La física de los universos paralelos

Vamos ya con un nuevo artículo de física que complementa el grupo que estoy preparando sobre mecánica cuántica formal y especulativa, siendo este artículo más del segundo grupo que del primero. Léalo si le apetece, y si existe usted en uno de los universos donde tomó esa decisión.

Todos estos conceptos que voy desarrollando conforman el cuerpo científico y tecnológico de las novelas de la saga Aesir-Vanir, donde pueden verse soluciones prácticas a estos conceptos. Alguien, en un futuro lejano, se dedicará a unir los artículos con la ficción. Y se divertirá bastante, espero. Pero vamos con lo que toca ahora.

Una de las ideas en muchas novelas y películas de ciencia ficción es el concepto de los “universos paralelos”, una propuesta que nace en los años cincuenta como consecuencia de las ideas de la función de onda y su colapso en valores concretos. Pero hagamos un poco de historia.

En los años veinte del siglo XX Werner Heisenberg desarrolló su famoso principio de incertidumbre, por el cual no se puede conocer a la vez el valor absoluto de una partícula de forma absoluta. Cuantos más precisión se obtiene de la velocidad, menos podemos obtener de la posición, y viceversa.

Este principio no tiene nada que ver, como mucha gente cree, con los límites de los instrumentos, de tal modo que un instrumento más preciso podría darnos más precisión. Sí tiene que ver con un límite fundamental de la naturaleza, que nos dice que conocer toda la información del estado de un sistema cuántico es imposible con una certeza absoluta.

Einstein siempre se negó a creer este hecho, y desarrolló su conocido experimento conocido como “Paradoja EPR“. Se da la circunstancia de que este experimento contribuyó a reafirmar todavía más este principio, que conecta con el famoso estado “entangled” o en español “entrelazado” entre dos o más partículas. Vamos a ver los aspectos generales de las consecuencias de estos conceptos.

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Modelo bidimensional del comportamiento de una función de onda probabilística desarrollada en base al espacio-tiempo y sus valores posibles.

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Teoría de cuerdas: el gigante que cayó por sus propias leyes

Seguimos con información sobre las teorías llamadas GTU (Gran Teoría Unificada) y su desarrollo en el campo de la física teórica, esta vez incidiendo, cómo no, en la caída de la teoría de cuerdas, y en las explicaciones dadas en su momento por Lee Smolin sobre este hecho.

Una de las series modernas de televisión más famosas de humor, “Big Bang Theory”, nos muestra a un grupo de jóvenes científicos en su día a día, junto con sus parejas, algunas científicas. Y Penny, que no tiene carrera universitaria, pero se las sabe todas y los controla como quiere. Destaca y es protagonista por supuesto Sheldon Cooper, el carismático y loco científico que siempre tiene alguna salida divertida, y que es sin duda el motivo del éxito de la serie, sin olvidar el resto de interpretaciones y los guiones, por supuesto.

Pero Sheldon, y la serie, son también, paradójicamente, una historia velada de la caída de la famosa teoría de cuerdas. La razón estriba en su desarrollo, dentro de las diferentes temporadas. Cuando comenzó la serie, la teoría de cuerdas era prácticamente una religión. O se creía en la teoría de cuerdas, o se caía en el cajón de los olvidados como físico.

De eso, y de aspectos clave sobre la teoría de cuerdas, habló en 2008 el doctor en física teórica, esta vez real, Lee Smolin. Mucho más serio y coherente, como corresponde en principio a un individuo real, al demostrar cómo una teoría científica puede convertirse en un acto de fe, haciendo olvidar a la ciencia que el método científico es incuestionable en sus principios, y que, sin pruebas, sin hechos, sin experimentación que certifique una idea, no puede haber teoría final.

A Sheldon Cooper terminan dándole un premio Nobel. Smolin puede que no reciba un Nobel. Pero su contribución a la defensa de una ciencia basada en el hecho, y no en premisas cuasi religiosas, es algo que se merece su propio premio. Vamos a verlo.

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Imposibles ficticios. Hoy: El fin de la eternidad

El tiempo es aquello que es infinito cuando somos jóvenes, y demasiado escaso cuando nos hacemos viejos. Entre un instante y el siguiente, todas las decisiones que hayamos tomado quedarán escritas en la historia del universo para siempre. Los errores, los fallos, esa palabra mal puesta, ese gesto erróneo, en el momento más inoportuno, que hizo que perdiésemos un trabajo, un amor, un amigo, para siempre. ¿Y si pudiésemos volver atrás? O mejor aún, ¿y si pudiésemos controlar el tiempo, y crear un mundo perfecto para la humanidad?

