Conflicto Grecia-Turquía; cuando mi corazón me pide que decida

Nota 1: este artículo ha sido restaurado por un problema técnico que lo había dejado ilegible. Disculpen las molestias.

Nota2: en este texto ofrezco una versión personal y subjetiva de unos hechos actuales sobre un conflicto entre naciones. Pido perdón a quien considere que no soy objetivo. Y tendrá razón; no puedo ser objetivo. Son demasiadas sensaciones, recuerdos, y sentimientos, acumulados en mi corazón como para ignorarlos.

Observo con interés el enésimo enfrentamiento que se está produciendo en estos últimos días de agosto de 2020 entre Grecia y Turquía, en el que, una vez más, cada país expone sus razones para mostrar la bandera de sus armas y sus barcos de guerra, y cada uno de ellos explica por qué es el otro país el que amenaza e intenta una escalada bélica completamente absurda, a la que cada uno de ellos se opone por supuesto.

De hecho, enfrentamientos entre Turquía y Grecia se producen todos los años. Muchos no llegan a ser conocidos, pero los que seguimos ciertas fuentes militares somos conocedores de aquel avión derribado, del otro avión perseguido, o de algún barco amenazado, incluso abordado. Muchas de estas escaramuzas solo tienen una finalidad: probar el espíritu de combate y la resolución de la otra parte. “¿Responderá a mi incursión? ¿Hasta dónde llegará? ¿Puedo jugar al juego de los hechos consumados? ¿Qué apoyos tengo, y qué apoyos tiene la otra parte?”

Una flota de barcos de guerra turcos protege a un buque de prospección petrolífera en una zona que Turquía reclama para sí. La foto es propagandística; esta disposición de los barcos no es nunca usada en zonas de combate, sino para mostrar la bandera y dar sensación de poder.

Acabad con los ejércitos y la guerra.

Mucha gente dirá “¡acabad con los ejércitos!”. Sin duda, sería magnífico poder hacerlo, y sueño con ese día cada noche.

Pero ilusorio. En una situación como la de Grecia, no sería yo el que les dijese a los griegos que depongan las armas, arríen las velas, y fundan los cañones. Y no me importa que se me pueda tachar de belicista; el mundo ha visto demasiada sangre, y verá mucha más, por la eterna historia de siempre: “este territorio, estos recursos, son míos”. En este caso, el conflicto es el petróleo, cómo no. Pero podría ser territorial, también religioso, o de otro tipo, y todos sabemos la historia entre ambos países.

Y la historia nos dice que Grecia y Turquía llevan milenios combatiendo. El primer testimonio del conflicto entre ambos es “La Iliada”. Detrás de ese libro de poemas se esconde una encarnizada guerra entre dos fuerzas muy poderosas, que continuó en posteriores siglos, con las guerras médicas, y finalizando en la fecha actual. En el siglo XVIII los turcos provocaron una explosión en el templo de Atenea de la Acrópolis que lo hizo pedazos, tal como puede verse en la actualidad. Una monstruosidad que todavía resuena en los corazones de Grecia, y también en el mío por cierto. Las actuales Turquía y Grecia siguen una lucha que no termina nunca, y que se extiende más allá de la historia de la humanidad.

Neutralidad: sí. Hasta cierto punto. Luego hay que tomar decisiones.

Suelo ser muy neutral en estas cosas. Suelo, y procuro, ser equilibrado. Pero lo siento: hay ocasiones, hay veces, hay momentos, donde uno debe tomar una decisión, y una postura, y dejar la neutralidad. Eso acarrea consecuencias, lo entiendo. Acarrea enemistades, es verdad. Y acarrea odios, lo puedo ver. Pero, por mucho que me empeñe, mi corazón, y mi alma, están con el pueblo griego. Por muchas, muchas razones históricas, personales, y sentimentales.

Podría querer ser moderado, pero hay momentos en la vida en los que no se puede ser moderado. Tampoco extremista, no es cuestión de irse al otro lado. Es cuestión de tener las ideas claras, y luchar por lo que uno cree que es justo. Y es justo, para mí, que el pueblo griego ya ha sufrido demasiado por este eterno conflicto.

Podría ser un hipócrita en este blog, y pretender hacer un análisis justo. Pero yo no soy un analista político; soy uno más con el pueblo griego. Y este blog siempre me escuchará decir mi verdad. Imperfecta siempre. Dura a veces. Pero honesta y sincera siempre.

Un portahelicópteros y una fragata francesas acompañan a una fragata griega. Francia también ha enviado aviones de combate Rafale en apoyo de Grecia, país que está buscando apoyos entre los aliados de la OTAN, incluyendo Estados Unidos, que acaba de negar la venta de aviones F-35 a Turquía en respuesta a la compra de material ruso por parte de este país.

Eso no significa en absoluto que yo le desee ningún mal a los turcos, al contrario, yo no soy un monstruo amante de la guerra. Ruego a todos que se mantenga siempre la paz. Deseo que el pueblo turco crezca y prospere en paz y con la mayor prosperidad. Pero, si tengo que elegir en un conflicto, Grecia es mi hogar, es mi vida, es mi mundo. Nací allí cuando Odiseo imaginaba construir un caballo para entrar en Troya, y moriré cuando caiga la última piedra del último templo de la Acrópolis de Atenas. Esto es así, y seguirá siendo así hasta los últimos días.

Alguien me dirá que hay que ser sensato, y desear que el conflicto no escale, que no vaya a más. Por supuesto, ese es mi deseo. Pero, de la misma forma que deseo que no haya conflictos de ningún tipo, que cada vida es sagrada, también digo: si el pueblo griego sufre, yo sufro con el pueblo griego. Si ellos son de nuevo sacudidos por una lucha contra lo que hoy llamamos Turquía, yo me veré arrastrado a ponerme de su lado. Podría engañarme a mí mismo, y engañar a quien me lea. Pero no sería honesto, ni con mi causa, ni con la causa griega.

Irracional: el corazón ha ganado esta vez a la razón.

No puedo ser racional con esto. No puedo ser racional con Grecia. No puedo concebir que el pueblo griego pueda ser atacado y dañado, no ya solo por Turquía, sino por cualquiera que desee hacerles daño. Yo he vivido demasiadas cosas en Grecia, he sentido demasiadas cosas en Grecia, y he estado a punto de morir en Grecia. Y todo eso pesa demasiado en mi corazón como para no ponerme de su parte. Porque fue en Grecia donde ocurrieron unos hechos increíbles, maravillosos, sorprendentes, incluso en parte inexplicables, que hicieron que mi corazón esté, para siempre, con el pueblo griego.

No quisiera acabar este texto con una nota de tristeza, o de abatimiento. Yo espero, deseo, es más, exijo a los gobiernos de ambos países que se dejen de amenazas, que dejen cualquier amenaza, y que se sienten en una mesa de negociaciones a discutir el conflicto, y a buscar una solución pacífica para este asunto, y otros muchos que están sobre la mesa desde hace tres mil años.

Ese es mi deseo. Pero demasiadas veces hemos visto cómo esos deseos se truncan, y se pierden vidas de forma inútil y absurda.

Mi corazón está con Grecia, y lo estará siempre. Y espero que otros países puedan intermediar en el conflicto, y encontrar una salida negociada. Ese es mi deseo. Pero son demasiados siglos de luchas, de enfrentamientos. Y tenemos que decidir a veces. Yo decido: no estoy contra el pueblo turco. Pero estoy con el pueblo griego.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

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