Verónica: adiós a una grande del cine y la vida

Con el reciente suicidio de Verónica Forqué se ha visto, una vez más, el tipo de sociedad en la que vivimos. Yo he sido testigo directo de un caso de esquizofrenia aguda grave, una amiga de la universidad, y he podido ver cómo un amigo se quitaba la vida en el lavabo de su casa con solo treinta años. De eso hace décadas. Pero este problema no ha cambiado en absoluto, y es evidente que este mundo frío y distante de las redes sociales lo ha agravado.

Las enfermedades mentales son un problema social muy grave, que se esconde y se ignora, y en el que los enfermos son acusados de «no tener valor para afrontar los retos de la vida«. Es evidente que, quienes hacen estas afirmaciones, no tienen ni la más mínima idea de lo que es un cuadro de depresión grave, como el que sufría Verónica Forqué.

Dos grandes del cine y el teatro: Adolfo Marsillach en el papel de Santiago Ramón y Cajal, y Verónica Forqué como su esposa, Silveria Gañanás.
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Yentl, la voz que busca la verdad

Es fácil saber qué queríamos decirles a nuestros padres, cuando estos ya no están entre nosotros. Pero es muy difícil entender que la vida ha de darnos un golpe severo, duro y frío para que comprendamos esta gran verdad, cuando es ya demasiado tarde.

Y es que la vida se compone de fases, que pasan irremisiblemente de generación en generación. Desde el inicial «mi padre no se entera de nada» pasando por «mi viejo no me comprende«, o terminando con «son otros tiempos, está desfasado«.

Sin comprender que esos tiempos son siempre los mismos, y la experiencia de nuestros padres, en los aspectos clave de la vida, son vitales para entender que se basan en experiencias que se han vivido, una y otra vez, desde que la humanidad apareció en la Tierra, hace incontables siglos.

Yentl, película de Barbra Streisand
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Cuando un libro arde, todo el planeta arde

De nuevo ataca la censura. De nuevo nos acecha el pensamiento único. De nuevo la humanidad debe pensar en un monocromo frío y perverso. El oscurantismo de una sociedad perdida e ignorante, que persigue todo aquello que no comprende, que se organiza en sectas y hordas para destruir aquello que el arte cultiva y enseña: la libertad de pensamiento. Porque el arte es eso: aprender a pensar, a razonar, y a decidir. Y eso es peligroso en sociedades únicas.

Hay gente que está dudando de si vivimos una época de censura, de persecución de la cultura, del arte, del pensamiento. Hay gente que duda si realmente estamos yendo hacia un mundo orwelliano, donde la tiranía del pensamiento único lo invade todo, lo domina todo, lo controla todo. Hay gente que cree que debe arder todo aquello que no es consecuente con su moral, su ética, su forma de ver el mundo.

La verdad es que vivimos en un mundo cada vez más oscuro, dominado por ese pensamiento único que lo devora todo, por esa forma de ver las ideas de los demás como enemigos públicos que han de ser perseguidos y eliminados.

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Star Trek Picard: cuando el Paraíso tiene un final

Nota: no hay spoilers.

Star Trek es un paraíso. Sí, hay guerras, hay acción, por supuesto. Pero la idea de Gene Roddenberry cuando creó Star Trek era imaginar una sociedad humana donde se han dejado de lado la xenofobia, el racismo, la desigualdad, y se ha abrazado el conocimiento, la cultura, la ciencia, el progreso. Y, sobre todo, el bienestar de la humanidad en su conjunto.

Ese modelo social utópico lo vimos en diferentes series, pero fue en «Star Trek: Espacio Profundo IX» cuando empezamos a ver las primeras fisuras. El capitán de la estación espacial no es un hombre perfecto. No siempre está en manos de la ética ni la moral para solucionar los problemas. Es más, algunas veces se vende al diablo para conseguir sus propósitos.

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La mujer de las mil caras y el monstruo de Hollywood

La frase de la semana la trae Charlize Theron, actriz de origen sudafricano perfectamente conocida por el público cinéfilo en general, y que a lo largo de su ya dilatada carrera ha dejado bien claro que es una de las actrices más importantes, sólidas y camaleónicas de estos años. Una actriz que, como todas las grandes, puede pasar por distintos papeles completamente opuestos y lograr grandes momentos para el cine.

Yo la descubrí en «Devil’s Advocate», que en España se tradujo como «Pactar con el diablo», e inmediatamente me sorprendió ese papel que llevaba a cabo en el film, sin duda el más complejo de todos. Acompañada por Keanu Reeves y Al Pacino, Charlize Theron es la mujer de un abogado de Florida al que se le da una gran oportunidad de progresar en un importante bufete de Nueva York.

