Noche eterna

Aquella mañana de otoño me desperté, como cada día, antes de que amaneciera. Después de una ducha rápida, le dije adiós a la almohada, y al hueco que mi exmujer había dejado en mi vida y mi alma. Qué importa el amor, cuando la soledad puede destrozar la vida de un ser humano con más facilidad, y a un coste menor.

Salí a la calle, mientras un molesto viento soplaba del norte. Miré al cielo, todavía nocturno, que estaba tachonado de estrellas. De hecho, se veían con asombrosa claridad. Era evidente que el viento se había llevado toda esa capa grumosa de humo y contaminación, dejando una ventana para contemplar un cielo aparentemente perfecto.

Subí a mi viejo Volkswagen, que tras varias patadas y juramentos consiguió arrancar, y me proyecté casi a la velocidad de la luz a una autopista que empezaba a cargarse, en aquel maldito lunes, para ir a aquella maldita oficina.

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Psicología clínica: cuando quieres vivir, pero no puedes

Llevo un tiempo sin escribir en este blog, no por falta de interés, sino porque la vida, como ya sabrá el lector, a veces da golpes que lo dejan a uno como el boxeador que ha quedado perdido y dando vueltas en el ring tras un directo del oponente. En esos momentos de la vida se olvida todo excepto lo esencial: vivir y salir adelante como sea.

Pero soy duro, soy fuerte, y soy persona acostumbrada a recibir esos golpes, la vida me ha endurecido desde que era niño, y he visto y vivido las suficientes experiencias como para recobrarme poco a poco, pero con energía y entusiasmo de esos golpes que da la vida. No soy de acero, soy un ser humano con debilidades y con conflictos como todos, pero procuro decirme cada día a mí mismo que puedo superar las pruebas que la vida nos va poniendo delante de nuestro curso. Sin embargo, soy capaz de llorar, y lo hago cuando es necesario. Porque llorar libera tensiones y dolor, y es una terapia en sí misma. Tampoco niego el abrazo o las palabras de ánimo de alguien cercano, porque son el apoyo fundamental para salir adelante. No podemos jugar al “tipo duro” toda la vida, porque somos seres humanos, fuertes, pero no inmortales. Mi padre me enseñó a ser un tipo duro. Lo comprendo, eran otros tiempos, basados en superar guerras y conflictos donde uno debía depender de sí mismo. Pero ese tipo de educación está ya superado. Ahora hay que enseñar que el apoyo mutuo y la confianza entre todos es la base para superar cualquier problema que nos presente la vida.

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