Imposibles ficticios. Hoy: El fin de la eternidad

El tiempo es aquello que es infinito cuando somos jóvenes, y demasiado escaso cuando nos hacemos viejos. Entre un instante y el siguiente, todas las decisiones que hayamos tomado quedarán escritas en la historia del universo para siempre. Los errores, los fallos, esa palabra mal puesta, ese gesto erróneo, en el momento más inoportuno, que hizo que perdiésemos un trabajo, un amor, un amigo, para siempre. ¿Y si pudiésemos volver atrás? O mejor aún, ¿y si pudiésemos controlar el tiempo, y crear un mundo perfecto para la humanidad?

Corría el año 1955, y el bioquímico de origen ruso, afincado con sus padres en Nueva York, Isaac Asimov, era ya un renombrado y conocido escritor de ciencia ficción. Tanto era así que dejó su plaza en la universidad para dedicarse a escribir en exclusiva, algo que le permitió crear toda la serie de obras increíbles, tanto de ficción como divulgativas, que podemos disfrutar hoy día. Recordemos que Asimov es el escritor más prolífico de la historia, junto a Lope de Vega. Más de quinientas obras llevan su sello.

Asimov había escrito su trilogía de “La Fundación” poco antes, publicada por capítulos en una revista, algo muy habitual en aquella época. Había terminado un relato de 25.000 palabras sobre una idea relacionada con los viajes en el tiempo que fue rechazada, pero posteriormente, convertida en novela, fue aceptada para ser publicada.

Así nació una de las obras que considero más grandes de Isaac Asimov: “El fin de la eternidad”, junto a la mencionada trilogía de la Fundación, y a “Yo robot”.

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Universo cuántico y guiones intemporales

Una de las más famosas anécdotas de la física del siglo XX es la que tiene que ver con la disputa entre Albert Einstein y Niels Bohr sobre la naturaleza probabilística de la mecánica cuántica. Básicamente, esta premisa nos dice que, en el universo cuántico, no podemos conocer un sistema de forma completa, con información precisa de la posición y velocidad de las partículas. Existen unos límites claros, y demostrables, que fueron explicados por el físico alemán Werner Heisenberg a mediados de la década de los veinte, en el siglo XX.

Einstein se resistió siempre a esta idea, y desarrolló con otros dos físicos el famoso experimento EPR, por sus autores, Einstein, Podolsky, y Rosen, que pretendía demostrar que la mecánica cuántica, en su formulación literal, era una teoría incompleta, y que los valores probabílisticos de lo que se llama la función de onda, es decir, los valores que puede obtenerse de una partícula, son arbitrarios por una deficiencia de la teoría. Curiosamente, EPR sirvió para afianzar más la teoría de la mecánica cuántica. Einstein solía decir que “Dios no juega a los dados”, en alusión a que el universo no es probabilidad. Se dice que Bohr le terminó diciendo en una ocasión “no le digas a Dios lo que tiene que hacer con el universo”.

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El eterno debate del tiempo

Ayer estuve viendo de nuevo “Interstellar”, la “2001” del siglo XXI. Ya escribí algo sobre esta película, que tiene errores que incluso yo soy capaz de ver. Dejando aparte el circo del mundo de cinco dimensiones claro, pero entiendo que eso es literatura pura y dura, y eso es genial. Lo que no se puede pretender es que eso sea ciencia, o venderla como tal. La ciencia ficción puede contener ciencia, pero se debe vender como ciencia ficción, por mucho que le pese al escritor o guionista.

Yo estoy completamente en contra de la literatura de los viajes en el tiempo, porque son un recurso fácil para arreglarlo todo. ¿Hay un problema? Viaja en el tiempo y listo, todo solucionado. No, ni mucho menos. Hay que trabajar la idea y buscar cosas coherentes, y no ir viajando adelante y atrás en el tiempo para solucionar lo que no sabes arreglar de otra forma.

Sin embargo, entrando en el terreno estrictamente científico, ¿es posible el viaje en el tiempo? Hawking dice que, si fuese posible, ya estarían aquí los crononautas, que es como se llama a los viajeros del tiempo. Y no están, luego no es posible viajar. Y que nadie venga con que “esta es la primera vez que existimos y por eso no ha llegado el futuro”, porque ese argumento cae por su propio peso. No somos exclusivos, ni somos especiales, ni tenemos una afinidad. Simplemente, existe una línea temporal.

Los viajes en el tiempo, de poder producirse, serán en todo caso a universos donde sí podamos interactuar, pero creando una historia paralela. Pero sigo resistiéndome a esa idea. Sigo creyendo que Hawking tiene razón, y que el gran genio de la física acierta al entender que, de un modo práctico, el viaje en el tiempo es imposible. Básicamente, espacio y tiempo están interconectados. Si quisiéramos viajar en el tiempo, debemos cambiar también el espacio, violando las leyes de la termodinámica, y eso es algo que no parece vaya a ocurrir.

Así que no, no puedo estar de acuerdo con el señor Kaku, una eminencia por supuesto. Pero su premisa no me parece acertada.

Pero, volviendo a la literatura, los escritores mediocres de ciencia ficción seguirán usando el viaje en el tiempo en sus libros. ¡Malditos roedores!

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