Endorfinas y síndrome de abstinencia literario

Hoy vamos a dar otro paseo por el mundo de las letras. Hace ya un tiempo que inicié un listado de artículos sobre el apasionante, desquiciante, y abrumador mundo de la palabra escrita, y de cómo atrapa las mentes de los escritores, y luego de los lectores, de una forma sutil y compacta, hasta que nos vemos arrastrados a escribir, y a leer, hasta sucumbir por el sueño, el cansacio, y el agotamiento. Nunca por el tedio, excepto si se lee “Cincuenta sombras de Grey” claro. Siempre hay excepciones.

¿Y a qué se debe esa pasión desatada por las letras? Son las traicioneras endorfinas. El mayor invento de la historia, y origen de muchos de los pecados de la humanidad. Pero pecados que merece la pena cometer de vez en cuando. Vamos a verlo.

escribir

¿Qué son las endorfinas? Suena a científico, a futurista, ¿verdad? En realidad, son unas conocidas bastante recientes, ya que se demostró su existencia en 1975.  La Wikipedia en español dice de las endorfinas esto concretamente:

Las endorfinas son péptidos opioides endógenos que funcionan como neurotransmisores.1​ Son producidas por la glándula pituitaria y el hipotálamo en vertebrados durante la excitación, el dolor, el consumo de alimentos picantes o de chocolate, el enamoramiento y el orgasmo,23​ y son similares a los opiáceos en su efecto analgésico y de sensación de bienestar.

De esto sabe mucho AlonaDeDark, una bloguera cuyo blog conocí recientemente, y que escribe artículos sobre neurociencia tremendamente interesantes y amenos, que desarrolla de forma que nos pone al alcance de todos los secretos del cerebro. Ahí se explica con detalle, entre otras cosas y en tres artículos, qué son las endorfinas, una sustancia que tiene importantes efectos en el ser humano y otros animales. Recomiendo seguir su blog porque siempre hay algo nuevo e interesante para leer.

Pero yo me centraré en lo poco que he aprendido de la literatura, de las letras y de cómo influyen en la vida de los seres humanos. Y la pregunta es: ¿podemos llegar a quedar atrapados en las letras? ¿Existe una relación entre las endorfinas y la literatura?

¿Puede la literatura tener efectos que produzcan incluso adicción? ¿Dopan las letras? ¿Podemos engancharnos físicamente a un libro? La respuesta corta e inmediata es: sí, por supuesto. La respuesta larga es: el uso continuado de literatura puede provocar adicción. Pero, a diferencia de las armas, su uso es más sutil, sus efectos son más largos, y más concentrados. Y, por supuesto, sus beneficios enormes. Engancharnos a la literatura es un camino que dura toda la vida, y que nos enseña a distinguir mitos de realidades. Es difícil engañar a alguien que lee. Porque los libros nos enseñan a distinguir y entender cuándo nos quieren embaucar con mentiras, algo tan habitual hoy día.

Y los libros dopan. Claro que dopan. ¿Le parece exagerado? Veámoslo. Voy a poner un ejemplo.

libros

Todos hemos leído libros que nos han dejado una marca en la piel, en el corazón, en el alma. Son esos libros que, cuando se pasa la última hoja, y la historia acaba, porque las historias siempre acaban, provocan que surja en la mente del lector una afirmación y dos preguntas:

  1. La afirmación es: “no quería que se acabase”.
  2. La primera pregunta es: “¿por qué se ha acabado?”
  3. Y la pregunta definitiva es: “por qué me siento así?”

El vacío que deja un libro que nos apasiona y se acaba es similar a una ruptura, o a la pérdida de un ser querido. En una ruptura, o cuando muere alguien querido, se ha acabado un proceso biológico, además de sentimental, que generaba endorfinas. Estoy con alguien con quien me siento bien, me siento bien porque estoy enamorado, estoy enamorado porque, en definitiva, esa persona produce endorfinas en mi cerebro, que son causa de placer. Luego, podemos decir, desde un punto de vista biológico, que el amor es el resultado de la generación de endorfinas en el cerebro. Esto por supuesto es una versión resumida de los hechos, pero puede decirse que funciona así.

