La mortalidad de los inmortales

Hablando con mi hermana, le comentaba el viejo chascarrillo que dice que, para convertirse en un escritor inmortal, primero debes morirte, y así podrás disfrutar del éxito que siempre estuviste esperando en vida.

Y es verdad que, en más casos de lo que podríamos esperar, escritores, y otros artistas, y también otras personas que han tenido una actividad importante en la vida en forma de contribución a la humanidad, son reconocidos solamente tras la muerte. “Qué gran artista ha perdido el mundo” se dice, mientras en vida fue ignorado.

Es algo eterno, e inmortal, en el ser humano. La necesidad de perpetuarse en el tiempo se consigue mediante las obras, porque el cuerpo desaparece para siempre. Pero, abriendo un libro de un antiguo escritor ya desaparecido, lo traemos de vuelta. Nos habla, nos enseña, y nos guía en sus enseñanzas, en sus logros, en sus miedos, y en sus sueños.

Al fin y al cabo, los muchos miles (miles) de escritores que constantemente aparecen en las redes sociales presentando su magnífico libro, irrepetible y que no podrás dejar de leer, con una historia diferente que te atrapará de principio a fin, no esperan otra cosa más que la inmortalidad. La inmortalidad y un reconocimiento que, en la inmensa mayoría de los casos, nunca llegará.

nine_worlds_yggdrasil
Yggdrasil, el árbol que une los nueve reinos del universo en la mitología nórdica

Leer más “La mortalidad de los inmortales”

Anuncios

Los nuevos dioses

Helen Parker murió cuando se acercaba a los treinta años. Una joven normal, con una vida, normal, y nada destacable en su día a día. Excepto que un cáncer repentino terminó con su futuro. Pero algo ocurrió: alguien hizo una copia de su ADN y ARN, y de sus engramas de memoria, es decir, de sus recuerdos y experiencias.

Años más tarde, su cuerpo es regenerado, y sus recuerdos integrados en el nuevo cerebro. Helen es básicamente la misma persona. No es un clon, porque su memoria es la misma. Y porque el ADN y ARN empleado ha regenerado el mismo organismo con la misma edad que tenía cuando murió.

De hecho, Helen podría volver a usar este procedimiento de forma indefinida. Y sería, desde ese momento, inmortal.

Este caso es una ficción de un libro, nada más. Pero la pregunta que subyace tras esta situación es: ¿será posible llevar a cabo alguna vez un proceso así? Y, si eso es posible, ¿qué hacemos con esos que nos esperan en el cielo?

dios1

Leer más “Los nuevos dioses”

Fuimos inmortales; y fue un gran fracaso

Una de las constantes que se suele escuchar en el mundo de la ciencia ficción, y cada vez más en el de la ciencia, es el de la inmortalidad. Queremos ser inmortales. No queremos morir, queremos sobrevivir a los tiempos presentes y futuros. Una pastilla, un sorbo del cáliz de Cristo, o un extraño fenómeno cualquiera, que nos convierta en inmortales. Ese es el sueño dorado de la humanidad. Pero ¿qué precio tendría eso?

Si los seres humanos fuésemos inmortales, en pocas décadas no cabríamos en la Tierra. Es más, nuestra supervivencia se vería seriamente amenazada. De hecho, la esperanza de vida junto con la baja natalidad están provocando en muchos países una crisis enorme. Si esa natalidad subiera, pero no los fallecimientos, el colapso sería rápido y total. Todos queremos ser inmortales. Pero el precio de la inmortalidad es la muerte segura, y además, en las peores condiciones.

Pero no tenemos que escribir ciencia ficción para hablar de inmortalidad. Las estrellas de mar, si se rompen en pedazos, regeneran cada uno de ellos una nueva estrella de mar. Claro que cada pedazo es un nuevo vástago. De hecho, la naturaleza “inventó” la muerte por dos razones:

  1. Porque era evidente que una especie inmortal acabaría con los recursos en poco tiempo.
  2. Porque la vida se adapta al medio ambiente a través de nuevas generaciones modificadas con respecto a las anteriores. Un ser que no muere no puede adaptarse.

Mares llenos de moléculas autorreplicantes fueron probablemente el inicio de la vida. Aquellas moléculas, todavía no realmente seres vivos, solo sabían hacer una cosa: replicarse, probablemente mediante una enzima que generaba infinitas copias de cada molécula. El mar se llenó de esas moléculas, que eran por supuesto inmortales, hasta que los recursos para la autorreplicación cesaron. Algunas de esas moléculas se fueron modificando y adaptando al medio ambiente. ¿Cuáles? Las que eran destruidas. Veámoslo:

  1. Nacen moléculas inmortales. Estas prosperan e invaden los mares. Son todas iguales. Cuando se acaban los recursos, o cuando cambian las condiciones, no pueden adaptarse al nuevo entorno, y mueren finalmente. Son inmortales, pero mientras las condiciones sean las originales de cuando fueron creadas.
  2. Algunas de esas moléculas se desarrollan con un mecanismo de replicación, pero también desarrollan la cualidad de destruirse al cabo de un tiempo. Esto provoca que dejen sitio, y materia prima, para que otras moléculas se desarrollen. Algunas de esas moléculas nuevas replicadas son distintas; sufren modificaciones que las hacen mejor adaptadas al medio ambiente. Se adaptan. Evolucionan. Las moléculas capaces de desaparecer tras un tiempo, dejan sus restos a otras nuevas, y permiten que la evolución funcione gracias a nuevas adaptaciones. Esas son las que finalmente prosperan.

Luego, podemos concluir que, dada una especie mortal y otra inmortal, se da la paradoja de que la especie mortal es la que prospera, y la especie inmortal es la que muere y desaparece. Esa esa la razón por la que no hay organismos inmortales, y la razón de la existencia de la muerte. La muerte es un mecanismo evolutivo que asegura la adaptación y el no agotamiento de los recursos naturales de una especie.

Por ello, cuando la humanidad sueña con la inmortalidad, está deseando algo aparentemente muy atractivo. Pero guarda un secreto: una especie humana inmortal está condenada a desaparecer. Solo podría salvarse mediante la tecnología, usándola de forma artificial para adaptar su organismo a nuevos entornos. Entonces, sí, tendría una oportunidad.

Pero eso, como suele decirse, es otra historia. De momento, piense en esto: si usted muere, está haciéndole un favor a su especie. Quizás a usted no le preocupe. Pero a la especie, como entidad, le aseguro que sí le importa. Y mucho. Feliz descanso. Eterno.

inmortalidad