Corría el año 1955, y el bioquímico de origen ruso, afincado con sus padres en Nueva York, Isaac Asimov, era ya un renombrado y conocido escritor de ciencia ficción. Tanto era así que dejó su plaza en la universidad para dedicarse a escribir en exclusiva, algo que le permitió crear toda la serie de obras increíbles, tanto de ficción como divulgativas, que podemos disfrutar hoy día. Recordemos que Asimov es el escritor más prolífico de la historia, junto a Lope de Vega. Más de quinientas obras llevan su sello.

Asimov había escrito su trilogía de “La Fundación” poco antes, publicada por capítulos en una revista, algo muy habitual en aquella época. Había terminado un relato de 25.000 palabras sobre una idea relacionada con los viajes en el tiempo que fue rechazada, pero posteriormente, convertida en novela, fue aceptada para ser publicada.

Así nació una de las obras que considero más grandes de Isaac Asimov: “El fin de la eternidad”, junto a la mencionada trilogía de la Fundación, y a “Yo robot”.

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La ciencia de lo que no se puede explicar

“El verdadero amor solo se presenta una vez en la vida. Y luego ya no hay quien se lo quite de encima” (Groucho Marx).

Efectivamente, hay muchas cosas en la vida que nos parecieron geniales en su momento, y luego se convirtieron en un tormento. El amor suele ser una de ellas. No siempre claro, pero, si no hubiese pasión, traición, y dolor en el amor, ¿de qué iban a vivir los poetas?

Los poetas intentan explicar qué es el amor. Y qué son los sentimientos. ¿Puede hacer lo mismo la ciencia? ¿O incluso mejor? ¿Existe la fórmula del amor? No me refiero a la bioquímica del cerebro. Me refiero a lo siguiente:

Imaginemos que mañana voy a una boda. Por la noche habrá una fiesta a la que me han invitado los novios. Y la pregunta que quiero que me conteste la ciencia es:

¿Me enamoraré de alguna chica que vaya a conocer esa noche? ¿Podrá algún día la ciencia futura responderme con un simple “sí” o un simple “no” de una forma rotunda y cien por cien segura? ¿Es verdad que el amor está más allá de la ciencia, o se trata de una simple cuestión de tiempo para que todos sepamos con quién nos vamos a casar, y cómo nos va a ir en esa relación? ¿Es el amor una ecuación que debemos conocer y resolver? Vamos a verlo a continuación.

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La nueva computadora ACME-TX-6000 calcula las bodas y divorcios de la población. El día que se casarán, los hijos que tendrán, y el día en que se divorciarán. Fiabilidad 99,99%. ¿Fantasía? ¿O el futuro?

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A veces, el sueño del progreso produce monstruos

Este es el artículo quinientos (500) en La leyenda de Darwan. La verdad es que creí que el contador estaba mal, pero no. ¿Tanto tiempo pierdo escribiendo? Ahora entiendo por qué no tengo amigos, y las mujeres salen huyendo de mi lado.

Quinientos artículos en este perdido blog de la selva de Internet, pero donde ahí seguimos, fieles a la ciencia y a las humanidades, intentando explorar los conceptos más diversos sobre el ser humano, la vida, y el universo. He hecho de todo en esta vida, algunas de ellas inconfesables. Pero este blog es sin duda un proyecto que ha merecido la pena. No es perfecto por supuesto, ni será merecedor de mención o premio alguno ni así pasen mil años. Pero algo sí es seguro: es sincero. Y el mejor premio es el lector que pueda disfrutar con su lectura, y, sobre todo, y con un poco de suerte, terminar cualquier lectura de cualquiera de las entradas aquí expuestas, pensando que ha merecido la pena.

Ese es premio. El único premio en realidad. El resto, monumentos al ego que todos tenemos, yo también por supuesto. De hecho, es uno de mis mayores defectos. Pero, ¿cómo escribir si no se posee un gran ego? Tiene que ser grande, para que quepan todos los personajes de los universos que llevamos dentro, y que volcamos en el papel de nuestros sueños.

Para celebrarlo, vamos a hablar de Albert Einstein. Ese señor que aparece en las fotos con la lengua fuera, con el pelo blanco, y que es el paradigma del clásico científico algo loco, algo despistado, y que cada mañana descubría algún nuevo hecho científico digno del premio Nobel. Las cosas, por supuesto, nunca son tan sencillas. O casi nunca.

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Imagen de la semana: agujeros negros

La imagen de la semana es para un agujero negro. Uno cualquiera, son todos iguales. ¿Cómo de iguales? Se diferencian en la masa que contienen. Pero nada más. El resto de características los convierte en copias perfectas. ¿Por qué?