Frase-Isabel-Allende

Con los libros pasa lo mismo. La lectura de un libro conecta al cerebro con los personajes, con los que empatizamos. Un buen escritor sabe construir personajes que nos llegan a parecer reales. Esos personajes solo viven en el papel, pero cobran vida cuando leemos los libros donde aparecen, y entonces el cerebro, a nivel biológico, no distingue ficción de realidad. Como si de unas gafas de realidad virtual se tratara, el cerebro interpreta la lectura, y la historia que se narra, y a esos personajes con los que convivimos a través de las letras, como algo real, muy real. Y eso produce endorfinas, un placer que nos atrapa, nos engancha, y del que no nos queremos librar.

Los grandes escritores son grandes traficantes de drogas, que trafican con las letras, y nos suministran grandes dosis de placer a través de las sensaciones que producen sus historias.

Los grandes escritores son, en definitiva, una mafia perfectamente organizada de portadores de sueños que nacen del placer más básico del cerebro.

Este proceso no se da solo en los lectores, y los grandes escritores lo saben. Porque un buen escritor, cuando está escribiendo una gran obra, también siente ese enganche, y su cerebro también genera las endorfinas que lo enganchan a su novela. Y, como le ocurre al lector, el escritor también siente y sufre una pérdida cuando termina su libro. Se siente vacío, desnudo, solo, ante las últimas palabras de su historia. El escritor, que antes era traficante de placeres, ahora es también, a su vez, víctima de su propia estrategia. El escritor es, en definitiva, la primera víctima de sus libros.

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Y así ha de ser. Un buen escritor deberá saber cuándo su libro es como una droga, cuándo produce esas sensaciones de placer que llevarán al lector al éxtasis, a la locura, a los sueños más grandes, para luego caer en la abstinencia de la última hoja, y dejarlo desolado, triste y abatido.

Hasta el siguiente libro, por supuesto. Entonces comenzará un nuevo ciclo. Un ciclo que solo acaba cuando acaba todo.

Otro elemento en la literatura que se da entre escritores es la endorfina del éxito. Por éxito podemos entender la venta de cien mil ejemplares, o un simple comentario positivo. Obviamente son extremadamente pocos los que ven cómo se venden cien mil ejemplares, y muchos los que ven cómo alguien realiza un comentario positivo, o un “me gusta” de alguna entrada literaria. Pero ambos van a experimentar una misma sensación. Y esa sensación es de vacío.

El vacío del que hablo es el que queda tras la subida inicial de endorfinas, y la excitación que conlleva ver una reacción positiva a nuestra obra. Es decir, el éxito, que como vemos es relativo, causa sin embargo una respuesta similar.

Pero la continuidad, el vacío que queda tras ese éxito, causa también el mismo dolor. No podemos vivir constantemente subidos en el carro del éxito, sea una nueva venta de cien mil libros, sea otro “me gusta” o un comentario. Todo eso se acaba tras publicar una obra, es normal, y el cerebro necesita más. Quiere más estímulos. Si no los tiene, ¿qué nos llega? La depresión, la angustia, la nada. El deseo de dejarlo todo. De tirarlo todo por la ventana. De salir huyendo. Nos pasa a todos. Me pasa a mí. Es normal.

Por eso, las reglas que yo me he impuesto a mí mismo, y que explico aquí, son las siguientes (cada cual las variará según sus preferencias personales):

  1. Escribe. Contra viento y marea.
  2. Escribe porque es lo único que te da un verdadero placer.
  3. Escribe porque te hace libre de verdad.
  4. Cuando tengas éxito y te feliciten, escribe.
  5. Cuando nadie te responda e ignoren tus textos, escribe.
  6. Cuando hayas superado el récord de “me gustas” en un día, escribe.
  7. Cuando lleves seis meses sin un solo “me gusta”, escribe.
  8. Cuando alguien te diga “me gustó tu relato”, escribe.
  9. Cuando nadie te dirija la palabra en seis meses, escribe.
  10. Escribe, porque el día que no escribas, seguirás en este mundo es cierto, pero habrás abandonado el mundo de los sueños, que es el mundo real del escritor.

Escribe. Escribe siempre. Que no haya respuestas físicas y contabilizables por parte de los lectores no significa que no haya gente ahí leyendo tus obras. Y, si no lo hacen, sigue escribiendo, y ya llegarán. Y si no llegan, llegarán más adelante. Pero no bases tu compromiso en la escritura en los demás. Eres tú el que se compromete a escribir contigo mismo. Los demás dan su apoyo, a veces de forma más animada, otras veces menos, y otras veces simplemente no hay respuestas. Pero están ahí. Si trabajas duro, si eres constante, si luchas, estarán ahí.

