Veintiocho puentes o veintiocho muros

La Unión Europea ha estado formada en los últimos tiempos por veintiocho países. Ahora son veintisiete por la salida de Reino Unido por el Brexit. Salida que yo personalmente doy por hecha, y además sin acuerdo alguno. Puede que me equivoque claro, pero ya dije, en su momento, que la salida sin acuerdo era lo mejor para el Reino Unido, porque así constará, de forma clara y precisa, lo que significa. También dejará constancia al resto de países lo que supone salir de la Unión Europea.

Alguien podría pensar que yo quiero eso para el Reino Unido. Ni mucho menos. Personalmente preferiría que se quedasen en la Unión Europea, porque la salida de la misma de un país tan importante causará efectos desastrosos a ambos lados del Canal de la Mancha. Pero los más afectados serán los británicos, eso es evidente.

FILE PHOTO: A barbed wire is seen in front of a European Union flag at an immigration reception centre in Bicske

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Brexit: el mensaje del miedo

Hablé del Brexit hace poco, en relación a la necesidad de que dicha operación sea en su versión “dura”. La razón de apostar por el Brexit “duro” no es que yo esté esperando el mayor de los males con el Reino Unido, y también con la Unión Europea. Mi razón es de carácter estratégico: un Brexit duro demostrará fehacientemente quién estaba equivocado y en qué. Pondrá las cartas sobre la mesa, y dejará claro si la estrategias del individualismo y de los muros, físicos y mentales, son lo mejor para avanzar como sociedades modernas.

Yo por supuesto apuesto por la unidad de todos los pueblos de la Tierra. Pero como eso solo es una utopía irrealizable y alguien me va a tildar de soñador loco, me conformaré con pretender la unión de los pueblos de Europa. También utópico, pero un escalón por debajo de la utopía total.

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Brexit: dejad que el Reino Unido caiga

Cuando escribo estas líneas, el ministro británico del interior, David Davis, ha dimitido como miembro del gobierno de la primera ministra, Theresa May.

Davis, uno de los partidarios del ala dura del partido y de romper totalmente con la Unión Europa, está en contra totalmente de acuerdos que diluyan la capacidad de respuesta y de toma de decisiones del Reino Unido. “Brexit es Brexit” es el lema entre los euroescépticos. Y así ha de ser.

Durante la segunda guerra mundial, y ya desde el inicio, la Kriegsmarine, la marina de guerra de Alemania, tenía como objetivo ahogar a Reino Unido comercialmente, evitando que las islas recibieran recursos, para de este modo, obligar al gobierno de Winston Churchill a capitular, y pedir un armisticio a Hitler. De hecho, el propio Churchill lo dejó claro en sus memorias: “durante la guerra, lo que más me preocupó fue la Batalla del Atlántico”. Y era así. Esta batalla, que se basaba en el uso de sumergibles alemanes para hundir los barcos mercantes ingleses y de otras nacionalidades, hizo muchísimo daño a la economía británica. Fue luego, con mejores técnicas de defensa como el sónar (Asdic), y aviones, así como con el radar, cuando se dio vuelta a la dramática situación.

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Cataluña, el día después

Bueno, más o menos supongo que todos sabrán de lo que hablo. El “tema Cataluña” lo ha invadido todo en España, es evidente que toda España hierve con este tema. Probablemente hayan llegado noticias a los lectores de Sudamérica.

En todo caso, este es un tema, desde el punto de vista político, apasionante. Como analista político aficionado de tercera regional que soy, me encantan estos temas. Atención, no hablo de que me divierta o me guste ver que hay problemas; me refiero a que el estudio de lo que ocurre es tremendamente interesante. Pero, por supuesto, serán los años, y las décadas, las que den la perspectiva correcta a esta situación.

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El eje angloamericano y su apoyo a Europa

Antes de nada, he de decir que no tengo nada en contra de Reino Unido y de Estados Unidos. Al contrario, son dos grandes países, y personalmente creo que hay muchos aspectos admirables en su historia y su cultura. Pero parece que últimamente han decidido que deben dejar de lado ciertos aspectos de su pasado como grandes países, y aislarse del mundo tras murallas de piedra y de ideas. Son libres de hacerlo, por supuesto. Pero no deberían olvidar que el aislamiento significa precisamente dar la espalda al mundo. Si ellos creen que solos van a ser y a vivir mejor, adelante. Pero la historia, que es tozuda, nos explica otras cosas. Este documento habla de gobiernos. Nunca de los pueblos que sufren esos gobiernos. Vamos a verlo.

Quién iba a decirlo. La vieja Europa, siempre renqueante desde que perdió el vigor de la juventud, desangrándose en incontables guerras, especialmente muy cruentas en los siglos XVIII a XX, ha visto cómo los demás eran los que manejaban sus hilos políticos y económicos. Desde antes de la segunda guerra mundial, Europa se ha ido arrastrando pidiendo una limosna a quien pudiera dársela, con el fin de recuperar un orgullo que perdió no sabe cómo. Tuvo que reinventarse dos veces, y la segunda vez, en 1945, necesitó de una vía de dinero fresco y constante de allende los mares para poder al menos rehacer la cabeza.

Europa ha sido desde entonces una comparsa mundial. Aunque dos países europeos, Reino Unido y Francia, tienen derecho de veto en las siempre inútiles negociaciones de las Naciones Unidas, ambas han bailado, especialmente Reino Unido, al ritmo de la mano que le dio de comer, y le procuró un sustento, para poder sostener el orgullo patrio. Especialmente Reino Unido, que sigue creyendo que su Imperio sigue vigente, y sueña con aquella grandeza que perdió hace ya tantas y tantas décadas.

Desde la creación de la Comunidad Económica Europa (CEE), y luego de la Unión Europea (UE), que no son lo mismo aunque se confunda muchas veces, el Reino Unido ha sido una astilla en las políticas del continente europeo. Dirigida su mano por el hermano americano, el trabajo de Reino Unido ha sido siempre el de torpedear las políticas europeas en todos los frentes, especialmente en el económico y social.

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Vientos fríos recorren Europa

Dicen que el ser humano no puede viajar en el tiempo. Y es cierto, hoy por hoy es imposible, y quizás nunca podamos. Pero hay una entidad en la Tierra que sí puede viajar en el tiempo: las sociedades, o, en general, los países. Pongámonos en escena:

Te levantas por la mañana. Pones la tele, o te conectas a Internet, y entre sorbo y sorbo de café escuchas a la ministra del interior británica decir que quiere listas de extranjeros en las empresas de su país, y que hay que controlar los flujos de emigrantes para poder controlar la delincuencia, mientras quieren que el máximo porcentaje de trabajadores del país sean británicos, impidiendo la entrada a extranjeros, o eliminando a estos a favor de trabajadores británicos. Y empiezas a plantearte si están poniendo alguna película de ciencia ficción en lugar de las noticias.

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united kingdom exit from europe

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El Brexit no es el problema

Cuando escribo esto, queda una semana para que se vote en Reino Unido si esta nación debe abandonar la Unión Europa, y acaba de fallecer la diputada laborista Jo Cox, de 41 años y con dos chicos. Y todo el mundo se lamenta de estos dos hechos, muy distintos entre sí, y completamente hermanados por un hilo conductor común: el odio. El odio hacia lo que es distinto, a lo que no es de tu casa, de tu barrio, de tu proximidad.

Ese fenómeno lo conoce la humanidad desde hace cientos de miles de años, y se llama tribalización o tribalismo:

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