Porque la entropía en un agujero negro es la máxima posible. Esto significa una cosa: el desorden dentro de un agujero negro es total. La gravedad es tan potente que todo queda demolido literalmente.

Pero, de todas formas, y por mucho que nos hablen de los agujeros negros, y de sus características, la verdad es que hay preguntas importantes que no podemos contestar todavía. Nos cuentan historias de “qué pasaría si cayésemos dentro” etc. Está bien, pero la gran pregunta permanece: ¿cuál es la naturaleza del universo dentro de un agujero negro? O, dicho de otro modo: ¿qué leyes físicas son las que gobiernan el interior de un agujero negro?

Nadie lo sabe. Todavía. En los agujeros negros se entremezclan la teoría de la relatividad general, y la impredecibilidad de la mecánica cuántica. Ambas se fusionan en una teoría mayor, más completa, que engloba ambas, y que después de setenta años sigue siendo un misterio. La teoría que prometía contestar a esa pregunta, las cuerdas, ha sido ya un fracaso. Sí, ha aportado cosas interesantes, pero ni siquiera sus partículas, las partículas supersimétricas, han aparecido. El CERN de Ginebra lo ha intentado. Pero no están ahí. Agujero negro 1: teoría de cuerdas 0. Gol en el último minuto de Stephen Hawking por la escuadra.

Yo personalmente creo que la respuesta de la física de los agujeros negros conllevará una nueva revolución en la física, como la que ocurrió con la relatividad y la mecánica cuántica. Y lo creo porque se habrá respondido a una pregunta que dará muchas vías nuevas de investigación, especialmente la comprensión de la gravedad cuántica, esa parte de la física que se resiste una y otra vez. Claro que podría estar equivocado. Ya veremos.

Lo que es cierto es que el futuro promete ser interesante, y esperemos que no sea negro como los agujeros. Queda un camino importante por recorrer. Pero creo que una nueva generación de físicos traerán respuestas. Los actuales… Bueno, me guardo la respuesta. Tengo mis razones. Pero están enterradas en un agujero negro.

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El diario El País desacredita a Einstein

Observo últimamente que está poniéndose de moda, otra vez, desacreditar a Albert Einstein. Hace unas horas he leído un artículo del diario español El País que habla abiertamente cómo un grupo de estudiantes en un experimento demuestran que “Einstein estaba equivocado” en relación a un trabajo realizado en el museo CosmoCaixa de la ciudad de Barcelona.

Evidentemente, ante una afirmación así, que consigue despertarme del tedio de la mañana, leo atentamente la información. Se indica que el experimento tiene que ver con la mecánica cuántica. Como Albert Einstein no creía que la mecánica cuántica fuese una teoría completa, tenemos titular.

Fíjese el lector en cuál es el procedimiento: primero, Einstein no creía en la mecánica cuántica. Segundo, un grupo de estudiantes realizan un experimento en el que interviene la mecánica cuántica. Tercero, el periodista, que de periodista tiene poco, extrae el siguiente titular: si los estudiantes hablan de mecánica cuántica, como Einstein no creía en la mecánica cuántica, los estudiantes están desacreditando a Einstein.

Es decir, el titular de la noticia no es el experimento, más o menos interesante por supuesto, y me parece estupendo y genial que gente joven vea de primera mano experimentos sobre mecánica cuántica. Ojalá se hiciesen más ejercicios como este. El problema es el titular periodístico: no se pretende ensalzar a los estudiantes aplicados, sino remarcar que esos estudiantes están desacreditando a Albert Einstein.

Voy a decir dos cosas: primera: Einstein era un ser humano asombroso. Cometió errores, por supuesto. Pero sus logros son y están ahí, y siguen siendo, cien años después, completamente válidos.

Segundo: este tipo de periodismo hace muchísimo, muchísimo daño a la ciencia y a la cultura científica de los lectores. No podemos dedicarnos a buscar titulares sensacionalistas y tendenciosos. No podemos hacer entender que Einstein se equivocaba. Debemos explicar que Einstein no acertó en la mecánica cuántica, es cierto, pero no diciendo que un grupo de alumnos le desacreditan en una escuela. Eso no es ciencia. Eso es charlatanería y ganas de llenar páginas de sensacionalismo.

Tenemos que explicar a los alumnos los logros, y por supuesto los fracasos, de Einstein. Pero debemos informar de ello de una forma seria y rigurosa. Este tipo de artículos desacreditando a Einstein, o a otros científicos, es un camino hacia el desprestigio de la misma ciencia. Y así no lograremos construir una base de científicos rigurosos y serios con el futuro de cualquier investigación. Tratándose del diario El País, lamentablemente, este hecho se da en demasiadas ocasiones.

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