Explorando los límites de la democracia

La frase de la semana, la polémica frase de la semana, con la que estoy básicamente de acuerdo, nos la trae el 35 presidente de Estados Unidos, el mítico y también polémico John F. Kennedy, también conocido como JFK. Un hombre cuyo mandato fue interrumpido bruscamente con aquel magnicidio en Dallas, que tantas especulaciones y teorías despertó en su día, y que hoy continúa en un halo de misterio.

Y digo que estoy de acuerdo porque, reconozcámoslo: muchos países dotan a la democracia de poderes y capacidades muy superiores a las que ofrece esta herramienta de gobierno. La palabra democracia se usa de una forma tan ligera y pragmática que sirve para justificar casi cualquier cosa. En nombre de la democracia se pueden alcanzar grandes metas, pero también se pueden llevar a cabo las mayores manipulaciones y mentiras.

La frase de Kennedy es:

“La ignorancia de un votante en democracia desequilibra la seguridad de todos”.

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La ignorancia de un votante en democracia desequilibra la seguridad de todos

Los votos dan poder a los partidos, pero no todos los líderes de todos los partidos juegan las mismas cartas. Y algunos de esos líderes saben que, con la palabra democracia en sus labios, podrán justificar actos, eventos y decisiones que tienen poco o nada de democráticos. Siempre “por el bien del pueblo” y “por el bien de la democracia”.

La democracia es entonces manipulada, y convertida en una simple herramienta para alcanzar metas y objetivos que poco o nada tienen que ver con sus principios e ideas.

En tiempos de la antigua Grecia.

La democracia en tiempos de los antiguos griegos no la ejercía todo el pueblo, no lo olvidemos. Se entregaba a las capas superiores, que se estimaba tenían la formación suficiente como para poder votar en conciencia y de forma crítica y racional el voto más adecuado a los intereses de la mayoría.

Esto era en teoría claro, porque luego se ha demostrado la gran manipulación que existía entonces en los votos, con compras de votos para conseguir que este o aquel líder fueran llevados a lo más alto, o mandados al ostracismo. Precisamente la palabra “ostracismo” viene de las ostras donde se apuntaba a aquel que debía ser enviado al exilio, si existía una mayoría. Y fueron varios los manipulados para enviar a enemigos políticos fuera de la esfera política.

Un ejemplo de gran actualidad.

Quizás el ejemplo más evidente y actual de manipulación política con la democracia lo tengamos con el Brexit. Se organizó una asombrosa y poderosa campaña de desinformación y mentiras, ampliamente demostrada, que incluso tiene un símbolo: los 350 millones de libras semanales que iban a ir al sistema de salud si se votaba el brexit. Luego se demostró, de forma inmediata, que esto era falso. De hecho la idea del brexit es desmontar el sistema de salud británico, y convertirlo en un sistema privado de salud según el modelo de Estados Unidos, además de convertir a todo el Reino Unido en un paraíso fiscal en Europa.

Sin embargo, se sigue insistiendo en que “el pueblo votó Brexit” por lo que tiene que haber Brexit, a pesar de que se han visto las muchas y variadas consecuencias, todas negativas, para el Reino Unido y para Europa. ¿Quién gana? Los mismos que apostaron contra la libra, y cuyos intereses por la salida les da un beneficio sustancial en forma de manipulación de la economía. Incluso nombres importantes que dijeron apostar por el Brexit ya han sacado sus empresas de Reino Unido, uno de ellos el gigante de las aspiradoras Dyson. Países como China, Estados Unidos y Rusia están esperando a que Europa se desmonte, para poder repartirse los pedazos. En el caso de Estados Unidos la intención de Donald Trump es tan clara que querría comprar Europa si pudiese, como quería hacer con Groenlandia.

Sí; la democracia debe protegerse, pero de forma razonada y razonable.

¿Estoy diciendo que debe acabarse con la democracia? No, ni muchísimo menos. La democracia es la menos mala de las formas de gobierno, según dijo una vez Winston Churchill, y por ello debemos intentar preservarla. Pero hemos de hacerlo bien. No podemos manipular la democracia para nuestros intereses.

Y, ¿cómo se manipula a la democracia? Manipulando a la población claro. ¿Y cómo se manipula a la población? Impidiendo que esta acceda a los medios de formación y educación necesarios para crear personas con criterio propio. Recordemos que una persona que no tiene criterio propio tomará el criterio de otros con influencia y poder.

