Elon Musk: historia de una caída

Lo sé. Parece que últimamente ando algo obsesionado con Elon Musk. Tengo varios artículos ya alrededor de su figura y sus anuncios. Pero lo creo necesario. Él, hombre de gran talento, genio indomable, empresario de éxito, y emprendedor que abre nuevas fronteras de la humanidad. Yo, un don nadie, que no he conseguido ni siquiera que el perro me dé la pata después de seis años de cursos. Pero necesito expresar lo que siento, aunque no lo lea nadie, aunque no le importe a nadie. Tengo que dar a conocer lo que veo, y por eso estoy aquí, escribiendo esto.

Quiero ir dejando testimonio, en este perdido y olvidado blog, de los comentarios y visiones, cada vez de carácter más mesiánico, que este hombre se dedica a lanzar a los cuatro vientos.

Es un proceso que se retroalimenta. Funciona de la siguiente manera: el señor Musk hace una declaración rompedora, brillante, increíble. Por ejemplo, llevará a 100 seres humanos a Marte en 2024. Llevará a dos turistas a la Luna en 2018. Construirá un impresionante sistema de túneles bajo Los Angeles. Construirá el cohete más potente nunca visto. Y ahora, conectará la mente a una computadora en cuatro años (2021), con lo cual, las personas podrán comunicarse telepáticamente.

Cada nuevo anuncio tiene que ser más espectacular que el anterior. Brillante, esplendoroso, que llene periódicos, que rompa las normas, que le muestre como un hombre implicado en el futuro, garante de los mayores sueños de la humanidad, y constructor de una nueva sociedad que nos lleve a todos a fronteras ante nunca vistas. Siempre que, como él mismo ha declarado, estés dispuesto a morir por ellas, como dijo con el proyecto a Marte. O siempre que, si algo sale mal, le eches la culpa a otro, como cuando explotó uno de sus cohetes el 1 de septiembre de 2016 mientras cargaba combustible, y declaró que había sido un francotirador de la competencia. Naturalmente, no había francotirador.

El perfil psicológico de Elon Musk es el de megalómano egocéntrico, que necesita ser el foco de atención cada cierto tiempo. El problema es que sus anuncios, para captar esa atención, debe ser cada vez más sonoros, más impactantes, más atrevidos. Si anuncia que va a ir a Marte, o que va a llevar a turistas a la Luna, o que va a conectar los cerebros humanos a los ordenadores, cada vez tiene que tener un tono triunfalista, mesiánico, apoteósico, que haga que sus fans incondicionales se vuelquen ante el nuevo mesías de la ciencia y el progreso. Anuncios que se atrevan con las mayores fronteras de la humanidad.

¿Quiero con esto decir que este hombre no podrá hacer lo que dice? Efectivamente. Quiero decir que la humanidad llevará a cabo esos progresos, y muchos otros. Pero no los llevará él a cabo, no al menos, como los ha anunciado. No digo que no pueda ir a Marte. No digo que no pueda conectar mentes. Digo que no lo va a hacer según lo anunciado.

La ciencia, mi estimado señor Musk, y el progreso, no avanzan con un micrófono en la mano, con una audiencia de gente gritando, y con anuncios llenos de ruido y fanfarria. La ciencia y el progreso se hacen poco a poco, en silencio, con cuidado, con trabajo, con mucho esfuerzo, y con muchos fracasos. La ciencia, y el progreso, no se hacen a ritmo de rock & roll y de llamativas conferencias, donde solo falta el confetti y el sorteo de un automóvil Tesla para el primer afortunado que bese los pies de su señor.

Cuando hablo de caída, no hablo de sus acciones, ni de su valor como empresario, ni de lo que ha hecho hasta ahora, cosas muy interesantes sin duda. Cuando hablo de caída, me refiero a su credibilidad. ¿Cuánto tiempo va a poder mantener esta tasa de anuncios asombrosos? ¿Qué será lo próximo, una nave para viajar a otras dimensiones? ¿Un sistema para almacenar seres humanos  y sus recuerdos en cristales? ¿Una explotación minera en Titán que él gestione?

El tiempo pasa. Las promesas aumentan. Los hechos deben conformar y confirmar esas promesas. Si no es así, señor Musk, tendrá usted que explicar por qué. Y si cumple, entonces prometo cerrar la boca, y seguir intentando que mi perro me dé la pata durante otros seis años. Y esta promesa sí será cumplida. Se lo aseguro.

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Elon Musk, estrella del rock. El problema de este hombre es que se cree sus propios anuncios
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Virgin Galactic, otra forma de explorar el espacio

Recientemente he preparado varias entradas críticas sobre Elon Musk y su visión del futuro en el espacio. La última, relacionada con su idea de llevar a dos turistas a la Luna en 2018, es decir el año que viene. Algún lector podría pensar que tengo una visión negativa de las cosas. Puede ser, pero yo personalmente no creo que sea así. Creo que soy realista.

