Imposibles ficticios. Hoy: mi cuñado sonríe, ¿debo preocuparme?

Vamos con otra entrada de “Imposibles ficticios”, donde revisamos material de ciencia ficción de calidad, indicando los detalles que hacen imposible, o poco probable, alguno de los aspectos que aparecen. Pero siempre siendo obras maestras que merecen la pena. En este caso hablamos de “La cosa”, de John Carpenter (1982).

Vísceras, seres que reptan, cabezas que se abren, y de donde aparecen monstruos… Qué bonito, qué poético. Pero así es la realidad en la Antártida, cuando un grupo de investigadores estadounidenses de una estación científica reciben a un helicóptero escandinavo, que persigue a tiros a un perro, un precioso husky siberiano. Pero el husky es en realidad más peligroso que un submarino descapotable, y cuando te quieres dar cuenta te ha convertido en su merienda de media tarde.

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“La cosa”, terror visceral y psicológico

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Imposibles ficticios. Hoy: pilas humanas y termodinámica

Vamos con una nueva entrada de nuestra serie “imposibles ficticios”, donde hablamos de obras de ciencia ficción de gran calidad, pero que contienen elementos que no son, o no entran, dentro del rango de la ciencia. Bien porque son elementos imposibles o solo posibles en un hipotético futuro muy lejano, bien porque no cuadra con los conocimientos de física que poseemos actualmente. Y esta entrada tratará hoy el segundo caso. La obra en cuestión es “Matrix” (1999). Bienvenidos al mundo real.

Nota: ya hay otra entrada de esta serie con el término “termodinámica”. Y es que a algunos guionistas y escritores les gusta saltarse las leyes. Las de la física. Pero se les perdona porque nos han traído verdaderas obras maestras. Algún día alguien hará lo mismo conmigo, y voy a sudar tinta.

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La estética de Matrix fue uno de los secretos de su éxito

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Jesús y María Magdalena, amor prohibido de la Iglesia

Estamos en Semana Santa, y yo, como ateo convencido, respetaré siempre las creencias de todo individuo, sea cual sea su religión y los mitos que siga. Solo dejaré de estar de acuerdo cuando se pretenda convertir a otros, especialmente por la fuerza, pero también cuando se empleen métodos psicológicos de extorsión, que son muy eficaces y con grandes resultados. Más allá de eso, cada cual que crea lo que quiera.

Yo sé que no hay vida tras la muerte. Que el universo existía eones antes de que apareciese la humanidad, la Tierra, e incluso el Sistema Solar. Sé también que la religión es un mecanismo evolutivo, que permite, a quienes tienen creencias, obtener mayores fuerzas para sobrevivir. Y sé que los dioses de antaño, hoy enterrados en la arena del tiempo, fueron en su día adorados, como lo son los dioses actuales. Y que los dioses actuales yacerán algún día en las arenas del tiempo, como los pasados. Solo pido a cristianos y confesos de otras religiones que respeten mis creencias. No creo que sea pedir tanto.

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Yvonne Elliman y Ted Neeley en los papeles de María Magdalena y Jesús

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Figuras ocultas, cuando el sueño del futuro es de todos

El pasado 20 de marzo, mientras Donald Trump tomaba posesión de la Casa Blanca como 45 presidente de Estados Unidos, estuve contemplando una película sobre dos momentos que hicieron a América verdaderamente grande: el trabajo de un joven NASA por enviar al primer ser humano al espacio, y la lucha de una parte de la población estadounidense para liberarse de prejuicios y racismo.

Esa película es “Figuras ocultas” (Hidden figures), una verdadera obra maestra del cine histórico, y un mensaje muy claro: los países se hacen grandes cuando está unido y trabaja unido por una causa común, no cuando un grupo de hombres y mujeres son despreciados porque se da el caso de que su cantidad de melanina en piel es algo mayor que la de otros. ¿Puede la melanina de la piel afectar a la capacidad del cerebro para trabajar? Eso sería tanto como preguntarse si el color azul de los ojos es mejor para ser bueno en ciencias que el color verde o el castaño.

