Un salto atrás en la física para un nuevo impulso

Hoy he estado leyendo un interesantísimo artículo de un físico altamente implicado en los trabajos relacionados con el CERN de Ginebra, Ben Allanach, y concretamente con el famoso acelerador de partículas LHC. Sí, ese que nos engullirá a todos en un agujero negro.

Reconozco que he empezado la lectura con cierto pesimismo, esperando otro evangelizador de ideas que no tienen base alguna experimental y no son falsables, y viendo el tono inicial del mismo, muy similar a mucho otro material que se publica actualmente. Luego he empezado a creer que el texto iba a darme una desagradable sorpresa, cuando ha empezado a hablar de la teoría de cuerdas, y, sobre todo, de la supersimetría. Ambas, cuerdas y supersimetría, son dos ideas que llevan años encima de las mesas de los físicos, y que no han aportado nada concreto; solo números y más números, pero sin resultados visibles y evidentes. Incluso el autor del texto parece reconocer que la supersimetría, que era la gran esperanza de la teoría de cuerdas, es una quimera sin base científica alguna. El artículo comenzaba a tomar un tono mucho más prometedor.

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Partículas conocidas y sus hipotéticas compañeras supersimétricas

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La Era Oscura de la física teórica

Es posible que el título de esta entrada sea algo catastrofista. Pero no está demasiado alejado de la realidad.

Me explicaré. La física que se conocía y teorizaba hace 70 años disponía de una serie de elementos clave que explicaban las características generales del universo. Esto se puede ver con un ejemplo creo que muy evidente: Peter Higgs, el hombre que desarrolló la idea de la existencia del bosón de Higgs, nació en 1929, y propuso su idea del famoso bosón de Higgs, que algunos llaman con gran error “la partícula de Dios”, en los años sesenta.

Recientemente se ha verificado su idea, pero eso no debe hacer olvidar un aspecto crítico de lo que le ocurre actualmente a la física teórica: en los últimos 50 años, no ha habido pasos significativos. Podemos decir, sin ninguna duda y con entusiasmo, que se han apuntalado muchos de los aspectos de lo que en física se conoce como Teoría Estándar, que explica tres de las cuatro fuerzas conocidas: el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil, y la fuerza nuclear fuerte. Pero deja atrás la cuarta fuerza, la gravedad, que en realidad ni siquiera es una fuerza, sino una distorsión del campo espacio-temporal del universo, como perfectamente explica la teoría de la relatividad general de Einstein. Se han dado avances, pero no se han constatado grandes logros; solo se han resuelto los que ya estaban planteados muchas décadas atrás.

Varios son los retos que la física debe superar actualmente, y que tozudamente se resisten a ser resueltos, por razones que van desde poca inversión, desidia, y obsesión por los resultados rápidos. Explicaré todo esto a continuación.

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Aspectos de la nueva física aplicada a la materia bariónica

Tremendamente interesante me ha parecido este artículo de Scientific American que abunda en el descubrimiento de una partícula bariónica con cuatro veces la masa de un protón, que comenté recientemente. El hecho de que se descubran partículas teóricas que, se suponía, deberían poder existir, es un hecho de una importancia capital para entender los aspectos más detallados y la estructura de la materia y la energía. Poder explorar nuevas partículas abre un campo de posibilidades inmenso.

Pero vamos a ver y a resumir el contenido de este artículo, indicando brevemente sus características:

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Un protón, donde se tienen en cuenta las interacciones de las partículas virtuales

 

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No, el CERN no nos destruirá con un agujero negro

Guido Tonelli es uno de los físicos responsables de haber encontrado pruebas certificadas del famoso bosón de Higgs en el acelerador de partículas del CERN, en Ginebra. En esta entrevista reciente se puede conocer su trabajo, y su libro “El nacimiento imperfecto de las cosas”, donde habla de su actividad, y del descubrimiento del bosón de Higgs. Una entrevista que comienza con la famosa frase “La partícula De Dios”.