Y, hablando de realismo, y de hacer las cosas poco a poco y paso a paso, me gustaría hablar de otro hombre, Sir Richard Branson, y de otra empresa, Virgin Galactic. Branson es un viejo conocido en la industria del arte y la tecnología, y su sueño es llevar también al ser humano al espacio.

Pero hay diferencias entre Branson y Musk. Diferencias muy notables. Branson no va haciendo anuncios sonoros y estridentes. Branson no habla de imposibles. Branson sí está trabajando, en silencio, dando los pasos necesarios para llevar al ser humano al espacio. Sí, hace conferencias, da charlas, realiza presentaciones. Pero con mesura, y con propuestas realistas.

Recuerdo la presentación de la nave VSS Unity, apadrinada por el científico Stephen Hawking, y que está actualmente en fase de desarrollo para llevar turistas, no a la Luna, sino al borde del espacio exterior y solo durante unos minutos. Una propuesta realista, clara, lógica, evidente, dentro de los muchos pasos a dar en el desarrollo de la astronáutica civil privada. Pasos coherentes con el primer principio de la ingeniería: si no tienes un plan creíble, no tienes nada. Porque la ciencia puede hablar de sueños. Pero la ingeniería debe convertir esos sueños en realidad. Si no puede, todo son palabras huecas.

Pero hay algo muy importante que Branson tiene y Musk no: Branson perdió un piloto hace tres años. Aquel fue un tremendo golpe para Virgin Galactic, y fue producido por algo que siempre trae fatales consecuencias en el espacio: las prisas. Las ganas de ir más rápido de lo que se puede. La falta de tests y de pruebas. Branson perdió a un piloto, y a un amigo, y aprendió una dolorosa lección: no puedes anunciar lo que no puedes llevar a cabo. Te arriesgas a perder credibilidad, y mucho más importante, a perder vidas.

Por eso, cuando critico a SpaceX, lo hago en el deseo de que tenga cuidado. Todos queremos conquistar la Luna y Marte, pero todos queremos estar vivos para verlo. Los que nos quedamos en la Tierra, y los que vayan de viaje.

La nave VSS Unity es lo que se conoce como nave suborbital. Luego vendrán los vuelos orbitales. Y luego, ya más adelante, dejar la órbita de la Tierra, y entonces sí, ir a la Luna, y luego a Marte. Y a las estrellas, por qué no, en un futuro todavía lejano. Yo estoy dispuesto a soñar con ello.

Pero los sueños se construyen paso a paso, no a golpe de discursos y vídeos espectaculares. Eso no es ciencia. Y eso cuesta vidas. Creo que Virgin puede darnos sorpresas importantes en el futuro, pero sobre todo creo que están haciendo las cosas como corresponde a un proyecto de esta envergadura. Y Branson lo sabe. Lo tuvo que aprender del modo más duro. Pero no ceja en su empeño. Espero ver sus naves pronto cruzando los cielos. Ese será el mejor regalo para la memoria de ese piloto fallecido, y para la de todos los que soñamos con las estrellas.

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LA NASA le manda un mensaje a SpaceX y Elon Musk

En la anterior entrada comenté que Elon Musk, el presidente de SpaceX, debería dejar de hacer anuncios fantásticos e increíbles sobre quimeras y sueños sin una base sólida.

Hoy, la NASA ha publicado un escueto comunicado sobre el anuncio de SpaceX de mandar dos turistas a la Luna, dejando bien claro que SpaceX tiene unos compromisos con la NASA, en forma de transportes para la Estación Espacial Internacional, y en el diseño de una cápsula para transportar personal a la misma estación espacial.

Dicho de otro modo: la NASA le pide a SpaceX que se concentre primero en hacer el trabajo pendiente, antes de empezar nuevas aventuras que se alejan de los contratos que debe cumplir escrupulosamente con la agencia espacial americana.

Nadie le niega a SpaceX, y a Elon Musk, hacer los anuncios que estime oportunos. Pero si esos anuncios comprometen los imprescindibles contratos que tiene con sus clientes, es normal que los clientes se preocupen. Y mucho.

Algunos dirán que la NASA teme tener un competidor a la Luna. No. No se trata de eso. Lo que la NASA teme es tener una empresa que no cumple con sus obligaciones. Y ese es un tema muy serio.

