No estás sola; alguien te ama en la ciudad

La pieza musical de esta semana viene de la mano, y la voz, de Miguel Ríos, uno de los cantantes y compositores más conocidos en las décadas de los sesenta a los noventa del siglo XX, y también la primera década del siglo XXI.

Miguel Ríos es alma pura del rock & roll en España, y sus conciertos, sobre todo en las décadas de los ochenta y noventa, fueron realmente espectaculares. No olvidemos su álbum doble en directo “Rock & Ríos” que se convirtió en un superventas, con clásicos irrepetibles. Yo lo escuché hasta romper la aguja y rayar los discos de vinilo.

Pero hoy traigo una pieza de estudio que me parece maravillosa: “No estás sola”, del álbum “El rock de una noche de verano”. Esta pieza nos introduce al calor de una radio nocturna, donde la gente llamaba y explicaba sus miedos, sus temores, sus sueños.

Lo recuerdo muy bien: con la radio portátil, o con los auriculares, escuchábamos aquel programa donde, entre distintas piezas musicales, la gente llamaba para cualquier cosa. Para contar sus desamores, para pedir ayuda, para lanzar una voz desesperada a la noche. Una voz que buscaba respuestas en las ondas, y que encontraba en la radio un faro donde reflejar toda su vida.

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¿Le suena? Claro que sí. En aquel tiempo no existía Internet. Ni las redes sociales. Pero aquellas radios, aquellos programas nocturnos, eran las redes sociales de entonces. Los radioyentes hablaban, y otros llamaban luego contestando. Incluso yo llamé una vez, ofreciéndome para buscar un grupo de rock que necesitase un bajista. Y contestaron. Fue precioso ver cómo había gente que escuchaba mis anhelos, y los de otros, pudiendo convertirnos en una especie de familia unida por el ruido de la emisora.

No teníamos Internet, como decía. Ni falta que hacía. Compartíamos nuestros sueños, y buscábamos el calor de la noche. Quizás una cita a ciegas, quizás una aventura nocturna. Quizás un alma perdida como la nuestra, donde poder encontrar el calor de un corazón ardiendo de ansias por unos labios y un abrazo.

Ahora todo es digital, pero la gente sigue buscando esos mismos sueños. Pero, qué quieren que les diga… La magia ya no es la misma. Internet y las redes sociales son frías, amargas, oscuras. Yo no las soporto. Tengo mis cuentas profesionales porque las necesito para mi trabajo. Pero he ido dando de baja todas las cuentas, o dejándolas abandonadas. En Instagram aún tengo una cuenta que actualizo una vez cada dos-tres meses, si llega. Facebook lo tengo para conectar con mi familia básicamente, y hace cuatro años que tengo once seguidores, sin altas, y sin bajas.

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Tanta tecnología, y resulta que un simple micro y una emisora es capaz de compartir nuestros sueños…

Y he abandonado Twitter, porque Twitter es, en general, el grito solitario de miles y miles de voces que no obtienen respuesta, gente interesada, gente llena de odio, o gente que solo busca llenar su ego y su protagonismo. Por supuesto tiene aspectos positivos, pero, sinceramente, si alguien quiere contactar conmigo, y saber de mí, podrá encontrarme aquí, en este blog. Twitter es un millón de gritos desesperados que no encuentran respuesta, obsesionados por los números y las estadísticas. Yo no quiero eso para mí y mi vida. Yo no quiero números; yo quiero almas con las que compartir mis sueños.

¿Tendré por ello menos visitas, menos seguidores, menos oportunidades de darme a conocer? ¿Y para qué quiero darme a conocer? Yo escribo mis textos, y quien quiera leerlos los tiene aquí, perfectamente accesibles, o en Amazon, o en Lektu. Sin misterios. Sin egos. Sin obsesiones por ser visible. Solo sigo, de momento, en Bloguers.net porque tengo un grupo de seguidores, a los que respeto como no podía ser de otra forma, y que se interesan por mi trabajo, mis escritos, mi existencia, mis emociones.

Ahora he comenzado un nuevo relato cuyo primera parte está casi terminada, y que tiene a Sandra como protagonista. Y eso es todo. Esa es mi vida. Esos son mis sueños. ¿Para qué voy a salir corriendo a gritar a la gente que vengan a verme? No vendrán, excepto aquellos que encuentren este blog por haber leído algo de su interés. Eso es todo. No hay más.

Quiero que este blog, por pequeño que sea, siga siendo como la radio nocturna que escuchaba en los ochenta: un lugar de encuentro de almas perdidas, de gente que quiera leer y sentir emociones sencillas, puras, reales. Eso es todo lo que quiero. Mientras el cuerpo aguante. Seamos diez, seamos cinco, da igual. No voy a contar mi vida por cuántos me siguen, sino porque quieren seguirme. Uno solo ya habrá merecido la pena el esfuerzo. Luego, los dioses decidirán qué hacer conmigo. Como han hecho siempre.

Y, sin más, les dejo con Miguel Ríos. Espero que sigan bien con esta pesadilla del Covid-19, ustedes y sus familias, y que acabe todo pronto. Mientras tanto, nos quedará la radio. La radio, y Miguel Ríos. Muchas gracias.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

4 comentarios en “No estás sola; alguien te ama en la ciudad”

  1. Me ha gustado mucho tu post y la posición que planteas es prácticamente pareja a la mía. Casi que debería hacer lo mismo y no es una obligación, créeme. Un fuerte abrazo y me alegro mucho de saludarte.

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