La gran mentira de la inteligencia artificial

En pleno siglo XXI, la información es poder. Este principio, que ha sido válido siempre, ahora es un aspecto fundamental de la vida de cada ser humano. Paradójicamente, el conocimiento se obtiene mediante la transferencia de datos a eso que hoy en día se llama “big data”, concepto que, en realidad, es muy antiguo, aunque este nuevo nombre le da un carácter de novedoso. Porque, no lo olvidemos: si queremos presentar una idea como nueva, nada como inventar un nombre sonoro y espectacular. Uno de esos nombres que hoy en día visten todo es el de la “inteligencia artificial” (IA). Si no tiene IA, no es útil.

Cada vez más, empresas y organizaciones de todo tipo se visten con el anagrama “Yo trabajo en inteligencia artificial” o “mis productos incorporan inteligencia artificial”. Los periodistas nos hablan de que la inteligencia artificial está aquí para quedarse, y si algo no incorpora ese argumento se entenderá desfasado e inútil.

Bien, pues hoy traigo una mala noticia. La mala noticia es:

Frase corta: la inteligencia artificial no existe.

Frase larga: la inteligencia artificial es un conjunto de técnicas, basadas en hardware y software, que emplean algoritmos basados en lo que se conoce como redes neuronales, y que pretenden simular el funcionamiento del cerebro humano. Claro que nadie sabe cómo funciona realmente la conciencia en el ser humano, y nadie se pone de acuerdo en qué es exactamente inteligencia. Hace un tiempo se hablaba de inteligencia emocional, antes se hablaba del coeficiente intelectual, y mañana se hablará de cualquier otro invento que permita vender ideas y productos. Vamos pues a ver por qué no podemos hablar de inteligencia artificial, en el actual estado de las cosas.

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Cuando no crees que solo crees en lo que quieres creer

Hablaban el otro día en un diario de por qué no nos creemos lo que se nos dice cuando se nos dice algo que no queremos creer. Básicamente, los seres humanos tendemos a crear una serie de principios que modelan nuestra vida y nuestra personalidad, y que es fruto de las experiencias, la cultura, y la educación que hemos recibido.

Cuando no se enseña a desarrollar un espíritu crítico adecuado y adaptativo, tendemos a crear nuestro propio modelo crítico, en el que damos valor a aquello que nos hace sentir cómodos, o, como se dice ahora, “en nuestra área de confort”.

En los comentarios, mucha gente criticaba un estudio que quería demostrar que solo creemos aquello que queremos creer, con críticas que indicaban que el estudio solo quería hacernos creer en lo que el estudio quiere hacernos creer, demostrando, una vez más, que un estudio que quiere demostrarnos que creemos solo lo que queremos creer, lleva a muchos a no creer en ese estudio que precisamente pretende demostrar que solo creemos lo que queremos creer.

Deberíamos ser cuidadosos con todo lo que escuchamos y leemos, y no creer cosas por el simple hecho de que concuerdan con nuestras ideas, y eliminar aquellas que no lo hacen. Disponer de un espíritu crítico, saber elegir fuentes, y eliminar aquellas que son tóxicas y manipuladoras, es algo sin duda complejo y difícil.

Porque cada fuente tiene sus propios intereses, pero es evidente que algunos tienen tendencias políticas, pero otros tienen tendencias sociales, que pretenden cambiar a la opinión pública mediante la manipulación directa y la mentira. Hay mucha gente ganando dinero ahora mismo con la mentira.

Y ese es, sin ninguna duda, el problema principal a tratar en estas sociedades modernas e hipercomunicadas. Y créame cuando le digo que este problema cambia poderes constantemente. No lo digo yo; lo dice la historia, que tiene ejemplos claros y concisos.

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Mi país es el infinito

Mi país es el infinito. Y mi momento es ahora. No porto banderas ni estandartes. No creo en dioses que ocultan el miedo del ser humano al futuro y a su confianza en sí mismo.

Mi único compromiso es con la verdad y el conocimiento. Mi único enemigo, la ignorancia y la arrogancia. Y mi camino es un océano infinito donde no existen las fronteras.  Puedo caminar junto a miles, o puedo caminar solo. Pero nadie adoctrinará mis pensamientos, ni mis ideas.

Cuando marches, no andes el camino; sé tú mismo el camino. Abre nuevas rutas por ti mismo, y verás cosas que nadie ha visto. Ese es mi sueño. Esa es mi meta.

Mi frontera es simple: romper fronteras.

