Taquiones desde la mecánica cuántica

El otro día propuse un vídeo del Instituto de Física Teórica, sobre la naturaleza hipotética de los taquiones, partículas hiperlumínicas, en relación a la relatividad especial de Einstein, analizando cómo su naturaleza es contraria a la propia física.

En esta ocasión, traigo el vídeo que conforma la segunda parte, y en la que se estudia la naturaleza de los taquiones desde un punto de vista cuántico. Recordemos que ambas teorías, relatividad y  cuántica, disponen de sus propios espacios y fenómenos, y hoy por hoy no existe una teoría que unifique ambas, algo que lleva intentándose setenta años.

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A veces, el sueño del progreso produce monstruos

Este es el artículo quinientos (500) en La leyenda de Darwan. La verdad es que creí que el contador estaba mal, pero no. ¿Tanto tiempo pierdo escribiendo? Ahora entiendo por qué no tengo amigos, y las mujeres salen huyendo de mi lado.

Quinientos artículos en este perdido blog de la selva de Internet, pero donde ahí seguimos, fieles a la ciencia y a las humanidades, intentando explorar los conceptos más diversos sobre el ser humano, la vida, y el universo. He hecho de todo en esta vida, algunas de ellas inconfesables. Pero este blog es sin duda un proyecto que ha merecido la pena. No es perfecto por supuesto, ni será merecedor de mención o premio alguno ni así pasen mil años. Pero algo sí es seguro: es sincero. Y el mejor premio es el lector que pueda disfrutar con su lectura, y, sobre todo, y con un poco de suerte, terminar cualquier lectura de cualquiera de las entradas aquí expuestas, pensando que ha merecido la pena.

Ese es premio. El único premio en realidad. El resto, monumentos al ego que todos tenemos, yo también por supuesto. De hecho, es uno de mis mayores defectos. Pero, ¿cómo escribir si no se posee un gran ego? Tiene que ser grande, para que quepan todos los personajes de los universos que llevamos dentro, y que volcamos en el papel de nuestros sueños.

Para celebrarlo, vamos a hablar de Albert Einstein. Ese señor que aparece en las fotos con la lengua fuera, con el pelo blanco, y que es el paradigma del clásico científico algo loco, algo despistado, y que cada mañana descubría algún nuevo hecho científico digno del premio Nobel. Las cosas, por supuesto, nunca son tan sencillas. O casi nunca.

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Cuando cultura y ciencia son un producto

Hace un tiempo, por motivos diversos, contacté con varios escritores de distintos géneros literarios, ciencia ficción, aventuras, poesía, y a través de ellos he visto cómo el mundo de la literatura ha cambiado en los últimos cuarenta años, desde los tiempos en los ochenta cuando las editoriales eran empresas que recibían un manuscrito, lo aceptaban o rechazaban, y luego lo publicaban en caso de aceptar el texto.

Hoy en día, los escritores tienen que preocuparse de todo: de escribir lógicamente, pero también tienen que ser, en muchas ocasiones, sus propios editores, sus propios correctores, sus propios gestores, y sus propios publicistas. Al final, el escritor lo es como tal una pequeña parte de su tiempo. El resto de ese tiempo lo dedica a hacer cosas que antes hacían las editoriales. En cuanto a las editoriales, simplemente se han convertido, cada todas ellas, es simples imprentas, donde el escritor ha de pagar para que publiquen su libro.

¿Y en el mundo de la ciencia? ¿Qué ocurre con los científicos? Exactamente lo mismo. Tal como explica Peter Higgs, el descubridor del bosón de Higgs y premio Nobel de física en 2013, los jóvenes científicos se ven abocados a publicar constantemente artículos que de ciencia tienen poco, porque han de competir para obtener dinero para sus estudios, y cuando lo tienen, se ven forzados a realizar publicaciones constantes para demostrar que están invirtiendo ese dinero en productividad. ¿Productividad? La ciencia no puede ser productividad. La ciencia es investigación, que a veces tiene éxito, y la mayoría de las veces no la tiene.

Peter Higgs explica que él solo publicó cuatro artículos, y con ellos ha ganado el premio Nobel, en un clima, en los años sesenta, adecuado para que los científicos hicieran su trabajo de investigación durante años, incluso décadas. ¿Cómo se espera hacer investigación si hay que estar publicando constantemente? Esto es cualquier cosa menos ciencia.

Es un tema preocupante. Los creadores, escritores o científicos, y otras ramas del arte, la cultura y la ciencia, se ven abocados a convertirse en máquinas de producir, en publicistas, en una locura por ser el primero frente a una feroz y durísima competencia. Así no se puede crear nada; ni arte, ni cultura, ni ciencia. Y es una pena, porque la sociedad va a pagar, de forma muy dura, el perder esos principios básicos de concentración, disciplina por el trabajo, y búsqueda de nuevas fronteras. Hoy todo es correr y ser el primero, sin importar la calidad, solo la cantidad.

Esperemos que eso cambie en el futuro. Debemos construir sociedades basadas en el pensamiento, no en en el marketing, o nos veremos abocados a un desastre de consecuencias imprevisibles.

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Peter Higgs

Large Hadron Collider: la máquina del tiempo

Gasto inútil. Obra faraónica. Pérdida de tiempo y de recursos. Tontería y capricho de cuatro científicos estúpidos y locos. Estos son algunos de los calificativos que mucha gente aplica al Large Hadron Collider (LHC), o, en castellano, Gran Colisionador de Partículas. El instrumento más complejo que se ha diseñado nunca para estudiar los aspectos más íntimos de la estructura del universo.

En este pequeño artículo, vamos a explicar por qué esa gente está equivocada, y cómo, los antepasados del LHC, han salvado y salvan millones de vidas todos los años. Sí, estimado lector: esos instrumentos que habrás visto alguna vez en una cirugía, en una prueba médica con rayos X, ecografías, tomografías, escáneres por positrones… Todos ellos son, en mayor o menor medida, fruto y resultado de máquinas anteriores al LHC, o de experimentos con partículas. Ahora, el LHC nos quiere enseñar lo que esconde el universo. ¿Cómo? Vamos a verlo.

Una sección del túnel del LHC en el CERN.
Una sección del túnel del LHC en el CERN.

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