“Creemos el hombre nuevo cantando” (Rafael Alberti)

Rafael Albertí es sin duda uno de los poetas que más influencia han tenido en mi vida. escribió una de las poesías que más han calado en mi vida y en mi alma: “Balada para los poetas andaluces”, y este que traigo hoy, “Creemos el hombre nuevo”, en el que hace una búsqueda para encontrar nuevos senderos para la humanidad y la poesía en general, en un mundo devastado por la guerra y la frialdad de un mundo que se transforma rápidamente.

La poesía no es trending topic en la actualidad. La poesía no llena los colegios, los patios, las universidades, ni los hogares. La poesía ha quedado denostada, marcada, ninguneada, olvidada en un oscuro rincón. Tenemos en España muchos hombres y mujeres que son grandes poetas, como el mismo Rafael Alberti, y parece que hemos olvidado que la poesía es la savia de la literatura, el alma mater de la expresión escrita, la esencia misma de la palabra.

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Soy de aquella generación

Soy de aquella generación que se mece entre el dolor de la generación del 98 y las vanas esperanzas de la generación del 27. Que vivió el sueño de libertad y solo fue eso, un sueño. Que nació tras una guerra cruenta que dividió al país, solo para recordarnos que las guerras no responden ante nadie excepto a la propia guerra.

Soy de aquellos que salieron a las calles cuando la democracia era incipiente, que fue acusado de hablar de libertad y de tener sangre de aquellos que dejaron su tierra por la libertad. Soy de los que soñaron que el hombre y la mujer eran realmente iguales, no porque lo diga un papel o una ley, sino porque nos han enseñado que la igualdad comienza cuando se le da el pecho al niño, y acaba cuando nadie es medido o juzgado por razón de sexo, como tampoco de color, de credo, de raza, o de nacimiento.

Soy de los que leía emocionado a Alberti, a Lorca, a Machado, y no porque me lo impusieran las normas, sino porque mi mente no podía dejar de navegar entre los sueños y anhelos de una generación rota por el sonido de las armas y los fusilamientos.

Soy de los que lloraba cuando leía a aquellos poetas, y viajaba con ellos por sus penas, por su dolor, por sus miserias, por su camino hacia una tierra que les era extraña, pero que de todas formas les acogió con amor y cariño. Que no los recibió como extraños, sino como hermanos. Que no les dio una migaja de pan para saciar el hambre, sino la oportunidad de poder construir otro sueño allende los mares.

Soy de los que miraba a lo lejos al horizonte, pensando en cuantos recuerdos flotan en las aguas de los mares del mundo, azotadas por una guerra que envolvió al mundo, y que enseñó que la lucha por la libertad tiene un alto precio, y que esa libertad se pierde al menor signo de rabia, de ira, y de xenofobia. Y cuando la libertad se ha perdido, ¿qué nos queda? Silencio. Dolor. Y muerte.

Soy un alma perdida en mis pensamientos. Ese soy yo. Un mar de recuerdos. Un mar que quiere recordar a aquellos que se fueron. Y eso hago ahora. Y eso haré siempre. Por ellos. Y por sus recuerdos, que son ahora nuestros.