Dos puntos de vista del nazismo (II)

Vamos ya con la segunda parte de esta entrada, donde analizamos el interior de la maquinaria nazi a través de sus propios protagonistas, y, más concretamente, de sus memorias. Por cierto: agradecer a los lectores el interés que ha generado la primera parte, sobre todo de páginas especializadas de historia, que amablemente la han reseñado o compartido en Twitter y a través de Bloguers.net.

Cuando en la anterior entrada hablamos del almirante nazi Karl Donitz, veíamos al modelo de hombre taciturno y responsable enfrascado en su maquinaria bélica, sumiso hacia su líder, Adolf Hitler, y conocedor de que su actitud en la guerra le llevaría a ser declarado culpable de crímenes de lesa humanidad. Eso no le impidió llevar a cabo una guerra abierta con sus sumergibles contra todo tipo de navío aliado, incluso aquellos que transportaban civiles. Y no le impidió aceptar el puesto de líder de Alemania cuando Hitler le cedió el poder en abril de 1945.

Dentro de los diferentes perfiles humanos, Donitz representaría el siervo fiel que acepta su condición ante la historia y la asume sin miedo. Pero otro líder nazi, Albert Speer, tuvo un desarrollo muy distinto. Y sus memorias lo atestiguan. Speer fue el hombre que no asume su condición, y, además, es capaz de convencer a un tribunal, y aun al mundo, de que él es, prácticamente, una víctima más de la maquinaria nazi. Paradoja curiosa cuando es el responsable directo de la creación de millones de puestos de esclavos forzados en toda Europa, como vamos a ver.

Esta es la edición que tengo en casa, pero hay muchas otras disponibles.
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Es cierto; quizás hubiese votado a Hitler

Vaya título, ¿eh? Sorprendente, cuando menos. Pero es cierto: es posible que yo hubiese votado a Hitler en 1933. Esta entrada sobre historia y política de la semana quiere hablar de ello. Quiere hablar de qué fácilmente caemos en los fanatismos, en el discurso rápido, en la demagogia, y en el lenguaje que nos dice lo que queremos oír.

Soy culpable. Todos somos culpables cuando aceptamos que la verdad es única y exclusivamente aquella que queremos oír. Y bloqueamos, insultamos, amenazamos, y desprestigiamos todo aquello que no represente nuestros valores…

De eso habla esta entrada. De cómo nos alzamos en una torre de la Verdad Absoluta que creemos indestructible, para comprobar luego que, en realidad, hemos caído en el más profundo de los agujeros de la perversión y la oscuridad.

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