Brexit: el mensaje del miedo (II)

Sigo con mi seguimiento puntual, detallado y diario de Brexit. Sí, mucha gente está cansada, y yo también, de este tema. Pero como aficionado a la política internacional, y al juego del gato y el ratón que los países juegan constantemente, no puedo resistirme a seguir con detalle este circo que es el Brexit.

El Brexit nació por una idea del primer ministro Cameron, que se jugó el referendum para ganar las elecciones, pensando que ganaría el “no”. Pero la manipulación de la población, y las mentiras directas que se explicaron, más un nacionalismo exacerbado en la idea de volver al Imperio Británico de la época victoriana, hizo que el sí ganase.

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La demagogia y las mentiras cubrieron la votación del referendum del Brexit

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El eje angloamericano y su apoyo a Europa

Antes de nada, he de decir que no tengo nada en contra de Reino Unido y de Estados Unidos. Al contrario, son dos grandes países, y personalmente creo que hay muchos aspectos admirables en su historia y su cultura. Pero parece que últimamente han decidido que deben dejar de lado ciertos aspectos de su pasado como grandes países, y aislarse del mundo tras murallas de piedra y de ideas. Son libres de hacerlo, por supuesto. Pero no deberían olvidar que el aislamiento significa precisamente dar la espalda al mundo. Si ellos creen que solos van a ser y a vivir mejor, adelante. Pero la historia, que es tozuda, nos explica otras cosas. Este documento habla de gobiernos. Nunca de los pueblos que sufren esos gobiernos. Vamos a verlo.

Quién iba a decirlo. La vieja Europa, siempre renqueante desde que perdió el vigor de la juventud, desangrándose en incontables guerras, especialmente muy cruentas en los siglos XVIII a XX, ha visto cómo los demás eran los que manejaban sus hilos políticos y económicos. Desde antes de la segunda guerra mundial, Europa se ha ido arrastrando pidiendo una limosna a quien pudiera dársela, con el fin de recuperar un orgullo que perdió no sabe cómo. Tuvo que reinventarse dos veces, y la segunda vez, en 1945, necesitó de una vía de dinero fresco y constante de allende los mares para poder al menos rehacer la cabeza.

Europa ha sido desde entonces una comparsa mundial. Aunque dos países europeos, Reino Unido y Francia, tienen derecho de veto en las siempre inútiles negociaciones de las Naciones Unidas, ambas han bailado, especialmente Reino Unido, al ritmo de la mano que le dio de comer, y le procuró un sustento, para poder sostener el orgullo patrio. Especialmente Reino Unido, que sigue creyendo que su Imperio sigue vigente, y sueña con aquella grandeza que perdió hace ya tantas y tantas décadas.

Desde la creación de la Comunidad Económica Europa (CEE), y luego de la Unión Europea (UE), que no son lo mismo aunque se confunda muchas veces, el Reino Unido ha sido una astilla en las políticas del continente europeo. Dirigida su mano por el hermano americano, el trabajo de Reino Unido ha sido siempre el de torpedear las políticas europeas en todos los frentes, especialmente en el económico y social.

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Solo puedo prometeros sangre, racismo y xenofobia

Las cosas se ponen difíciles para los extranjeros en Estados Unidos, y en Reino Unido una mujer holandesa, que lleva 22 años en Gran Bretaña, casada con un inglés, y con dos hijos ingleses, ha sido invitada a irse, tal como se indica en una parte de este texto.

Mientras, Donald Trump ataca a uno de los tres poderes, el sistema judicial en su país, olvidando que los tres poderes existen para tratar de equilibrar las fuerzas, de tal modo que ninguno de esos tres poderes pueda tener deseos de ir más allá de lo que debería esperarse de una persona que ejerce un cargo público. El lenguaje fácil de Trump anima a mucha gente a seguirle, porque hace sonar una flauta cuya música invita a caminar incluso hasta el precipicio más alto. En Francia Le Pen pone en aprietos a los políticos tradicionales, y en otros países también las fuerzas extremistas se preparan para tomar el poder. En Rusia, Putin sonríe ante la división de Europa y Estados Unidos, sabiendo que se acerca su momento: el de un occidente dividido, incapaz de tomar decisiones. Como siempre, la historia nos recuerda lo que estas actitudes populistas y demagógicas traen a los pueblos.