En esa película, que tiene un gran desarrollo, aunque el final no me convence, Charlize Theron demuestra unas capacidades de transformación y de conversión absolutamente increíbles. De hecho fue, con mucho, lo que más me sorprendió de la película, mucho más que el guión o los dos actores principales. Y, desde entonces, con un Oscar merecidísimo por «Monster», y muchos otros premios, ha dejado claro que ningún papel le viene grande.

De nuevo me ha llamado la atención de esta actriz la frase que traigo hoy aquí. En español se podría traducir por:

«Algo que aprendí muy pronto en mi carrera es que hay muchas cosas en las que no se tiene ningún control».

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«No se puede servir a Dios y al diablo» (Mateo 6:24)

«Y miré, y vi un caballo pálido; y el que estaba sentado sobre él tenía por nombre Muerte; y el infierno le seguía» (Apocalipsis 6:8).

Dentro de la larga filmografía de Clint Eastwood podemos encontrar obras de todo tipo por supuesto. Tanto en su faceta de actor, como de director, Eastwood ha creado obras de todo tipo, y aquí nos vamos a centrar en una de ellas que, personalmente, me fascinó desde la primera vez que la vi.

La película es «El jinete pálido«.

No soy un gran fanático del cine del oeste, o del «far west» como se decía en mis tiempos. Bueno, me encantaba «Los hermanos Marx en el oeste» pero creo que esa película no definiría exactamente al género. Por eso hay dos películas que me impactaron sobremanera en este género, ambas de Clint Eastwood. Una es la antes mencionada, y la otra es «Sin perdón».

Pero, definitivamente, es «El jinete pálido» la obra definitiva ambientada en el viejo oeste para mí. Y aquí explicaré por qué.

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Imposibles ficticios. Hoy: mi cuñado sonríe, ¿debo preocuparme?

Vamos con otra entrada de «Imposibles ficticios», donde revisamos material de ciencia ficción de calidad, indicando los detalles que hacen imposible, o poco probable, alguno de los aspectos que aparecen. Pero siempre siendo obras maestras que merecen la pena. En este caso hablamos de «La cosa», de John Carpenter (1982).

Vísceras, seres que reptan, cabezas que se abren, y de donde aparecen monstruos… Qué bonito, qué poético. Pero así es la realidad en la Antártida, cuando un grupo de investigadores estadounidenses de una estación científica reciben a un helicóptero escandinavo, que persigue a tiros a un perro, un precioso husky siberiano. Pero el husky es en realidad más peligroso que un submarino descapotable, y cuando te quieres dar cuenta te ha convertido en su merienda de media tarde.

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«La cosa», terror visceral y psicológico

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Imposibles ficticios. Hoy: pilas humanas y termodinámica

Vamos con una nueva entrada de nuestra serie «imposibles ficticios», donde hablamos de obras de ciencia ficción de gran calidad, pero que contienen elementos que no son, o no entran, dentro del rango de la ciencia. Bien porque son elementos imposibles o solo posibles en un hipotético futuro muy lejano, bien porque no cuadra con los conocimientos de física que poseemos actualmente. Y esta entrada tratará hoy el segundo caso. La obra en cuestión es «Matrix» (1999). Bienvenidos al mundo real.

Nota: ya hay otra entrada de esta serie con el término «termodinámica». Y es que a algunos guionistas y escritores les gusta saltarse las leyes. Las de la física. Pero se les perdona porque nos han traído verdaderas obras maestras. Algún día alguien hará lo mismo conmigo, y voy a sudar tinta.

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La estética de Matrix fue uno de los secretos de su éxito

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Carta abierta a Alicia Rodríguez, soñadora profesional

Hace ahora un par de años más o menos que dejé Facebook y todo lo que rodea a esa red social, que personalmente creo es tóxica es muchos aspectos. Su afán por el control, por absorber cada dato de cada usuario, y manipularlo, venderlo, transformarlo, y convertirlo en herramientas para enganchar aún más a sus usuarios me llevó a salir de ese círculo de forma definitiva. También que la mayor parte de contactos, insisto, la mayor parte, eran una simple fila de nombres sin sentido y sin ningún tipo de relación. ¿Amigos? No es eso lo que yo entiendo por amigos.

Con algunas excepciones. Alguna muy importante.

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«2010: odisea 2» y el juego del poder

Vamos hoy a entrar a analizar brevemente la película y circunstancias que nos trae la segunda parte de «2001: una odisea del espacio», una de las mayores obras de ciencia ficción de todos los tiempos, y sin duda una película que influyó enormemente en mi vida, desde que la viese por primera vez en 1970.

La película de «2001» la comenté en este enlace, pero hoy quisiera hablar de su continuación: «2010: odisea dos», una película magnífica, que sin embargo vive a la sombra de 2001 por razones obvias. De hecho, dos son los problemas con los que se enfrenta «2010», y, en ambos casos, sin que la cinta sea responsable:

2010

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