Un pequeño toque de atención de la NASA a SpaceX en lo que creo es una clara maniobra para que empiece a trabajar en lo que tiene que hacer, y deje a los turistas tranquilos hasta, por lo menos, asegurar que tiene los medios, el tiempo, el dinero, y los conocimientos, para llevarlo a cabo. Y eso no será posible en 2018, de eso estoy completamente seguro.

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Dos turistas perdidos en la Luna

Elon Musk, presidente de la compañía espacial SpaceX, acaba de anunciar que piensa enviar a dos turistas al otro lado de la Luna (y hacerlos volver) para 2018. Si no sé contar mal, 2018 es el año que viene. Los dos turistas ya han pagado una considerable cantidad de dinero, e irán solos, sin tripulación. Nada de viajes suborbitales, nada de órbitas bajas. Directamente a la Luna, sin tripulación, y dentro de un año y medio como máximo. Claro que sí.

Reconozco que tenía mis dudas con Elon Musk, el presidente de SpaceX. El gran alabado, ejemplo de emprendedor, y capaz de romper todas las barreras del progreso. Sus ideas y comentarios, cada vez más absurdos, comenzaban a hacerme dudar de su capacidad de distinguir lo que son sueños de proyectos reales. Porque, no lo olvidemos: los proyectos se construyen a partir de sueños, pero son los segundos los que deben prevalecer en el mundo real, o entraremos en una peligrosa vorágine de megalomanía y frases grandilocuentes, anuncios de imposibles, y palabras que terminan por pasar factura a la realidad.

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De la Tierra a Marte, billete de solo ida: las ideas de Elon Musk

Retomo el tema del que hablé en su momento, la aventura del viaje a Marte que promete Elon Musk, por nuevos datos relacionados con la explosión del cohete que lo destruyó por completo. Vamos con los hechos.

El señor Elon Musk es el presidente de Tesla Motors, la famosa fábrica de coches eléctricos. También de SpaceX, la empresa que pretende llevar a cien seres humanos a Marte en un viaje de solo ida. Ya hablé de este asunto en el pasado. Y ya dije que, a diferencia de otros, que lo encumbran como a un genio del progreso, yo tengo una opinión bastante más reservada. Es un visionario del espacio, es cierto. Pero tiene la vista nublada. Ve el futuro, pero no ve los problemas, solo ve cómo su figura crece, y cómo su voz se convierte en el faro que guía a la humanidad. Y siempre me han preocupado esos hombres y mujeres que se erigen en guías mesiánicos  de la especie humana, y que nos señalan el camino del triunfo. Un camino en el que ellos ganan porque otros dan su vida para ello. ¿Exagero? No lo creo. Tengo mis razones, que comentaré a continuación.

Vamos a los hechos. El pasado 1  de septiembre, un cohete con un satélite de Facebook explotó en tierra, en un momento en el que no se estaba realizando ninguna operación especial.

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Aquellos chalados en sus locos cacharros

Esta semana se han anunciado nuevas empresas, entre ellas la archiconocida Boeing, que aceptan el reto de Elon Musk de llevar al primer ser humano a Marte, indicando que ellos serán los primeros en llegar al planeta rojo.

Todo esto sin olvidar que la NASA, con el proyecto Orión, también construye un cohete, el SLS, para ir a Marte. China, por su parte, ha anunciado que serán ellos los primeros en llegar, y por supuesto reclamar, el suelo marciano. Y seguramente Rusia se apunte pronto. Solo queda Europa, que colabora con la NASA en el proyecto Orión, pero no tiene un proyecto propio.

Yo, que recuerdo el día en el que el Apollo XI llegó a la Luna, y que vi el alunizaje por televisión junto a millones de seres humanos, no puedo por menos que estremecerme. Tanto en el aspecto positivo, como en el negativo.

En el positivo, porque veo nacer una nueva carrera espacial, y eso siempre es bueno. ¿Por qué? Es muy sencillo: el mundo tecnológico actual, los sistemas médicos modernos, los ordenadores, las telecomunicaciones, no existirían sin la carrera espacial. Apague el ordenador, el teléfono, y decenas de inventos que usamos cada día. Apague la mayoría de sistemas de los hospitales, y de los automóviles y aviones comerciales. Sin la carrera espacial, no existirían. Además, como amante de la astronáutica, me siento feliz de haber vivido dos carreras espaciales. Vi nacer y morir la primera en los sesenta, y veo nacer la segunda.

En el lado negativo, tengo una gran preocupación por el hecho de que ir a Marte no es una vuelta por el campo. Puede hacerse. Debe hacerse. Pero los peligros son casi infinitos. Y veo mucha palabrería, mucho discurso, muchos aplausos, y mucho orgullo en las empresas que prometen ser las primeras en llegar a Marte. ¿Cuántas vidas se pueden perder ante algo así? La idea de Elon Musk y SpaceX de llevar en un primer viaje de solo ida a 100 seres humanos es una completa locura. Se han de cubrir etapas poco a poco, como se hizo con el proyecto Apollo de los años sesenta, que fue precedido de los proyectos Mercury y Gemini.