Nota: cuando hable de América me referiré a Estados Unidos. América es por supuesto mucho más que ese país.

La película.

“Figuras ocultas” se centra en tres de las mujeres que trabajaron en la NASA, siendo empleadas como verdaderas computadoras humanas, ya que en aquellos años los ordenadores eran una verdadera novedad, y la NASA, que había nacido en 1958, todavía no disponía de ninguno de aquellos primeros grandes monstruos, lentos pero ya mucho más capaces que un ser humano a la hora de procesar cálculos. El ordenador del que hablan, el IBM 9070, fue sin duda importante, ya que era el primero con transistores de estado sólido, dejando atrás por fin las caras y delicadas válvulas de vacío.

Pero, mientras ese ordenador se ponía a punto, los cálculos necesarios para el vuelo espacial eran desarrollados por estas mujeres, muchas de ellas verdaderas científicas de altísimo nivel, que eran sistemáticamente ignoradas por la NASA. Ellas eran en gran parte responsables de la seguridad y fiabilidad de las primeras cápsulas del proyecto Mercury, y ellas fueron denostadas y olvidadas. Hasta ahora.

En 1961, cuando los rusos ganaban claramente la incipiente carrera espacial que tenía como finalidad llevar a un ser humano a la Luna, el racismo era tan evidente en Estados Unidos que incluso los negros tenían sus propios lavabos en la NASA. Hoy, cuando leo críticas de esta grandísima película en diferentes medios, veo que muchos se siguen preguntando qué sitio tienen los negros en el mundo. Los derechos sociales y las leyes no bastan; hemos de enseñar a la población que el respeto a los derechos humanos aplica a todos los seres humanos sin excepción.

La película, basada en hechos reales tomados de las memorias de sus protagonistas, desarrolla un trabajo excelente en el proceso de visualizar cómo tres mujeres se abren camino, con enormes dificultades, en medio de una enorme desconfianza de los blancos hacia ellas. Un proceso en el que el mero hecho de ser negro significaba una pérdida de oportunidades. Algo así no puede hacer grande a un país. Porque no lo olvidemos: América no será grande por un pequeño grupo de líderes poderosos, sino por el esfuerzo conjunto de todos sus hombres y mujeres, con los mismos derechos, y los mismos deberes. Y por supuesto, con las mismas oportunidades.

Algunas críticas de la película destacan negativamente su ritmo pausado y su falta de enegía. Vamos a ver, estamos hablando de un relato de tres mujeres que viven una vida normal intentando salir adelante, no tres guerreras ninja luchando contra una horda de extraterrestres asesinos. Esta es una película de muy marcado corte histórico, que explica hechos históricos, pero la vida de tres personas en sus casas con sus hijos y sus sueños no va a ir acompañada de efectos especiales y destrucción de planetas. Naturalmente que es pausada, lo importante es el homenaje que rinde a esas personas que fueron injustamente olvidadas. Hasta ahora.

Ellas, como miles de mujeres, negras y por supuesto también blancas, han sido denostadas y olvidadas. Es hora de que eso termine. El otro día en un programa de televisión, “El hormiguero”, una niña de 15 años, Alyssa Carson, a la que sigo desde hace cuatro años en Facebook, con la que he compartido alguna conversación, y que trabaja en la NASA para ir a Marte, fue el centro de las risas de muchos “iluminados”, quizás por su sueño, quizás por sus orejas, quizás porque no hablaba perfectamente español (habla 5 idiomas). Esa niña es un portento y un ejemplo, pero la gente se ríe de ella por su aspecto físico. Esa es la raíz del problema, no hay que buscar más lejos. Esa joven, si todo va bien, irá a Marte, y abrirá nuevas fronteras a la humanidad. Una humanidad cada vez más obsesionada con el “nosotros primero”, con el aislacionismo, con la idea de que unos valen más en un país porque han nacido en ese país. Un error y una idea que tiene gravísimas consecuencias a todos los niveles siempre que se ha ejercido.