Populismo: te diré solo lo que quieres oír, y sentirás un gran bienestar.

Ese es el éxito de los partidos extremistas. Crean líderes fuertes, poderosos en personalidad, que atraen a muchas personas que carecen de criterio propio, y necesitan guías que se conviertan en el criterio del que carecen. Estos líderes  sumarán masas enormes de personas con un nivel educativo bajo o nulo, y con una formación en capacidad reflexiva muy baja, y les dirán lo que tienen que votar, lo que tienen que decir, lo que tienen que aceptar, y lo que tienen que rechazar.

Mediante el concepto de populismo les presentarán un mundo sencillo y básico donde existen buenos y malos, paises amigos y países enemigos, y en donde todo es blanco o negro. Muchas personas se encontrarán a gusto con estas ideas, alejadas de las complejidades de la política real, y seguirán ciegamente a esos líderes. Nada es más placentero que alguien que divide el mundo en dos mitades, y nos dice cuál es la que debemos elegir.

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El autobús del Brexit ha quedado como ejemplo perfecto de manipulación. Se sabía que era mentira su promesa, pero se siguió adelante con esta mentira porque funcionaba muy bien con un tema como la salud de todos. “Recuperar el control del país” es la idea atávica de volver al vientre de la madre, de que algo superior y poderoso, y sobre todo cercano, controlará nuestros intereses frente a injerencias de extraños. El mundo moderno, para lo bueno y para lo malo, ya no funciona así.

Democracia: ahora y siempre.

Necesitamos democracia. Pero, para ello, necesitamos demócratas formados en los conceptos clave de la democracia. Que tengan capacidad de criterio, que huyan de los populismos y de aquellos que nos dicen lo que debemos pensar y cómo debemos actuar.

Necesitamos que los hombres y mujeres de un país puedan saber, con criterio y racionalidad, quién está prometiendo tareas duras pero factibles, que mejorarán el país, y quiénes están usando la democracia para fines personales y de poder. Los primeros son los grandes líderes políticos. Los segundos son oportunistas de feria que buscan arañar votos en base a premisas imposibles de alcanzar, y que saben son imposibles de alcanzar.

Se puede ser de derechas, de centro, de izquierdas, toda vez que, ciertamente, esos conceptos quizás estén un poco superados, es un tema a discutir. Pero lo que sí es cierto es que la política es una materia tremendamente compleja. Véase cómo Donald Trump, en el país más poderoso del mundo, ha tenido que dar marcha atrás muchas veces en muchas promesas populistas que hizo. Sin embargo, sus seguidores siguen creyendo firmemente en él, a pesar de haberse demostrado la gran cantidad de mentiras que ha ido vertiendo a la población, y cómo ha querido manipular situaciones muy diversas en su propio beneficio.

Aún así, muchísimos le aplauden y le siguen, porque nunca tuvieron la oportunidad de formarse en criterios de racionalidad propios. Les enseñaron ciencia y humanidades quizás, pero nunca les enseñaron cómo hacer buen uso de esas materias para aprender a razonar de forma ventajosa. Recordemos que el inteligente no es el que más sabe, sino aquel que sabe obtener mejor provecho de su inteligencia.

¿Usar el modelo griego? No. Nunca.

Alguien podría pensar que propongo volver al modelo griego, donde solo aquellos con formación puedan votar. Formación, que muchas veces es igual a poder. Es decir, solo las capas superiores podrían votar. No sería entonces una democracia universal. Y yo estoy a favor de una democracia universal. Todo el mundo tiene derecho a votar. Lo que digo, y lo que busca explicar Kennedy en su frase, es que hemos de procurar que la gente vote en conciencia y con criterio.

Y para ello necesitamos un sistema educativo que eduque en valores de igualdad, de respeto y de conocimiento. Aprender matemáticas o lengua es importante; aprender a razonar es incluso más importante. Precisamente ese es el objetivo de la filosofía, y por eso soy un gran amante de la filosofía en las escuelas.

Recordemos, finalmente, que una democracia puede ser gobernada por un tirano. Bajo un halo de respeto a la igualdad y a los derechos humanos se puede tener a alguien que usa esas herramientas para sus objetivos propios. Debemos huir de ese escenario, y, para ello, necesitamos hombres y mujeres formados, que sepan razonar y pensar, y con criterio propio. La formación es la base; la consecuencia, mejores gobiernos, más justos, modernos, y equilibrados.


 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “Explorando los límites de la democracia”

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