De médicos y de rusos

Estos días no estoy escribiendo en el blog todo lo que quisiera, primero para no marear demasiado a los lectores, y también porque ando ocupado con temas laborales. Estoy colaborando con una empresa de neurociencia, y participando en conversaciones con una doctora en neurocirugía, con el fin de desarrollar programas de realidad virtual para la ayuda de pacientes con enfermedades neurológicas diversas. Esta doctora a sus casi treinta años tiene ya una brillante carrera en una importante institución médica universitaria estadounidense.

Hace no mucho me explicaba trabajos que ha realizado con la NASA para diseñar modelos de operaciones de cirugía en gravedad cero, para los futuros vuelos a Marte. Ni qué decir tiene que yo escucho entusiasmado sus explicaciones. No daré datos ni nombres de empresas ni productos por supuesto, porque no es el fin de este blog hacer publicidad, sí contar cosas que creo pueden ser de interés del lector. Por ello quizás explique algunos detalles de este proyecto.

La otra razón para no escribir lo que quisiera es que estoy con los capítulos finales de “Sandra: relatos perdidos”, es decir, con el Libro XII. Agradecer a aquellas personas que van leyendo los relatos su interés en los mismos, es un placer ver que puedan ser del interés de ustedes. Estos últimos relatos especialmente requieren de un trabajo importante, por cuanto quiero dejar la historia bien terminada y encajada con el resto de la saga, y si además los textos son entretenidos para el lector, todavía mejor.

Y eso es todo. Ahora que les he mareado con mi vida, les dejo el que creo es una excelente composición musical: la banda sonora original de la película “The hunt for the Red October”. Un gran largometraje de los años ochenta, en los tiempos de la guerra fría, en un juego del gato y el ratón que jugaban las armadas soviética y estadounidense. Hubo muchas anécdotas reales de aquellos tiempos. Ya hablaré un día de algunas de ellas.

La música por supuesto está basada en el himno ruso, como bien me recuerda un amigo cada vez que lo comento, pero es una versión creada especialmente para la película.

Pongan la música un poco alta si pueden (sin molestar a los vecinos), la mano en el pecho, e imaginen el poder soviet marchando orgulloso por Siberia, y conquistando el mundo para mayor gloria de los pueblos soviéticos. ¿No dan ganas de invadir algo? Claro que sí. Los himnos quieren inspirar sentimientos de poder y de gloria. Y lo consiguen, sin ninguna duda. Nasdrovia!

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Trece días: thriller con aires de catástrofe

Para hoy en la sección de cine quisiera hablar de la película “Trece días”, largometraje del año 2000 que tiene a Kevin Costner y Roger Donaldson como protagonistas. Un film que sin duda me entusiasmó en su momento, y que considero una de las mejores obras de ficción sobre un hecho real: la crisis de los misiles de Cuba.

“Trece días” narra el episodio que se dio entre Estados Unidos y la extinta Unión Soviética en octubre de 1962. En esos años, la tensión entre ambos países era enorme con la llamada “guerra fría”, y ambos ejércitos jugaban a un peligroso juego del gato y el ratón, donde la posibilidad del uso de armas nucleares era constante. En esa época ya se habían desarrollado las temibles bombas termonucleares, o “bombas H”, poco conocidas, pero muchísimo más potentes que las bombas nucleares, del orden de 50 a 500 veces más potentes que la bomba de Hiroshima. Era obvio que ese juego, de acabar mal, terminaría con la historia de la civilización humana sobre el planeta.

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Escena de la película

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