Políticas de hechos consumados: tres casos

Uno de los aspectos de la política internacional que me parecen más interesantes es ese juego del gato y el ratón entre naciones, que usan sus recursos, legales e ilegales, a la luz de los taquígrafos, y en las sombras, para conseguir sus propósitos. Ayer, revisionando la excelente película “Trece días“, sobre la crisis de los misiles de Cuba, que estuvo a punto de desencadenar la tercera guerra mundial, me pregunté: ¿qué hubiese ocurrido si, en lugar de Kennedy, el presidente hubiese sido Donald Trump?

Nunca lo sabremos. Pero sí sabemos una cosa: Kennedy, y su equipo, junto con el líder de la URSS, Nikita Khrushchev, evitaron lo que parecía una guerra inevitable. No voy a entrar en la clásica dialéctica de quién hizo bien qué, o mal qué, y quién fue culpable, porque hablar de buenos y malos en estos términos es una política reduccionista que no tiene sentido. Por supuesto que se pueden buscar los responsables de que casi comenzase una tercera guerra mundial, pero es mucho más importante, de cara a la historia, al historiador, y al analista político, delimitar los hechos que llevaron a evitar la confrontación.

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El New York Times informa sobre la crisis de los misiles en octubre de 1962

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Un poco de humor con la tormenta que viene

Qué haríamos en el mundo sin un poco de humor. Si tenemos un circo montado en la política internacional, podemos procurar sonreír por un momento. No reír, porque hay muchas vidas en juego, y el futuro de muchos seres humanos. Pero es importante no perder el sentido del humor, y pensar que, con un poco de suerte, esta pesadilla pasará pronto. Yo no creo que acabe la legislatura, y por supuesto creo menos aún que gane otras elecciones. El problema es el daño que puede hacer mientras tanto.

Después de un día bastante agitado, me he sentado un momento y se me ha ocurrido esta tontería. Pero la tontería es ver cómo un hombre gestiona el país más poderoso del mundo como un niño caprichoso y consentido. Un niño al que le han dado un poder inmenso. Y lo peor: está dispuesto a usarlo a cualquier precio. Tanto que aprecian a Dios los republicanos, espero que recen para que paren esta locura. Eso espero.

Un abrazo a mis hermanos mexicanos. Ellos son grandes y maravillosos por sí mismos, y nadie les va a a amurallar su futuro. Ni el de ellos, ni el de ningún pueblo de la Tierra.

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