Nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños

suenos

No tenemos destino. No tenemos futuro. No tenemos caminos que recorrer. Pero tenemos sueños.

No tenemos dinero. Ni tenemos transporte. Ni tenemos zapatos. Pisamos el asfalto ardiente con la piel.

Pero tenemos sueños.

No tenemos hipotecas. No tenemos cuenta corriente. No tenemos VISA. No tenemos moto de mil caballos. Ni tenemos una pensión asegurada.

Pero tenemos sueños.

No tenemos acciones. Ni tenemos rentas. Ni tenemos inmuebles valorados en el dolor de aquellos que no pueden habitarlos, porque no se han ganado un sitio en el cielo materialista de un mundo que solo vive del dinero.

Pero tenemos sueños.

No tenemos lágrimas. Las dejamos atrás cuando forzaron nuestros cuerpos y nuestras almas. No tenemos sangre en las venas. La dejamos en las guerras que otros organizaron para llevar la victoria a sus bolsillos y sus bancos.

Pero tenemos sueños.

No tenemos futuro. Nos han robado incluso el tiempo que se halla frente a nosotros, y nuestros relojes se paran en una miseria eterna que nos ahoga y nos mata. Vivimos tras el muro del dolor, de la guerra y la mezquindad, acusados de haber nacido en el lugar donde no debíamos nacer, y tener la lengua, la cultura, y la vida que ofende a otros.

Pero tenemos sueños.

No tenemos nada que ocultar. Y no tenemos la oportunidad que otros tendrán. Pero nos tenemos el uno al otro. Y tenemos nuestras manos, para unirlas en un último esfuerzo de encontrar en nuestros corazones la paz que nos han robado y esquilmado tanto tiempo atrás.

No tenemos más que llagas, heridas, hambre y dolor. Pero tenemos sueños. Y con los sueños dejaremos atrás todas las pesadillas, y crearemos un mundo nuevo. Un mundo para nosotros. Un mundo de paz. Un mundo de libertad. Donde seamos libres. Donde la justicia no sea aleatoria. Donde el ser humano tenga una oportunidad.

Ellos lo tienen todo. Pero ellos no tienen sueños. Los sueños los tenemos nosotros. Y con sueños volaremos de nuevo. Lo haremos. Juntos. Porque nos lo arrebataron todo. Excepto los sueños. Y lo sueños serán el futuro para los dos. Te juro, por mi vida, que así será. Porque te quiero. Y quiero tu libertad.

 

“Creemos el hombre nuevo cantando” (Rafael Alberti)

Rafael Albertí es sin duda uno de los poetas que más influencia han tenido en mi vida. escribió una de las poesías que más han calado en mi vida y en mi alma: “Balada para los poetas andaluces”, y este que traigo hoy, “Creemos el hombre nuevo”, en el que hace una búsqueda para encontrar nuevos senderos para la humanidad y la poesía en general, en un mundo devastado por la guerra y la frialdad de un mundo que se transforma rápidamente.

La poesía no es trending topic en la actualidad. La poesía no llena los colegios, los patios, las universidades, ni los hogares. La poesía ha quedado denostada, marcada, ninguneada, olvidada en un oscuro rincón. Tenemos en España muchos hombres y mujeres que son grandes poetas, como el mismo Rafael Alberti, y parece que hemos olvidado que la poesía es la savia de la literatura, el alma mater de la expresión escrita, la esencia misma de la palabra.

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Nacidos para perder, cuando todo lo que queda es nada

Una de las canciones con la que me siento más identificado en la discografía de Joaquín Sabina es “Nacidos para perder”. Es una maravillosa composición literaria honesta, profunda, y directa, que nos lleva a recordar esos tiempos donde todo lo que teníamos eran sueños de juventud, demasiada inocencia, y ganas de soñar en sueños que nunca se harían realidad.

Ahí estaba yo, en clase de latín, con mi guitarra, cantando en latín unos versos de Ovidio. ¿Qué diablos hacía yo cantando a Ovidio en clase de latín? Había musicado unos poemas del famoso poeta romano, y se lo comenté al profesor de latín, que entonces trabajaba en su doctorado. El hombre no solo se sorprendió, sino que me pidió que de inmediato le hiciese una demostración. Y así fue; allá, en medio de la clase, saqué mi guitarra, y me puse a cantar en latín.

Ni qué decir tiene que el profesor estaba encantado de que alguien musicara esos versos latinos después de dos mil años escritos en las arenas de la historia, y los compañeros estaban encantados de no tener que soportar al profesor y sus explicaciones sobre la tercera declinación. Así pasamos aquella hora, con música en latín, unos versos antiguos, y un poco de diversión. Creo que Ovidio se asomó un momento por la puerta, para salir huyendo de nuevo hacia su descanso eterno.

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Ovidio escuchando aterrado uno de sus poemas musicados

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