Carta abierta a Alicia Rodríguez, soñadora profesional

Hace ahora un par de años más o menos que dejé Facebook y todo lo que rodea a esa red social, que personalmente creo es tóxica es muchos aspectos. Su afán por el control, por absorber cada dato de cada usuario, y manipularlo, venderlo, transformarlo, y convertirlo en herramientas para enganchar aún más a sus usuarios me llevó a salir de ese círculo de forma definitiva. También que la mayor parte de contactos, insisto, la mayor parte, eran una simple fila de nombres sin sentido y sin ningún tipo de relación. ¿Amigos? No es eso lo que yo entiendo por amigos.

Con algunas excepciones. Alguna muy importante.

phoenix

Actualmente solo tengo un acceso en Facebook que empleo para temas profesionales y subir alguna foto muy ocasionalmente.

Hubo, como digo, excepciones. Gracias a Facebook contacté con personas con las que establecí una relación más o menos estable y continua, e incluso llegué a quedar con algunas de esas personas para vernos de forma presencial, especialmente gente del mundo de la literatura, con las que departí cafés y reflexiones. Pero de eso hace ya dos años. Y, si algo he aprendido en la vida, es a mirar adelante.

Por eso me sorprendí hace poco, cuando recibí un mensaje. ¿Desde Facebook? ¿Desde el Messenger del Facebook? ¿Qué ha ocurrido? ¿No era una etapa cerrada? ¿Alguien ha marcado número equivocado?

No. No era un número equivocado. Al contrario. Era alguien muy especial, una amiga, con un mensaje que, lo reconozco, me dejó fuera de combate. El mensaje decía, y lo transcribo tan literal que es una captura de pantalla:

amigos_facebook

La persona que me mandó este mensaje, Alicia, siempre ha tenido la capacidad de sorprenderme en todo lo que dice y hace. Su inteligencia, su camaleónica capacidad de enfrentarse a todo tipo de situaciones, y su inagotable fuente de energía, son un ejemplo y un modelo a seguir para cualquiera que quiera encontrar un camino, en esos momentos en los que la vida nos da fuertes golpes, que nos dejan fuera de juego.

Alicia es una persona especial, pero no porque lo diga yo, sino porque así lo dice toda la isla de Tenerife, y todo el archipiélago de Canarias, donde es muy conocida y querida por sus apariciones en radio, televisión, cine, y teatro. La carrera de Alicia es increíble y maravillosa en los medios públicos, y no la voy a detallar aquí, pero baste decir que es presentadora de televisión, actriz de cine y teatro, e incluso la voz de los tranvías que avisa de la siguiente parada. Ha hecho el pregón de fiestas muy diversas en diferentes poblaciones, y tiene un currículum de eventos públicos absolutamente fuera de escala.

Pero lo más importante es que es verla hablar y enamorarse de ella inmediatamente. Su dulzura y su frescura enganchan desde el primer momento. Siempre tiene una sonrisa en el rostro. Siempre tiene una palabra amable para los demás. Siempre tiene una ocurrencia nueva. Y siempre tiene una respuesta adecuada a cada pregunta. Es difícil encontrar a alguien con reflejos más afinados que los de Alicia.

Alicia y yo en circunstancias normales no tendríamos que habernos conocido. Pero la vida es cualquier cosa menos circunstancias normales. Ella sufrió un golpe devastador hace unos años, de una naturaleza que no importa, pero fue uno de esos eventos que dejan una profunda huella toda la vida. A raíz de ese evento, en un grupo de Internet de aficionados a la aviación le hicimos un sentido homenaje, ya que ella, indirectamente, tenía una relación con un grupo de locos de los aviones, entre los que me incluía yo. Ese fue el arranque de una amistad que se prolongó durante años, donde el contacto era prácticamente diario, y tremendamente enriquecedor.

Luego yo salí de Facebook, y así, dos años después, apareció este mensaje de ella, que paso a contestar aquí públicamente. Esta es una carta para Alicia. Es pública, y ella sabe que así va a ser, porque se lo he advertido, y porque quiero expresar públicamente mi respuesta a su pregunta. Y porque quiero que la gente la conozca. Creo que es alguien que se merece ser querida. Por mí, y por todos los que tengan la oportunidad de saber de ella.

Querida Alicia:

Entiendo tu reflexión, y la comparto, pero deja que me explique: sabes que las redes sociales tienen la bondad de unir a personas, pero la capacidad de romper relaciones por el mero hecho de que uno de los dos adopte un camino distinto. La distancia física que nos separa es muy grande, y sin la red nunca nos habríamos conocido. Por eso estoy muy, muy agradecido a Facebook por haberte encontrado, y por todos esos momentos, risas, y situaciones divertidas que hemos compartido. Y por eso odio que estemos tan lejos, tú en Tenerife, yo en Barcelona.

Yo me fui. Pero de Facebook, no de tu recuerdo. ¿Hemos dejado de ser amigos? No. Nunca. Ni en mil años. Ni en un millón de años. Te llevo cada día en mi corazón. Busco en Internet tus últimas actividades, veo los vídeos que grabas y en donde apareces, como este del tranvía tan reciente y divertido que adjunto abajo en este texto, y donde continúas siendo lo que eres: una gran artista, y un ser humano sin igual.

