Internet: El Paraíso perdido de los libros

Nota: este es el artículo número 1000 del blog. Pronto lo celebraremos. Nada de tener que hacer nada especial, ni de acertijos, ni de tener que compartir o dar “me gustas” para entrar en sorteos. Se tratará de un sencillo regalo para ustedes, sin distinción ni elecciones ni azar. Muchas gracias por su apoyo. A los veteranos, por seguir ahí, y a los que acaban de llegar, por haberse animado a seguir el blog. Yo intentaré seguir escribiendo sobre ciencia, humanidades y literatura mientras tenga fuerzas para ello. Muchas gracias.

En esta nueva entrada literaria, quiero ponerme nostálgico, recordando una época en la que un lector y un libro formaban una simbiosis perfecta donde nada ni nadie podía romper la magia que se produce entre el lector y el autor. Y no es que ahora no sea posible algo así. Es posible; pero existe un ruido que antes no existía. Un ruido que se mete y entromete en nuestras vidas, y que distorsiona nuestra realidad constantemente. Me refiero, por supuesto, a Internet.

El otro día estaba dando mi acostumbrado paseo de sábado por la playa, cuando pasaron frente a mí un nutrido grupo de jóvenes adolescentes con sus móviles. El caso es que era un grupo bastante numeroso, y todos tenían algo en común: iban caminando cerca de la arena, con el móvil en mano, mirando atentamente la pantalla, atrapados en el azul de la pantalla brillante. Parecía que estaban encantados por el Señor Oscuro mirando el Palantir, la bola mágica de El Señor de los Anillos donde aparece el Ojo de Sauron y que atrapó al hobbit Pippin.

Como sabrán, eso es peligroso, y se producen accidentes. No por mirar el Palantir claro, sino porque puede aparecer cualquier obstáculo peligroso que produzca aparatosos accidentes. Aunque el mayor accidente es perderse en la pantalla, teniendo la realidad delante de sus ojos.

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Pippin quedó atrapado por la visión del Palantir. Algunos objetos mágicos tienen el poder de atrapar a sus usuarios. Los espejos son un clásico. Ahora algo similar ocurre con los móviles, pero no tiene nada de mágico.

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May it be, la voz de Irlanda es Enya

Sigo atentamente, con interés, y con preocupación, todo lo relacionado con el famoso Brexit, la salida del Reino Unido de Europa. Ya he hablado de ello en otras ocasiones. No lo haré ahora, en todo caso cuando todo vaya a explotar, como parece que va a suceder, y como predije que ocurriría cuando hice mi primera entrada sobre este tema.

Me preocupa a todos los niveles, pero sobre todo a nivel humano. Esa idea enfermiza de que Europa es el demonio, cuando no es más que una organización política y económica. No es perfecta, pero es mejor que andar organizando guerras. ¿Sabe usted cuántas guerras ha habido en Europa en los últimos 500 años? Demasiadas, puede estar seguro. Prefiero una organización corrupta pero que mantiene en paz al continente que cualquier guerra, por pequeña que sea.

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El legado de “El Señor de los Anillos”

Miércoles. Es decir, música.

Suelo decir, y es cierto, que son escritores como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke los que más me han influido en mi vida a la hora de imaginar historias. Pero estoy siendo injusto, cuando no introduzco el nombre de un hombre muy especial, un mago de las letras: J.R.R. Tolkien. El padre de “El Señor de los Anillos” o “El Hobbit”, creo que supera todos los sueños de lo que un escritor puede llegar a crear con una simple pluma.

Porque no nos podemos llevar a engaño; hay grandes escritores, y no a todo el mundo le gustará la obra de Tolkien. Es normal. Pero nadie puede negar, ni por un instante, su magnificencia, su visión gigantesca de un universo casi infinito, y su capacidad para crear mundos inagotables, que son tan reales como lo es el Sol al amanecer. Un Sol que brilla con una luz interminable, que pervivirá siglos. El nuevo Homero del siglo XX.

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Música para el Señor de los Anillos años 70

No todos los miércoles toca incluir una entrada musical. Pero hoy sí. Camel es un grupo de los años setenta y ochenta, que siempre me entusiasmó por su finura, su calidad en las composiciones, y su brillante sonido armónico.

Camel entra dentro de lo que se llama “Rock progresivo”, una de las ramas del rock sinfónico. Se caracteriza por composiciones largas, de nivel medio en complejidad, sonidos depurados, y temas dramáticos y de fantasía.

El tema que traigo hoy se compuso en 1974, dentro de su primer disco. Su título es “The White Rider” (El jinete blanco). Se inspira en las escenas donde Gandalf cabalga con SombraGris, su caballo, camino del Reino de Gondor, para advertir del peligro que se cierne sobre la Tierra Media. Todo ello, por supuesto, dentro del mundo del maravilloso e increíble libro “El Señor de los Anillos”, obra maestra de la literatura.

Cuántas veces he cabalgado con Gandalf a lomos de esta brillante y maravillosa composición, con una fuerza y una energía demoledoras. Sin duda discos como este merecen un puesto en la historia de las mejores composiciones del siglo XX en lo que a música rock se refiere.

Señoras y señores, con ustedes, Camel, y un trocito de “El Señor de los Anillos” para llevar a todas partes. Cuántas cosas tenemos que agradecerle a J.R.R. Tolkien. Cuántos sueños maravillosos de un maestro de las letras.

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