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El presidente Roosevelt anuncia el ataque a Pearl Harbor; aquello tuvo un aspecto positivo; hizo callar a los aislacionistas republicanos. Y un aspecto negativo: los campos de concentración de japoneses en suelo estadounidense; nunca imitar las monstruosidades del contrario te hará más efectivo ni mejor

En la primavera de 1940, mientras las tropas francesas e inglesas abandonaban Dunkerque, la Alemania nazi controlaba ya gran parte de Europa. El Reino Unido se encontraba solo frente a aquella máquina de guerra. Hitler pasaba unos días en París, haciendo demostraciones de fuerza con sus ejércitos y con la Luftwaffe de Hermann Goering.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el gobierno republicano insistía en que esa guerra no le interesaba a Estados Unidos, y que Europa debería valerse sola y por sí misma, si quería recuperar la libertad. Franlin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos, apoyaba sin embargo al gobierno inglés. Sabía que, si Reino Unido caía, Estados Unidos estaría en grave peligro. Amenazados en el Atlántico por los submarinos de la fuerza naval alemana, laKriegsmarine, y en el pacífico por la Flota Combinada del Imperio japonés, esa pinza pondría en graves aprietos a un país cuyo ejército era relativamente moderno, pero pequeño y muy poco preparado. Su fuerza aérea era muy pequeña, y sus aviones obsoletos, aunque se empezaban a fabricar unas pocas unidades más avanzadas.

Entonces, el 10 de mayo, Winston Churchill pronunció el discurso más importante de su vida, y uno de los más importantes en la historia de las contiendas bélicas. Su frase “solo puedo prometeros sangre, sudor, y lágrimas”, no era un mensaje populista. No intentaba ganarse al pueblo. Ni engañarlo. Ni mentir. Era la pura y cruda realidad: Alemania pondría a Reino Unido de rodillas si cada británico no ponía de su parte para combatir una ofensiva que dio lugar a lo que se llamó “The battle of Britain” que en español se tradujo como “La batalla de Inglaterra”.

El Reino Unido pudo hacer frente a la invasión nazi, y detenerla, porque se había preparado física y mentalmente. Varios hombres clave comprendieron que era necesario explicar que al fascismo y al nazismo no se le derrotan con palabras, ni con argumentos fáciles de entender, ni con comentarios racistas o xenófobos, ni poniendo muros. Recordemos la gran cantidad de alemanes, polacos, franceses, belgas, holandeses, y de otras nacionalidades que fueron a Reino Unido y Estados Unidos, y que fueron fundamentales durante y después de la guerra para hacer grandes a esos dos países.

Solo un ejemplo puede ser claro: en 1940 se necesitaban pilotos. Cuando los pilotos extranjeros obtuvieron permiso para volar, La Fuerza Aérea británica, la RAF, tuvo en sus manos la capacidad de detener a los alemanes. Juntos, unidos, los pilotos ingleses, con los polacos, con los canadienses, los australianos, los franceses, y de muchas otras nacionalidades, juntos, repito, lucharon contra la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, y vencieron. Algo que parecía casi imposible se logró luchando juntos.

Churchill, que era un hombre muy conservador en muchos aspectos, no era sin embargo un demagogo vendedor de ilusiones, ni le decía a la gente palabras para tenerlos contentos. Les dijo siempre la verdad, y la verdad caló hondo en el pueblo británico.

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“Coraje es lo que se requiere para mantenerse de pie y hablar; coraje es también lo que se requiere para sentarse y escuchar” (W. Churchill).

Estados Unidos y Reino Unido terminaron la guerra como el eje angloamericano aliado que luchó contra la maquinaria nazi y venció. No eran perfectos, por supuesto, y se cometieron errores. Pero lucharon por un modelo de democracia y libertad que durante setenta años ha permitido desarrollar modelos democráticos de libertad y de justicia social y política.

Hoy, las tornas se han cambiado. Los británicos y los americanos se cierran en banda, y las libertades, tan duramente obtenidas, que tantas vidas y sacrificios supusieron, están en juego, precisamente por aquellos que las obtuvieron a base de mucho esfuerzo. Y los soldados de diversos países, que lucharon juntos sin preguntarse de dónde eran, se preguntarían qué está ocurriendo, y para qué dieron su vida.

La demagogia barata y el populismo envuelven a dos grandes países. Y la democracia y la libertad están en serio peligro. El odio a todo lo que sea distinto, o a todo lo que venga de otro país, es la antesala a las peores pesadillas de nacionalismos racistas y xenófobos, donde “lo mío es primero”. Recuerda al niño consentido que patalea porque no tiene lo que quiere cuando lo quiere. Un niño que ha sido educado en el rencor, en la avaricia, en el egoísmo, y en la intolerancia y falta de respeto a todo lo que no sea su voluntad.

Ese niño ha crecido. Y ahora no reclama sus juguetes y los de los demás. Ahora reclama convertirse en fiscal, juez y ejecutor, pasando por encima de cualquier poder, y, sobre todo, pasando por encima de las libertades tan duramente ganadas. Por eso, yo hoy, solo puedo prometeros sangre, racismo, y xenofobia. Como el viejo y cascarrabias de Churchill, no quiero jugar a verlo todo de color de rosa. La cosa pinta muy mal. Y las consecuencias serán una nueva batalla de Inglaterra. Una nueva batalla por la libertad.

Yo me apunto a esa batalla. No consentiré que la memoria de los que dieron su vida por la democracia sean ahora ultrajados y vendidos a cuatro oportunistas demagogos. No lo haré jamás.

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