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Richard Feynman, ese genio desconocido

La frase para hoy es de Richard Feynman. Puede que no le suene ese nombre; le sonarán Einstein, Newton, o Bohr, o también Heisenberg. Pero mucha gente no conoce a Feynman. Sin embargo, es uno de los más importantes físicos de la segunda mitad del siglo XX. Entre sus muchos logros, está la cromodinámica cuántica por supuesto, pero también los diagramas de Feynman, absolutamente revolucionarios.

Sin embargo, a Feynman se le conoce también por su pasión por la física y por la ciencia en general, y por cómo contagiaba a sus alumnos de esa pasión. Ese rasgo, más que otro, es el que más me interesa de su personalidad en cuanto a divulgación científica se refiere. Feynman era capaz de convertir cualquier aburrida clase en una locura, en una fiesta, en pasión pura por el conocimiento.

La frase que acompaña a este texto define muy bien su idea: redescubrir lo descubierto. Experimentar lo experimentado. Solo si recorremos el camino que antes abrieron otros, seremos capaces de abrir nuevos caminos.

Esa es la idea del genial Feynman: explora, investiga, aprende, y disfruta viendo cómo otros obtuvieron esos resultados. Y lo más importante: verifica que esos resultados son correctos. Por ti mismo verás que la ciencia no engaña, porque tú serás capaz de obtener la misma información para los mismos experimentos. Esa es la grandeza de la ciencia. Y sin duda eso abrirá el camino de la curiosidad y la investigación para crear nuevas fronteras.

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Filosofía, la naturaleza de las cosas

Me gustaría comenzar la semana con una reflexión de Immanuel Kant, una de las grandes mentes de la historia de la filosofía. La filosofía, esa asignatura denostada, olvidada, que enseña a pensar, a reflexionar, a construir ideas.

Sí, así es. La filosofía no solo es importante, es fundamental para aprender a conocer el mundo. Porque las ciencias, y las letras, nos enseñan los aspectos concretos del universo. Pero la filosofía nos enseña cómo conocer y entender el universo, y más importante, por qué es importante aprender a pensar, y a conocer, el universo. La filosofía es la raíz del conocimiento, la materia prima que permite construir el resto de conocimientos. Si no aprendemos a pensar, solo llenamos la mente de datos, de cifras, pero no aprendemos a entender lo más importante: por qué. Por qué las cosas son como son. Por qué somos como somos, y cómo podemos cambiar, y mejorar.

Las computadoras almacenan datos. Nosotros, debemos comprender el origen de esos datos, su naturaleza, y su utilidad. Eso es lo que nos diferencia de las computadoras. Y eso nos lo da la filosofía. Sacar la filosofía de los colegios convierte a los chicos en computadoras vivas. Son simples almacenes de datos, que aprenden las materias, pero no entienden por qué, ni con qué finalidad, es importante aprender.

El conocimiento obtenido gracias a la filosofía nos hace mejores, y nos enseña que, a veces, podemos cometer errores. Y, una vez aprendido que cometemos errores, podemos intentar subsanarlos. A veces podremos. Otras veces no. Pero no hay nada peor en un ser humano que permanecer en el error y en la ignorancia. Porque su ser estará atrapado para siempre en un mundo pequeño y rígido, incapaz de aprender, y de progresar. Cambiar de opinión no es una derrota: es la más grande de las victorias. No tengamos miedo de reconocer nuestros errores. Tengamos miedo de creer que sabemos toda la verdad. La filosofía no nos hará mejores por sí misma. Pero nos ayudará. Y habremos dado el primer paso. Y el más difícil de todos.

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Conocimientos teóricos; cuando saber algo no sirve de nada

¿De qué sirve un conocimiento inútil?

Vamos a plantearle al amable lector una cuestión rápida, que probablemente haya visto en más de una ocasión (o en más de un millón si visita Facebook asiduamente). Una revista, un blog, un informativo, un amigo, explica que un grupo de científicos, en algún oscuro laboratorio en una desolada montaña, ha descubierto algo. Vamos a llamar a ese algo “x”. Ese “x” es un descubrimiento nuevo, algo hasta entonces desconocido. Nadie sabía anteriormente que “x” existía, o qué era.

¿Qué es “x”? Podría ser algo relacionado con la física, la química, la astronomía, pero, en general, con lo que se conoce como ciencia básica, es decir, la parte de la ciencia que teoriza sobre la naturaleza y sus características. Por ejemplo: “El CERN ha descubierto una nueva partícula”. De acuerdo, fantástico. Una partícula nueva. Genial.

Ante esa noticia, una gran parte de la población se hace la gran pregunta:

—¿Y eso para qué sirve?

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