No, por favor, no. Dejemos ya la “partícula De Dios” de lado. Fue el título que le dio un periodista al ver que era una partícula fundamental para cerrar el círculo de lo que se llama la Teoría Estándar, que es la teoría actual que explica la naturaleza y física de tres de las cuatro fuerzas fundamentales del universo: el electromagnetismo, la fuerza nuclear fuerte, y la fuerza nuclear débil. Pero dejemos a Dios tranquilo ya de una vez.

Hablaremos pronto de estas tres fuerzas, y de la mal llamada “cuarta fuerza”: la gravedad. Porque sí, también es erróneo creer que la gravedad sea una fuerza, aunque se puede entender como tal en ciertos aspectos básicos.

Sin embargo, me gustaría comentar un aspecto que indica Tonelli en la entrevista: sigue recibiendo cartas de gente preguntando si va a crear un agujero negro que acabe con el mundo.

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No; el CERN tampoco abrirá portales a otros universos, ni Gordon Freeman aparecerá para salvarnos

El tema no es baladí. Cuando se empezó a operar el CERN con las nuevas energías con las que trabaja, mucha gente creyó que podría crear un agujero negro, que crecería hasta destruir la Tierra, y luego el sistema solar, completamente. Preguntar es bueno, dudar es bueno, plantearse situaciones hipotéticas que podrían ser reales es importante. Pero llega un punto, cuando las cosas se han explicado mil veces, que se hace evidente que hay gente a la que ninguna explicación les parece suficiente. Es como lo de la Tierra plana (conozco una persona que lo cree firmemente), o que no se ha llegado a la Luna (conozco a varios de estos). El problema no es dudar, eso está bien. Pero existen límites.

En el caso de crear un agujero negro, no hace falta ser un doctorado en física para entender que jamás estaremos en peligro. Hay dos razones, una es más técnica, la otra es más inmediata. Comenzaré con la más inmediata, que dice:

Cualquier cantidad de energía generada en el CERN por la colisión de dos partículas, será siempre una fracción de la energía máxima que se genera desde la radiación cósmica que interactúa con la atmósfera de la Tierra.

La radiación cósmica, que por cierto es el mayor problema para el viaje a Marte, es una lluvia constante de partículas subatómicas que penetran en la atmósfera a altísimas velocidades, de hecho a velocidades relativistas, y colisionan con partículas de la zona superior. Estas colisiones generan una cantidad de energía muy superior a la que se podría crear nunca en el CERN. Estamos hablando de varios órdenes de magnitud. Si estas colisiones no han generado agujeros negros que se coman el planeta, lo que hace el CERN es un juego de niños en cuanto a energía se refiere.

El Segundo punto más técnico está relacionado con la radiación Hawking. El profesor Stephen Hawking teorizó que los agujeros negros deben desintegrarse en un factor que es la inversa de la masa de dicho agujero negro. Así, un agujero de la mitad de la masa de otro se desintegrará al doble de velocidad. Si tenemos un agujero negro que es la suma de dos partículas, su tamaño es tan pequeño que la radiación Hawking lo desintegra mucho antes de que pueda empezar a comerse a nadie. Fin de la historia.

Internet está lleno de bulos y cuentos de todo tipo, y el agujero negro que nos devorará por culpa de unos científicos locos e inconscientes está a la orden del día. Pero no, los agujeros negros no son algo que se pueda crear en un laboratorio, y mucho menos verlos crecer como si fuesen la planta de la cocina. Esta historia, como muchas otras, seguirá estando presente en los hilos de Facebook y webs de visionarios e iluminados. Pero podemos dormir tranquilos.

Si algún día llega realmente un agujero negro a la Tierra, primero hemos de tener en cuenta que atravesaremos lo que se conoce el horizonte de sucesos sin darnos cuenta. Luego el tiempo se irá enlenteciendo paulatinamente, aunque nosotros no nos daremos cuenta. Y, finalmente, quedaremos convertidos en… Bueno, podremos lucir figura en la playa. Una playa y un planeta que cabrán en una cuchara de café. A ver quién levanta esa cuchara. Por cierto, el martillo de Thor, se dice, está hecho de materia de agujero negro, por eso no puede levantarse. Pero eso es fantasía. Como pensar en un agujero negro en el CERN. Pura fantasía.


