Linda Ronstadt, cuando la voz es el origen

Miércoles, y en esta ocasión volvemos con la música. Cuando tenía diecisiete años, y una vida que era el preludio de un caos que se avecinaba, entré a formar parte de un grupo de música, centrado en el folk–rock-country americano. Éramos seis: una joven cantante con mucho talento, dos guitarras, bajo, que era mi instrumento, batería, y una chica de veinticinco años al piano, que era por supuesto muy vieja desde mi juvenil punto de vista.

En ese grupo se interpretaban canciones de diferentes artistas y grupos, y así fue cómo llegué a conocer a Linda Ronstadt, artista de cuyo repertorio interpretábamos varias piezas. Puede que el nombre de Linda Ronstadt no sea muy popular en Europa y en España, pero si le digo que tiene trece Grammys, fue nominada a otros veinte Grammys, aparte de una lista de otros premios interminable, creo que quedará claro que esta mujer es un referente de la música americana del siglo XX.

Esta artista, nacida en 1946 en Tucson, Arizona, ha inspirado a varias generaciones de músicos y cantantes posteriores, y está actualmente considerada un icono musical y artístico, y su obra se ha dispuesto para preservación junto a la de otros grandes artistas.

Naturalmente, su sonido queda ya alejado de las tecnologías y efectos especiales de hoy en día, con un sabor añejo y, como se dice ahora, “vintage”. Y menos mal, porque así podemos disfrutar de la artista en su estado puro, y no de una elaboración informática que muchos llaman música, pero que tiene menos alma que una piedra.

Linda Ronstadt siempre quedará en mi recuerdo por el impacto que me produjo conocer, e interpretar, sus canciones en directo, y por la profundidad y cualidades sobresalientes de una voz irrepetible.

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Crosby, Stills & Nash en estado puro

El otro día comentaba cómo la música en directo, sin filtros, sin efectos, sin informática, es la que prefiero. Música que nace y se expresa tal cual es, sin aditamentos, sin añadidos artificiales. Porque un artista lo es cuando se expresa puro, desnudo, en el escenario. En comunión directa con los espectadores. Puse un ejemplo con Sheryl Crow.

Hoy me gustaría traer aquí otro ejemplo, de un grupo que quiero y admiro desde hace demasiados años: Crosby, Stills & Nash, un trío de música de folk rock de un estilo puro y directo. En ocasiones otro grande, Neil Young, se ha unido a ellos en algunos conciertos y discos.

Llenar un concierto de dos horas de tres guitarras y tres voces. Nada más. Hay que ser bueno, realmente bueno, para mantener la pasión y la tensión musical con solo tres guitarras y tres voces. Pero ellos lo consiguen con una calidad desbordante y absoluta.

No estoy en contra de los efectos y las luces, pero creo que eso forma más parte de un espectáculo que de música. Para mí, y es mi personal opinión, música es poner a un músico delante de un escenario, con su guitarra como en este caso, y hacer que el público vibre durante una hora o dos horas. Lo demás, bueno, aditamentos, que están bien. Pero a mí denme la máxima pureza por favor. No quiero trucos ni engaños. Ni en la música, ni en la vida. Disfruten de Crosby, Stills & Nash.

 

Quien pudiera guardar la vida en una botella

Empezamos la primera entrada del año 2018 con un poco de música, y también con nostalgia, en este frío día de enero en mi pueblo (marcan 22 grados en este momento).

Esta canción de mi juventud está interpretada por Jim Croce, se titula “Time in a bottle” (el tiempo en una botella) y nos trae una maravillosa idea que supongo todos hemos tenido, de poder guardar esos maravillosos momentos de la vida, los pocos que muchas veces suceden, en una botella, para luego disfrutarlos en cualquier momento.

La vida son momentos, y los buenos merece la pena recordarlos con ilusión y cariño. Tampoco debemos aferrarnos a los recuerdos, porque los recuerdos que nos llevan al pasado, olvidando el presente, e ignorando el futuro, son cadenas que nos atan a la melancolía, y al sufrimiento.

La canción está en inglés, pero con subtítulos en español para que quien no conozca la lengua de Shakespeare pueda disfrutar plenamente de su mensaje, que merece la pena, sin ninguna duda. Un abrazo, y gracias por estar ahí.