BUSCA-UN-ESCRITOR

¿Suben los contadores de lecturas de tus artículos? ¿Crees que es por magia? Son personas interesadas en tu obra, en tu trabajo. Muchos no ponen “me gusta” ni comentan, pero eso es secundario, es lo habitual, son lectores. Y son importantes. Están ahí. Y son gente que está apoyando tu obra. ¿Cómo? Con sus lecturas. Y eso, como escritor, es lo mejor que te puede pasar.

No podemos dejarnos vencer por la apatía, por el tedio, por el miedo. Debemos escribir porque las letras son el ancla que nos mantiene cuerdos, para de este modo poder crear mundos de fantasía sin límites. Existe hoy día una obsesión por basar las letras en resultados objetivos. Al diablo con los resultados objetivos. Al diablo con el SEO y el posicionamiento en Internet, al diablo con las ventas, con los “me gusta”. Todo eso es importante sin duda. Pero si basamos nuestro trabajo literario en lo que dirán y harán los demás, estaremos muertos como escritores en muy poco tiempo.

Siempre digo que nos debemos a los lectores. Pero no dependamos de ellos. Escribimos porque somos amantes eternos de las letras. Y son las letras el motor que impulsa nuestros sueños. Que nada nos pare. Que nadie nos detenga. Solo el viejo barquero del río Estigia. A ese no lo podremos engañar con nuestros sueños. Porque nuestro último sueño será el que viaje con nosotros en su barca.

Hasta que llegue ese momento, escribamos, y contemos sueños. Eso es todo lo que somos, y todo lo que seremos. Lo demás, polvo en el viento.


 

 

 

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Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

4 comentarios en “Endorfinas y síndrome de abstinencia literario”

  1. la lectura en nuestras vidas es un tema muy profundo y excitante. y extrañamente es la primera vez veo un enfoque tan al grano: sí, los que leemos, lo concideramos la parte más importante de nuestra vida interior. los que estamos adictos, en los libros encontramos el apoyo emocional, los libros sí pueden dopar, y te pueden sacar del abismo de la desesperación y dolor. yo a lo largo de mi vida viví más de un periodo muy duro, y eran los libros ante todo que me permitieron no perderme en dolor y la desesperación
    yo pienso que el mundo esta dividido en dos grandes rasas — y que me perdonen los atrapologos esta metáfora, así lo veo — la gente que lea, y la gente que no lea. no es ni una virtud, ni el defecto, es la suerte. yo no tenía escapatoria porque nací en la familia de los lectores visiosos. cuando hace años me mudé al país del habla española sin tener acceso a los libros en mi lengua materna, ruso, casito me vuelvo loca. cuando por fin el internet se hizo accesible, sentí que mi vida por fin podría considerarse vida. los que no lean, no pueden entenderlo. lo unico que agregaría a su maravilloso escrito, es que la dopamina tambièn juega el papel primordial, y en el placer que sentimos al leer, y en la adicción que se forma hacia la lectura.
    muchos viven la vida leyendo, algunos empezamos a escribir, y en esto ya estamos maravillosamente perdidos. es cierto que escribimos para los lectores, es cierto que es super gratificante cuando te lean, pero escribir es una actividad tambien bastante autosuficiente. si los libros te hacen vivir otras vidas y universos, al escribir, no solo vives sino, eres el creador.
    gracias por referirse a mis textos, y gracias, ante todo, por este super temaso que inició. me gustaría seguir pensando en éste y quizá me animo tambièn compartir mis ideas. felicidades por la profundiad de los pensamientos y la forma tan amigable de compartirlos.

    1. Muchas gracias por sus palabras. Sin duda uno de los terrores más grandes de un lector es vivir sin libros, o en un mundo sin libros, que parece es a lo que nos arrastra esta sociedad de la imagen y la inmediatez. Me viene a la memoria “Fahrenheit 451” y los hombres-libro, como único camino para salvaguardar la literatura del mundo. Una nación que no lee es una nación destinada a fracasar desde su base. Sin lecturas no hay mente crítica, y sin crítica no hay construcción de sociedades, solo extremismo y radicalismo. Reitero mi agradecimiento, y esperamos seguir disfrutando de sus siempre inteligentes textos, muchas gracias y saludos.

      1. sí, acabo de recordar este libro, hasta olvidé que era Bradbury. lo leí en la juventud temprana y me daba miedo todavía en aquellos tiempos.

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