parte de un comentario de Sandra, personaje principal en “Las entrañas de Nidavellir”, sobre una gigantesca nave generacional del siglo XXIII, construida con un solo propósito: abandonar la Tierra, para abandonar también sus costumbres, sus mitos, sus ritos, y su afán por el poder y el control. Un grupo de hombres y mujeres ecologistas embarcan en un viaje a las estrellas para no regresar jamás.

Con el apoyo de inmensas fortunas de algunos millonarios, que ven en el acto de ayudar a fabricar una nave ecológica un gesto que les redime de su poder, esta nave se pierde en el espacio, y todos la dan por desaparecida, y su tripulación, presumiblemente muertos.

Pero la nave no se perdió. Y, siglos más tarde, comienza la historia de este pequeño relato. Es una historia sencilla, sin más pretensión que llevar a cabo una reflexión muy rápida: ¿son los que huyeron los locos? ¿O lo fueron aquellos que se quedaron en la Tierra?

El texto está dedicado a Lara, una encantadora nena y vecina, que suele venir corriendo para llevar a mi perrita Lyra de paseo, mientras yo charlo con sus padres de cualquier cosa.

Es un texto especial. No forma parte de la saga, pero sí tiene una conexión con la saga. Y con la humanidad. Si les apetece, aquí lo tienen, en formato pdf. Muchas gracias.

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El último escritor

Para Su Alta Majestad:

Mi nombre es William Grey, ciudadano registrado con el código 147-DX-23230. Estoy aquí para una alta petición que ruego a Vuecencia me conceda, con…

Will borró el texto. Era la cuarta vez que lo empezaba. Y la cuarta ocasión en la que lo borraba. Su novia se acercó. Se sentó a su lado, y le pasó el brazo izquierdo por el cuello, mientras por el derecho le acariciaba el rostro.

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Demanda de empleo: se buscan utopías

from even to earth, it doesn't stop surprinsing. #portugal #lisbon

Hola a todos y a todas.

Soy albañil. Albañil de sueños. Busco trabajo.

Me ofrezco para derribar muros y construir puentes. El 95% por ciento considerará esta demanda como utópica.

Hago una llamada a ese cinco por ciento de utopías restantes, para construir un mundo para el cien por cien de la humanidad. Para los utópicos. Y para los que no lo son, con la esperanza de que un día lo sean.

Hemos construido tantos muros, muros tan altos, muros tan fríos, que hemos olvidado cómo son los rostros de nuestros hermanos. Hemos derribado tantos puentes, que casi no queda lugar en nuestro suelo para construir un nuevo futuro.

Soy albañil. Albañil de sueños. Construyo puentes. Pero necesitamos mil manos. Diez mil manos. Un millón de manos.

Por favor. Aún queda una oportunidad de alcanzar las estrellas. Todos juntos. Porque todos nacemos con la luz de las estrellas o del Sol, que es una estrella. Y somos demasiados los que morimos detrás de muros que ocultan la luz de esas estrellas.

Un poco de esfuerzo. Algunos ladrillos. Y una gran cantidad de sueños. Y romperemos los muros. Y, con los restos, construiremos un puente. Un puente que llegue a las estrellas. Que dé una oportunidad a cada alma de la Tierra.

Las utopías hacen sonreír a muchos hombres y mujeres en este planeta. El día que ellos sean también utopía, viajaremos a las estrellas.

Seremos estrellas.

Nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños

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No tenemos destino. No tenemos futuro. No tenemos caminos que recorrer. Pero tenemos sueños.

No tenemos dinero. Ni tenemos transporte. Ni tenemos zapatos. Pisamos el asfalto ardiente con la piel.

Pero tenemos sueños.

No tenemos hipotecas. No tenemos cuenta corriente. No tenemos VISA. No tenemos moto de mil caballos. Ni tenemos una pensión asegurada.

Pero tenemos sueños.

No tenemos acciones. Ni tenemos rentas. Ni tenemos inmuebles valorados en el dolor de aquellos que no pueden habitarlos, porque no se han ganado un sitio en el cielo materialista de un mundo que solo vive del dinero.

Pero tenemos sueños.

No tenemos lágrimas. Las dejamos atrás cuando forzaron nuestros cuerpos y nuestras almas. No tenemos sangre en las venas. La dejamos en las guerras que otros organizaron para llevar la victoria a sus bolsillos y sus bancos.

Pero tenemos sueños.

No tenemos futuro. Nos han robado incluso el tiempo que se halla frente a nosotros, y nuestros relojes se paran en una miseria eterna que nos ahoga y nos mata. Vivimos tras el muro del dolor, de la guerra y la mezquindad, acusados de haber nacido en el lugar donde no debíamos nacer, y tener la lengua, la cultura, y la vida que ofende a otros.

Pero tenemos sueños.

No tenemos nada que ocultar. Y no tenemos la oportunidad que otros tendrán. Pero nos tenemos el uno al otro. Y tenemos nuestras manos, para unirlas en un último esfuerzo de encontrar en nuestros corazones la paz que nos han robado y esquilmado tanto tiempo atrás.

No tenemos más que llagas, heridas, hambre y dolor. Pero tenemos sueños. Y con los sueños dejaremos atrás todas las pesadillas, y crearemos un mundo nuevo. Un mundo para nosotros. Un mundo de paz. Un mundo de libertad. Donde seamos libres. Donde la justicia no sea aleatoria. Donde el ser humano tenga una oportunidad.

Ellos lo tienen todo. Pero ellos no tienen sueños. Los sueños los tenemos nosotros. Y con sueños volaremos de nuevo. Lo haremos. Juntos. Porque nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños. Y lo sueños serán el futuro para los dos. Te juro, por mi vida, que así será. Porque te quiero. Y quiero tu libertad.

 

María Ostiz y un sueño de libertad

En este primer miércoles musical del año me gustaría reivindicar la figura de María Ostiz, cantante española que tuvo gran éxito en los años setenta y ochenta. Esta mujer, con una voz muy personal y maravillosa, ganó el festival de la OTI de 1976 en Acapulco, México, con su tema “Canta cigarra”.

En muchas ocasiones trato de traer a este blog música, y músicos, que han quedado relegados en el olvido, por las razones que sean. Evidentemente hay artistas que perduran más en la memoria, pero otros parece que son propensos a ser olvidados por la marea del tiempo.

A mí personalmente esta canción me recuerda a aquellos años difíciles en Latinoamérica y en España de los setenta. Años de sueños de libertad, de esperanza, de un futuro mejor, donde pudiésemos expresarnos sin miedos, sin cortapisas, sin amenazas constantes. Como todo sueño, no fue perfecto. Como todo sueño, despertamos a la realidad. Pero lo importante es que era otra realidad. Y era mejor que lo que dejábamos atrás. Sin ninguna duda.

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