Imposibles ficticios. Hoy: mi cuñado sonríe, ¿debo preocuparme?

Vamos con otra entrada de “Imposibles ficticios”, donde revisamos material de ciencia ficción de calidad, indicando los detalles que hacen imposible, o poco probable, alguno de los aspectos que aparecen. Pero siempre siendo obras maestras que merecen la pena. En este caso hablamos de “La cosa”, de John Carpenter (1982).

Vísceras, seres que reptan, cabezas que se abren, y de donde aparecen monstruos… Qué bonito, qué poético. Pero así es la realidad en la Antártida, cuando un grupo de investigadores estadounidenses de una estación científica reciben a un helicóptero escandinavo, que persigue a tiros a un perro, un precioso husky siberiano. Pero el husky es en realidad más peligroso que un submarino descapotable, y cuando te quieres dar cuenta te ha convertido en su merienda de media tarde.

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“La cosa”, terror visceral y psicológico

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Imposibles ficticios. Hoy: El fin de la eternidad

El tiempo es aquello que es infinito cuando somos jóvenes, y demasiado escaso cuando nos hacemos viejos. Entre un instante y el siguiente, todas las decisiones que hayamos tomado quedarán escritas en la historia del universo para siempre. Los errores, los fallos, esa palabra mal puesta, ese gesto erróneo, en el momento más inoportuno, que hizo que perdiésemos un trabajo, un amor, un amigo, para siempre. ¿Y si pudiésemos volver atrás? O mejor aún, ¿y si pudiésemos controlar el tiempo, y crear un mundo perfecto para la humanidad?

Corría el año 1955, y el bioquímico de origen ruso, afincado con sus padres en Nueva York, Isaac Asimov, era ya un renombrado y conocido escritor de ciencia ficción. Tanto era así que dejó su plaza en la universidad para dedicarse a escribir en exclusiva, algo que le permitió crear toda la serie de obras increíbles, tanto de ficción como divulgativas, que podemos disfrutar hoy día. Recordemos que Asimov es el escritor más prolífico de la historia, junto a Lope de Vega. Más de quinientas obras llevan su sello.

Asimov había escrito su trilogía de “La Fundación” poco antes, publicada por capítulos en una revista, algo muy habitual en aquella época. Había terminado un relato de 25.000 palabras sobre una idea relacionada con los viajes en el tiempo que fue rechazada, pero posteriormente, convertida en novela, fue aceptada para ser publicada.

Así nació una de las obras que considero más grandes de Isaac Asimov: “El fin de la eternidad”, junto a la mencionada trilogía de la Fundación, y a “Yo robot”.

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Imposibles ficticios. Hoy: pilas humanas y termodinámica

Vamos con una nueva entrada de nuestra serie “imposibles ficticios”, donde hablamos de obras de ciencia ficción de gran calidad, pero que contienen elementos que no son, o no entran, dentro del rango de la ciencia. Bien porque son elementos imposibles o solo posibles en un hipotético futuro muy lejano, bien porque no cuadra con los conocimientos de física que poseemos actualmente. Y esta entrada tratará hoy el segundo caso. La obra en cuestión es “Matrix” (1999). Bienvenidos al mundo real.

Nota: ya hay otra entrada de esta serie con el término “termodinámica”. Y es que a algunos guionistas y escritores les gusta saltarse las leyes. Las de la física. Pero se les perdona porque nos han traído verdaderas obras maestras. Algún día alguien hará lo mismo conmigo, y voy a sudar tinta.

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La estética de Matrix fue uno de los secretos de su éxito

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Imposibles ficticios. Hoy: termodinámica obstinada

Volvemos con otra entrada de “Imposibles ficticios”, la serie donde traigo grandes obras de ciencia ficción, con detalles que no son posibles por uno u otro motivo. Grandes obras, que contienen algún elemento fuera, o casi fuera, de la ciencia conocida.

Esta vez traigo una reflexión para revisitar una novela, y posterior película, “La amenaza de Andrómeda”, del desaparecido Michael Crichton, que muchos conocerán y recordarán por la famosa película “Parque Jurásico”.

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Imposibles ficticios. Hoy: escrito en las estrellas

Llega otra entrada de “imposibles ficticios”, donde hablamos de obras de ciencia ficción de gran calidad, o por lo menos de muy buena calidad, pero que contienen elementos que, sencillamente, no son o serán posibles. No es una crítica a la obra; solo una reflexión de sus contenidos. Y hoy nos vamos al antiguo Egipto y a las pirámides.

Ah, las pirámides, qué impresionantes obras arquitectónicas, construidas por extraterrestres, o mejor dicho, por un extraterrestre, hace diez mil años. Todo ello mientras esclavizaba a la humanidad porque tenía todo tipo de tecnologías y adelantos y era inmortal, pero que no te adoren como a un dios todopoderoso te hace sentir triste y desolado.

Estos extraterrestres siempre vienen con ganas de esclavizarnos, qué manía. Y este, además, es inmortal. ¿Se imaginan un jefe pesado con el que trabajar toda la eternidad? Pero es que este extraterrestre además monta pirámides para entretenerse. Al menos podemos decir que tiene buen gusto.

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Stargate, la puerta estelar. Y sin tener que facturar el equipaje de mano. Aprende Ryanair

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Imposibles ficticios. Hoy: cuando el bosque es silencio

Vamos con una nueva entrada de “Imposibles ficticios”, esta serie en la que intentamos profundizar en los errores, más o menos evidentes, de obras de ciencia ficción. Muchas veces esos errores son totalmente admisibles, incluso necesarios, para dar forma a la historia. Lo que aquí intento no es desprestigiar obras que, por otro lado, son impresionantes, sino destacar ciertos elementos concretos y colocarlos en su punto adecuado.

Eso es lo que voy a hacer con una de las películas que, lo confieso, me hace llorar cada vez que la veo, y van unas cuantas: “Silent running”, que en España se tradujo con el lamentable nombre de “Naves misteriosas”.

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Fotograma de la película

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Imposibles ficticios. Hoy: tu acento es de Kansas

Vamos ahora a una nueva edición de “imposibles ficticios”, donde tratamos aspectos de diferentes obras de la ciencia ficción que son grandes y magníficas, pero que contienen aspectos que, de un modo u otro, no son posibles. Y, como siempre digo: no se trata de menospreciar la obra, al contrario. Lo que hago aquí siempre es destacar las películas o libros que voy trayendo como obras magníficas. Simplemente destaco ciertos aspectos que, por exigencias del guión u otros motivos, no son plausibles.

Y, en este caso, vamos a hablar de “El planeta de los simios”. Atención, me centraré solo en la primera película, sin duda la mejor. Luego hubo otras que fueron perdiendo calidad, luego la de 2001, que no estaba mal en mi opinión, y luego ese renacimiento que  está bastante bien. Pero, si me lo permiten, ninguna llega a la magnificencia de la primera, con el coronel Taylor (Charlton Heston) en un papel magnífico. Pero es que Zira (Kim Hunter) y Cornelius (Roddy McDowall) hacen también un papel magistral.

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Esto no es una portada, esto es un spoiler del tamaño de Saturno

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