Marte, ciencias y pseudociencias con Niels Bohr

Hace unos días comenté el gran éxito del vehículo Perseverance, el cual fue depositado en suelo marciano con exquisita delicadeza, en una maniobra absolutamente brillante, que, lejos de parecer sencilla, es una proeza de ingeniería.

Ahora ha llegado un vídeo, que incluyo abajo, con imágenes reales del descenso, que la NASA ha ofrecido, para que todos podamos contemplar esa hazaña de la ingeniería y la ciencia. Una hazaña incontestable que, sin embargo, algunos insisten en poner en duda.

Modelo de aterrizaje (O amartizaje, como prefiera) del Perseverance.

Y es que, por cada logro científico y humano, un grupo de individuos siempre negará los hechos, porque se les enseñó a no creer en nada, excepto en lo que deben creer. Y es una pena, porque se pierden todo un mundo de maravillas. Por cierto: he apostado cien euros (es mi tope máximo) a que el Perseverance descubrirá signos de antigua vida en Marte. ¿Por qué los he apostado? Lo contaré otro día.

¿Qué hacer en estos casos, con esos individuos que niegan, una y otra vez, cada logro científico? Tomar una actitud comprensiva, y no intentar convencerles de su error, porque eso solo servirá para que insistan más en sus ideas.

Hace poco me pasó con un individuo que me decía que todas las señales y vídeos de la NASA estaban hechos de tal forma que parecieran reales. Cuando yo le explicaba que la telemetría no se puede falsear hasta ese punto, y que se puede verificar que las señales proceden de Marte, me contestaba que existen tecnologías que ni yo ni nadie conoce, y que permiten crear esas falsas señales.

¿Lo ve? No es necesaria ninguna prueba. Solo crearse una fantasía, y vivir en ella. Es una forma de esquizofrenia y psicosis colectiva llevada a sus máximas consecuencias. Ese hombre no creerá en ninguna prueba; solo creerá que todo es una trampa, una mentira.

Por eso es inútil hablar con esta gente, y es mejor que sigan en sus mundos de faunos y unicornios. Mientras tanto, seguiremos adelante con la Luna y con Marte, porque la humanidad no puede, ni debe, detenerse.

Y, ante el argumento “es un gasto inútil frente a los problemas que tenemos aquí”, debe saberse que las tecnologías de la astronáutica han dado como consecuencia el mundo tecnológico actual, y los estudios en medicina de los astronautas han permitido desarrollar muchas tecnologías médicas hoy disponibles en los modernos hospitales. Y no veo a nadie llegando a un hospital y diciendo: “¡no me haga un TAC o un escáner de positrones, que son tecnologías desarrolladas por la ciencia!

Pero lo más importante es: el gasto de la NASA es solo una fracción de lo que cuesta mantener un solo portaaviones estadounidense cada año. Eso da una idea de las ventajas de la astronáutica, y no imaginemos si se gastara lo que realmente se debería gastar.

La anécdota de Bohr.

Todo esto me recuerda a una anécdota que se cuenta de Niels Bohr, importantísimo físico danés, premio Nobel, uno de los padres de la física cuántica, y némesis de Einstein en sus discusiones sobre la naturaleza de la mecánica cuántica.

Se cuenta que, en una ocasión, un alumno entró en su despacho de la universidad. Y el alumno vio una herradura colocada sobre la pared. Como sabrán, se dice que una herradura puesta con los extremos hacia arriba da buena suerte. La conversación fue algo así:

—Doctor, disculpe que le comente. Tiene usted una herradura de la suerte colocada en la pared.
—Así es —contestó Niels Bohr.
—Pero, usted no creerá en esas supersticiones sobre la suerte que trae una herradura, ¿no es así?
—Tiene usted toda la razón, joven. No creo en absoluto en esas cosas.
—Entonces, ¿por qué tiene puesta ahí la herradura? —El doctor Bohr miró un instante al joven estudiante, y contestó:
—Porque me han dicho que me traerá suerte; lo crea, o no.

Pragmático y práctico hasta el final, ese era Bohr. Y esa es la actitud a seguir. Cuando nos digan que esto o aquello funciona, y nos insisten en ello negando cualquier evidencia científica sobre lo contrario, lo mejor es no intentar contradecir a esa persona, que se encerrará en sus ideas, cada vez más.

Se ha de explicar ciencia, pero no a cualquier precio.

Esto no significa dejar de explicar ciencia. Pero un grupo de gente nunca creerá en la ciencia y la tecnología, aunque la use cada día. La solución, una vez más, es la educación: enseñar a los jóvenes a distinguir realidades de falsedades, y hacerles entender que esas señales de la NASA no son una sofisticada trampa para hacernos creer que llegan de Marte. Llegan del planeta rojo, y son reales y auténticas.

Les dejo con una frase de Bohr, que demuestra su carácter, hombre humilde, muy apartado de los focos siempre, y convencido de que la ciencia y la filosofía han de ir unidas. No en vano, cuando Einstein insistía en que Dios no juega a los dados, negando la realidad de la física cuántica, Bohr le reprendía:

“Albert: no le digas a Dios lo que tiene que hacer con el universo”.

Una idea muy buena de que el universo es como es, y al universo no le importan ni le interesan nuestros prejuicios. Si queremos conocer la realidad, sea cual sea esta, genial. Sino, sigamos creyendo en misticismos y pseudociencias.

Al universo, como a Bohr, no le va a importar lo que pensemos o dejemos de pensar. Y a nosotros solo nos va a importar conocer, cada día, una porción más del universo.

Ese es, sin duda, el mayor viaje de la humanidad. ¿Se apunta?

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

Un comentario en “Marte, ciencias y pseudociencias con Niels Bohr”

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