No lo veo claro. No el hecho de ir, sino toda esa fanfarria y ruido patriótico y de orgullo. No, el espacio no se conquistará con palabras grandiosas y preciosos discursos. Y que nadie lo olvide: morirá gente. Y no pocos. ¿Qué caras pondrán esos orgullosos empresarios cuando su gente, sus pilotos, sus científicos, sus investigadores espaciales, sus colonos, sean cadáveres sobre suelo marciano, o perdidos en el espacio para siempre? ¿Quién tomará la responsabilidad de que eso no ocurra? ¿Cómo justificarlo?

Cuidado. La carrera de los años sesenta fue una locura. Pero se tuvieron en cuenta enormes aspectos de seguridad. Aun así murió gente. Ahora, si no se tiene cuidado, pueden morir muchos más.

Pero, como siempre digo, lo mejor es un ejemplo: Apollo XIII. Estuvieron a punto de perder la vida. Todo estaba controlado, y sin embargo, podrían haber muerto. Se salvaron por equipos de gente brillante que encontraron soluciones brillantes. ¿Dónde está esa gente brillante ahora? Cuidado: el espacio no admite ni un solo error.

Para hacerse una idea, recomiendo la película “Apollo XIII”, una verdadera obra de arte del cine. Absolutamente genial. En las imágenes adjuntas pueden verse el cartel de la película, y una foto real de cómo quedó el módulo de servicio del Apollo XIII tras la explosión del tanque de oxígeno.

Hablaré mucho más de estos temas, por supuesto. Es un asunto apasionante. Pero peligroso. Me encanta que haya competencia, y deseos de abrir nuevas fronteras. Pero seamos cuidadosos. El espacio podría llenarse de cadáveres, y morir en un traje espacial perdido en la inmensidad del vacío, o en un planeta frío y sin casi atmósfera, no es precisamente el sueño de ningún hombre o mujer sensatos. Seamos cuidadosos. Nos irá la vida en ello.

Elon Musk presenta su idea del viaje a Marte

Elon Musk, responsable de la empresa aeroespacial SpaceX, acaba de anunciar que prepara un proyecto para llevar al ser humano a Marte. Y lo ha hecho presentando un vídeo con una infografía sobre cómo pretende convertir ese viaje en una realidad. Podéis ver el vídeo adjunto.

Es interesante comparar este proyecto con el proyecto Orión de la NASA. Y voy a dar mi personal opinión, que es por supuesto la de un lego en la materia. Mi único conocimiento sobre la carrera espacial son los cuarenta y cinco años que llevo siguiendo y estudiando sus progresos, desde aquel famoso día en el que el Apollo XI llegó a la Luna, un evento que tuve la suerte de ver por televisión junto a millones de personas. Pero no soy, en absouto, un experto en la materia, solo un amante de la astronáutica.

Dicho esto, diré que este proyecto tiene más de ciencia ficción que de ciencia. Ya el plan para poner en órbita una masa tan grande, y repostarla de esa forma, me parece una idea arriesgada. Pero lo que más me llama la atención es el desmesurado tamaño de la nave. Si se compara al principio con la silueta de seres humanos, ese cohete es un verdadero monstruo. Ya se ve la gran cantidad de motores que incorpora.

Luego, el segundo problema es el viaje en sí. ¿Cuánta gente viaja? Parece que bastante. ¿Cómo mantener a ese grupo de personas durante el viaje, y una vez en Marte? No se ve. No se explica.

El aterrizaje en vertical es fantástico, pero ya se ha visto que es muy arriesgado. Yo no apostaría a aterrizar esa gigantesca masa así. Montaría un cohete auxiliar de aterrizaje.

Pero lo que más me preocupa es esto: ¿y el viaje de vuelta? Fíjese el lector que se ve a Marte dando muchas vueltas, y TERRAFORMANDO Marte. ¿Qué? ¿Pretenden terraformar Marte? De acuerdo. ¿Cómo? ¿Con esa gente que, aparentemente, no volverá nunca a la Tierra? ¿Alguien tiene una idea de lo que supone terraformar un planeta como Marte?

Como película de ciencia ficción me parece genial. Pero, de momento, si el lector me lo permite, voy a apostar el poco dinero que tengo al proyecto de la NASA. Modesto, sencillo, pero llevado a cabo con la experiencia de 70 años de investigación.

Es, como digo, mi opinión, nada más. Si alguien quiere comentar algo, alguna duda, estaré encantado de atenderle.