Viajes al infierno de los escritores

Situemos una escena imaginaria. La hija de la vecina de arriba, esa jovencita tan agradable que siempre te sonríe cuando te cruzas con ella en la escalera, o en el ascensor, es ya toda una señorita. ¡Cómo crecen los chicos! Pero la joven tiene una sorpresa más que darnos: acaba de escribir su primer libro. De aventuras. De acción. De un romance apasionado. Incluso podría ser de ciencia ficción, si es muy atrevida y le gusta el riesgo.

En cualquier caso, el libro está ahí, y los padres lo cuentan orgullosos allá por donde pasan. Ahora toca publicarlo, claro. Y es entonces cuando se desatan las mil preguntas sobre publicaciones que ya comenté en este enlace. Los vecinos, la familia, los amigos, y un señor que pasaba por allí, compran el libro, y felicitan a la joven por su temprana obra literaria. Muchas palmaditas en la espalda, muchas promesas de que tiene un futuro brillante como escritora, y muchos halagos por su calidad literaria. La joven escritora crece y crece en su ego como un pez globo, y toca las estrellas con sus manos. Todo es felicidad y alegría. Vende libros a la familia, a los amigos, y al señor que pasaba por allí. Incluso vende algunos libros en la librería de su barrio.

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Ernesto Sabato, directo al alma

La frase de esta semana es de Ernesto Sabato (1911-2011), escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Estaba yo tan feliz y contento pensando que, al fin y al cabo, la literatura es un hobby y un pasatiempo, cuando leo esta frase demoledora y certera del gran literato. ¿Y qué puedo hacer ante una frase tan directa y clara? Reflexionar, por supuesto. Siempre, reflexionar.

Por supuesto, no puedo por menos que establecer que toda literatura es, por su mera condición de serlo, un viaje a lo más profundo del alma del ser humano. La literatura busca la verdad que se esconde tras esas verdades oscuras y plagadas de mentiras que llenan cada hueco de las sociedades humanas. Es como un filtro mágico que elimina toda hipocresía y toda mentira, y deja desnuda el alma de quien escribe, y por supuesto, de quien lee lo escrito. Es, por lo tanto, una comunión directa y sincera entre escritor y lector. No puede, no debe haber tamices, porque entonces la letra se degrada, se corrompe, y se destruye, y ya no es literatura.

¿Significa eso que no me tomo la literatura en serio? En cierto modo, puede que haya algo de eso. Cuando digo que, para mí, la literatura es un pasatiempo, quizás esté cometiendo un error; quizás no le esté dando la importancia que tiene el mismo acto creativo de ver cómo un libro nace, se desarrolla, y se publica. Independientemente del éxito que tenga, el acto en sí es lo que importa, y por lo que escribimos, cuando queremos transmitir ese grito que nace de nuestro interior, y que debe ser expresado en palabras, para que alguien nos dé la mano, desde el otro lado de las blancas hojas del libro.

Es, por lo tanto, la literatura en su esencia, un camino de autoconocimiento, de desarrollo personal, de estímulo continuo por conocerse a uno mismo. Es, en definitiva, un viaje a nuestros miedos, a nuestros temores, y a nuestras pesadillas. Por todo ello, las palabras del gran escritor Ernesto Sabato son más ciertas de lo que nunca podríamos imaginar, antes de haber entrado en la profundidad de los secretos de las letras.

Una lección de humildad, en definitiva, que recibo con alegría y esperando me dé unas gotas de su sabiduría, porque son las manos de los grandes las que nos acompañan en nuestro camino. Tanto en la vida, como en las letras. Gracias, Ernesto. Gracias por tus palabras, siempre sabias y ciertas.

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Las cuatro fases depresivas del escritor

No falla: cada vez que un escritor termina de escribir algo, tenga dos líneas, o doscientas mil, ocurre lo mismo: depresión. ¿Cómo soy capaz de escribir esta basura? ¿Por qué he perdido la inspiración? ¿Qué castigo me envían los dioses desde el Hades de la locura?

No a todos los escritores les pasa, pero seamos sinceros: la mayoría pasan por un proceso que es, por lo general, descendente, y que tiene cuatro fases.  Son las cuatro fases depresivas del escritor. Vamos a verlas.

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