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Figuras ocultas

Por cierto, y aunque el tema del espacio sea secundario al tema principal de la película, para los que somos amantes de la astroáutica la película muestra las enormes dificultades que tuvo en todo momento la carrera espacial, en unos años donde literalmente se estaba construyendo la forma y manera de viajar al espacio. Un trabajo donde estas mujeres precisamente fueron fundamentales. Pero para mí personalmente lo más destacable de la película no es que ellas fueran grandes por sus capacidades matemáticas y de ingeniería. Eso es muy importante. Pero el hecho básico y diferencial estriba en cómo tuvieron que demostrar esas capacidades, luchando contra enormes prejuicios y racismo. Ese es el gran mérito de estas mujeres.

Avances, evidentes, pero insuficientes.

Hoy en día me tengo que preguntar: ¿se ha avanzado en derechos para los negros en Estados Unidos? Sí. ¿Es suficiente? Por supuesto que no. Vemos constantemente hechos y situaciones que dejan claro que la igualdad plena no se ha alcanzado. Si hay que hacer a América grande, deberá ser grande para todos. Por supuesto, no entro en el terreno de los hispanos, porque ahí entro yo y no quiero tocar ese tema hoy y ahora, podría decir cosas de las que luego me arrepentiría. Quizás lo haga algún día. Por cierto soy hispano, y no voy a ir a construir ningún muro, y espero que mis hermanos mexicanos no paguen ni un dólar por muro alguno.

Pero ese es otro tema, aunque tiene más relación con la película del que podría parecer. La américa racial de los años cincuenta y principios de los sesenta seguía teniendo leyes segregacionistas contra los negros, por el mero hecho de ser negros. Hoy las cosas son algo mejores, pero ni mucho menos se ha encontrado una solución al problema.

No quisiera terminar haciendo creer al lector que todo me parece mal en Estados Unidos, porque no es así, ni mucho menos. Mucha gente critica a Estados Unidos, yo también lo hago por esta y otras razones, y por supuesto ese es un país que ha hecho cosas mal y ha cometido errores, eso es algo evidente. Cuando un país se convierte en líder comete errores, y esto lo hemos visto a lo largo de toda la historia de la humanidad, y no seré yo quien lo niegue.

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Pero cuando me dicen que la alternativa es Rusia o China, entonces tengo que respirar hondo, tomar aliento, y contestar: prefiero comer hamburguesas, beber cocacola, ver películas de Hollywood, y vestirme con tejanos, y por supuesto luchar por los derechos de las minorías, que optar por Rusia o China”. Rusia y China, dos países que se frotan las manos de felicidad esperando que Donald Trump siga la política aislacionista de Estados Unidos en los años 30 del siglo XX, una política que dejó manos abiertas a otros para expandirse militarmente por el mundo sin freno alguno. Y la historia tiene una enorme capacidad de repetirse. Por supuesto, la nueva carrera espacial también es una gran oportunidad para China y Rusia. Ya hablé de eso en su momento.

Sé que hay racismo y xenofobia en todas partes, y es por eso que esta película nos quiere recordar que “el país de las libertades y las oportunidades” tiene muchos problemas que resolver. Precisamente hoy, en un momento crítico, y con el 45 presidente de Estados Unidos ya en el poder, creo que hace falta un revulsivo en América para volver a la senda de la cordura, la razón, y la ciencia, y dejarse de “América primero”.América será grande, pero no con palabras y amenazas, sino con un sueño conjunto y de todos de hacer que sea así.

Yo prefiero “los hombres y mujeres que hacen grande a este país primero”, sin importar si son americanos, afroamericanos, hispanos, o de cualquier otra raza, religión, sexo, o creencia. O somos todos iguales en oportunidades, o ninguno lo seremos. Porque, cuando un solo ser humano es apartado del resto, la humanidad entera es apartada. Y eso no hará grande a América. Ni a ningún país de la Tierra.