Sigo tus pasos con frecuencia, y sé que sigues siendo esa fuerza incontenible de la naturaleza, y que cualquier muro que se te ponga delante en la vida es solo una excusa para barrerlo en pedazos con tu sonrisa, tu entereza, tu entusiasmo y tu fuerza, para seguir adelante un día más.

Desde el punto de vista profesional, para mí eres básicamente una actriz de comedia, creo que esa es tu faceta principal, aunque puedes hacer cualquier cosa que se te ocurra delante de una cámara. Pero tú y yo sabemos que un actor de comedia puede representar cualquier papel. Porque hacer reír a la gente es el ejercicio más difícil, complejo y duro que cualquier actor se puede poner como reto. El cómico es aquel ser que es capaz de romper todo tipo de barreras del dolor. Tú las rompes todas sin excepción.

Pero a mí me importa, sobre todo, tu vida como ser humano, como persona. Y, en ese sentido, el papel protagonista de tu vida no lo has representado sin embargo delante de una cámara, sino delante de la realidad que impone cada día una vida en la que hay marcas difíciles de superar, pero que se llevan adelante gracias al tesón, a la constancia, y a demostrarte a ti misma que eso es lo que cierta persona querría para ti cada día de tu vida.

alicia

Esa persona, que llevas siempre en tu corazón, querría que tú siguieses siendo básicamente tú, que siguieses adelante en la vida con tu sonrisa, con tus sueños, con tus ilusiones. Pero, sobre todo, y muy especialmente, con tu impulso diario de hace sonreír y hacer reír a todos los que te rodean. Los que están viéndote a través de la cámara, y los que están a tu lado cuando la cámara se retira, y llega el momento del recogimiento, la reflexión, y la luz de una noche, que es solo el preludio de un nuevo día de sonrisas.

Eso no significa que no tengas tiempo para las lágrimas. Pero eso tampoco importaría a quien tú y yo sabemos, porque esas lágrimas te dicen que estás viva, que el corazón siente, y que  sentir con el corazón el dolor de una herida no es motivo de rendición ni de derrota; es la señal de que, tras ese dolor, llega un nuevo reto de risas y sonrisas con las que alimentar tu vida y tu futuro. Sean esas lágrimas el camino en el que sostienes cada momento duro en la noche, para que a la mañana puedas surgir de nuevo con fuerza, y vivir un nuevo día, lleno de luz y alegría.

Eres importante. Para mí. Y para muchísima gente que aprecia esa sonrisa diaria que les otorgas. Luego sabemos que, al llegar el final del día, cuando se retiran los sets del plató y la cámaras se apagan, quedan los recuerdos, las palabras que suenan en la mente, y la sensación de que el camino parece a veces tan difícil, que las fuerzas pueden desfallecer.

Pero tú y yo sabemos que esos son momentos, ocasiones en las que debemos apretar los puños, dar un golpe en la mesa, y arrancar una sonrisa a la persona que más lo necesita: tú misma. En esas ocasiones, deja de lado todo, y piensa solo en ti misma. Sé un poco egoísta. Y date el capricho de volar sin miedo, liberándote de las pesadillas, y haciendo lo que tu corazón te mande. Porque la vida la dirige la mente. Pero es el corazón el que sabe lo que necesitamos. Seamos irracionales una vez al día. Dejemos que sea el corazón el que ordene nuestro futuro.

No quiero extenderme más, creo que sabes de qué hablo.

Pensé en escribirte esto aquí, porque todo esto te lo hubiese dicho igualmente, pero en este blog público todo el mundo tendrá la oportunidad de conocerte, de saber quién eres, y de sonreír contigo y con un alma que es, ante todo, artista y arte. Y creo que los artistas, sobre todo los que trabajáis por encima de todo la comedia, sois la fuente de inspiración más grande para los que intentamos salir adelante día tras día. Por eso vuestra vida es tan dura: porque hacéis sonreír a otros, pero además tenéis que sacaros una sonrisa a vosotros mismos, y eso, sin duda, es lo más difícil.

Recordemos entonces la famosa frase: “el show debe continuar”. El mundo puede caerse en pedazos. Se puede partir el alma del artista. Pero el show debe continuar. Cada día.

Te quiero, y te queremos. Eres mi amiga, y lo serás siempre. Como diría el general Patton, “cada maldito día de mi vida”. Tienes en mí, ahora y siempre, una mano amiga. Y alguien que hará cualquier cosa que puedas necesitar, hoy y dentro de un millón de años.

No hemos dejado de ser amigos. Nos hemos convertido en los amigos en la distancia que existían antes de que existiesen las redes sociales.

Pero la distancia no es el olvido; es solo el recordatorio de una amistad que está presente, y que seguirá estando presente toda la vida.

Siempre tuyo: Iñaki “Darkness” Campomanes.

P.D.: el callsign de piloto, o si quieres llámalo nick entrecomillado de la línea anterior, que hacía años no lo usaba, lo uso aquí ahora por ti, tú sabes por qué. Un superbeso.  Y un fuerte abrazo.


 

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Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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