Música para mis oídos, caminos para el futuro

Recientemente explicaba que este blog ha caído en picado en visitas. ¿Soy un inútil? ¿La gente me odia? No. La gente me odia, pero no por el blog, sino por mi carácter taciturno, aburrido y perverso. Lo que le ocurre al blog es distinto: Google sigue favoreciendo a quienes pagan para salir en las primeras posiciones. Y, mientras tanto, los mortales somos olvidados y vilipendiados.

Pero una demanda conjunta de más de treinta estados de Estados Unidos se ha interpuesto contra Google precisamente por prácticas monopolísticas y por favorecer a unos frente a otros por intereses propios. Lo cual demuestra que a veces incluso acierto en mis conclusiones.

Y, para celebrarlo, traigo aquí, un día más, un poco de música para este fin de semana previo a la navidad. Una navidad compleja, difícil, pero que intentaremos pasar del mejor modo posible. Y un recuerdo a todos los que se han ido este año. Por el Covid, o por las causas que sean. No os olvidaremos.

El camino puede ser duro, árido, lleno de dificultades. Pero es un camino. Y, mientras haya una ruta que seguir, debemos seguir adelante. Siempre, sin desfallecer.
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Solo cenizas lanzadas por el viento al cosmos

Es miércoles musical, que llevaba tiempo sin atender esta meta.

Si algo aprendí de la generación del 98, y de libros como “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, o “San Manuel bueno, mártir” de Miguel de Unamuno, es que la religión puede explicarme lo que quiera, y prometerme lo que quiera. Sin embargo, fue el existencialismo, más que cualquier materia científica, el que me ayudó a comprender que somos un momento en la historia del universo. Y me enseñó a aceptarlo, con todas sus consecuencias. Ese es el primer paso, que no el último, para alcanzar la sabiduría.

Porque entender nuestro sitio en el universo, y nuestra naturaleza real, es la base para luego poder comprender todo lo demás. Si empezamos por no aceptar nuestro sitio en el universo, difícilmente podremos aceptar el sitio que ocupan los demás elementos de la vida, de la naturaleza, de la galaxia, y de todo cuanto nos rodea.

A veces bromeo con mi hermana, diciéndole que, el día que me jubile, buscaré la motosierra más potente, y partiré el maldito ordenador en mil trozos, para lanzarlos a un contenedor, viendo cómo se lo lleva el camión de la basura. Llevo demasiados años delante de una pantalla.

Pero eso es solo una fantasía.

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Escritores, maremotos constantes de tensión, pasión, depresión y tormento, sueños y pesadillas de las que nacen nuestras leyendas, nuestros textos

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