Más información sobre agujeros negros en este enlace.

 

Otra partícula más, y van…

Cada semana, muchas webs de información científica se afanan por atraer, con gran desesperación, al incauto lector que pasa por sus páginas y el Facebook, intentando que preste atención a su magnífica noticia, que es por supuesto casi siempre exclusiva, y en donde se habla de un descubrimiento que cambiará la física y el cosmos tal como lo conocemos. Ya he hablado antes de ello, se llama en inglés “Clickbait” y consiste en atraer al lector como sea.

La verdad es que, para los que somos amantes de la ciencia, nos apena ver cómo páginas prestigiosas caen cada vez más en la trampa de querer atraer visitas a base de titulares espectaculares, con noticias sorprendentes que luego quedan en nada. Se tergiversa la información, y se sigue ese viejo principio del mundo del periodismo:

“Nunca dejes que la verdad te estropee una buena noticia”.

Tenemos que aprender que cada semana no va a descubrirse una nueva partícula, no se va a verificar una nueva ley física, ni va a aparecer una teoría que rompa con todo lo anterior. Estas cosas ocurren, pero se requiere tiempo, años de trabajo, para poder confirmar una noticia. Hoy en día, si no hay un par de titulares llamativos por semana, parece que está todo perdido.

Y como una imagen vale más que mil palabras, os traigo un ejemplo de hoy mismo. No voy a comentar qué web es porque no se trata de criticar a este o a aquel. Sí, hay que atraer lectores, pero hay que hacerlo con una ética periodística y profesional, no a base de titulares que solo quieren que pulses el enlace.

En la imagen adjunta podéis verlo. Titular: “El CERN confirma la existencia del bosón Madala”. En el texto interior: “parecen confirmar la existencia de una partícula subatómica”. O sea, primero se confirma un bosón. Luego parece. Y luego ni siquiera se sabe si es un bosón.

Luego, si buscas más en Internet sobre este tema, tampoco ha sido exactamente el CERN sino un centro colaborador. Y, para terminar de estropearlo todo, abajo, lo he indicado en rojo también, el Sigma de este descubrimiento es 3. ¿Qué es el Sigma? Es una medida que usan los físicos para determinar la validez de un descubrimiento. El Sigma mínimo para tener una certeza de que el experimento es correcto es Sigma 4.9 aproximadamente o superior, depende del experimento.

Conclusión: ni es el CERN, ni se ha descubierto, ni se ha confirmado, ni hay pruebas fehacientes. Hace dos semanas hubo un caso similar que quedó en nada. Yo no digo que finalmente esta partícula no exista; lo que digo es que se están falseando datos para atraer lectores. Y eso, amigos, ni es ciencia, ni es periodismo.
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Cuidado con las noticias espectaculares. Revisad cada nota que leáis. No deis nada por hecho ni confirmado de entrada. Dudad. Ese es el principio de la ciencia. Dudad. Y funciona.

Large Hadron Collider: la máquina del tiempo

Gasto inútil. Obra faraónica. Pérdida de tiempo y de recursos. Tontería y capricho de cuatro científicos estúpidos y locos. Estos son algunos de los calificativos que mucha gente aplica al Large Hadron Collider (LHC), o, en castellano, Gran Colisionador de Partículas. El instrumento más complejo que se ha diseñado nunca para estudiar los aspectos más íntimos de la estructura del universo.

En este pequeño artículo, vamos a explicar por qué esa gente está equivocada, y cómo, los antepasados del LHC, han salvado y salvan millones de vidas todos los años. Sí, estimado lector: esos instrumentos que habrás visto alguna vez en una cirugía, en una prueba médica con rayos X, ecografías, tomografías, escáneres por positrones… Todos ellos son, en mayor o menor medida, fruto y resultado de máquinas anteriores al LHC, o de experimentos con partículas. Ahora, el LHC nos quiere enseñar lo que esconde el universo. ¿Cómo? Vamos a verlo.

Una sección del túnel del LHC en el CERN.
Una sección del túnel del LHC en el CERN.

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