Demostración audio: El progreso no es lineal

Vamos hoy con una demostración: la línea que indica el progreso de la humanidad no es, como muchos creen, una línea ascendente continua. A pesar de toda la tecnología, muchas veces damos pasos atrás, con el fin de acomodarnos, de rebajar costes, o de ambas cosas. El problema de ese salto atrás es que estamos perdiendo calidad. Y perder calidad no es progresar.

Todas las sociedades de la historia han creído, con pocas excepciones, en la idea de que vivían en la cresta de la ola tecnológica y del conocimiento. Que su momento, que su generación, son la cumbre del desarrollo moral, ético, social, cultural, y político.

Esto, sin duda, no es así, y pruebas en la historia ha habido de forma clara y concisa. Por poner un ejemplo, este principio del siglo XXI carece de pensadores, filósofos, y en general hombres y mujeres que destaquen por encima del ruido general que siempre se vive en toda sociedad. Y que no se me malinterprete: no digo que no haya pensadores y filósofos; digo que son los que tienen que esconderse, mientras se esconde la cultura y el pensamiento, y mientras se da pávulo a una cultura de la superficialidad y la ignorancia.

Podemos discutir horas y horas sobre este asunto, que es realmente interesante y complejo. Sin embargo, hoy voy a poner sobre la mesa una demostración empírica, que nos permitirá ver cómo el llamado progreso lineal y ascendente es solo una ilusión. Y lo voy a hacer con algo tan popular y común como es el sonido. Y, más concretamente, con la música.

No me refiero tampoco a estilos musicales y calidad musical. De eso podríamos discutir mucho también. Yo creo que la música actual, en general, ha bajado de nivel con respecto a la que escuchaba yo en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo XX. Otros pensarán que no es así. Creo que se ha comercializado, mercantilizado, y que la música es ahora otro producto más que se enlata y se vende para un consumo rápido.

No. No voy a hablar de eso. No me refiero a estilos musicales. Me refiero a la ingeniería del sonido. A los aparatos reproductores y sistemas de reproducción de música. Ahí quiero demostrar cómo esa linealidad ascendente es solo una ilusión.

Años sesenta.

En los años sesenta escuchábamos música en los famosos “tocadiscos”, que eran básicamente un pequeño aparato con un brazo con aguja y unos altavoces muy sencillos. En mi casa teníamos el “Cosmo”, que los veteranos que lean esto probablemente recordarán. Era una maleta que se abría. La parte de abajo era el tocadiscos. La parte de arriba era el altavoz. Posteriores versiones eran estéreo, y el altavoz era doble.

Tocadiscos Cosmo

El sonido de ese tocadiscos era obviamente muy pobre. Comprábamos los singles de The Beatles y bailábamos el “She loves you” con un sonido de una calidad muy baja.

Años setenta.

En los setenta empezaron a aparecer equipos de sonido muy mejorados. Aparecieron las cintas de cassette, que habían nacido en los años sesenta, pero en los setenta esas cintas mejoraron mucho su calidad.

Cassete con capa de óxido de hierro que mejoraba la calidad.

También comenzaron a a aparecer equipos de tocadiscos muy mejorados, con amplificadores mucho más potentes, y altavoces ya con dos o tres vías. El sonido tenía ya bajos potentes, y aquel sonido que parecía tan agudo pasó a ser un sonido más compacto. Íbamos mejorando.

Años ochenta.

Los años ochenta fueron absolutamente increíbles en temas de sonido. El sueño de todos era comprar una “cadena HIFI“, es decir, un equipo de sonido de alta fidelidad. Estas cadenas estaban formadas por un amplificador de gran calidad, un tocadiscos que solían tener una aguja con cabezal de diamante artificial, y dos altavoces de dos o tres vías. Era muy común añadir una “pletina”, que era un reproductor de cassettes, pero estos cassettes eran muchas veces de compuestos que daban una calidad de sonido sobresaliente para la época. También un “sintonizador” que era un equipo de radio de calidad, y que con la pletina permitía grabar cintas de las emisiones de la radio.

Los discos eran la cumbre del sonido, y muchas veces se añadía a la cadena un ecualizador de al menos cinco vías, que permitía controlar graves, medios y agudos al gusto del usuario.

Estas cadenas se podían vender completas, o bien comprar las piezas por separado, y se colocaban en casa en muebles especiales, con tres niveles: abajo los discos, y los cassettes, en medio el amplificador, la pletina y el ecualizador, y arriba el tocadiscos.

Equipo HIFI años 80. De abajo arriba: discos, pletina, amplificador con ecualizador, sintonizador, tocadiscos.

Estos equipos, incluso los sencillos, daban un sonido de gran calidad, y se empezaron a poner de moda las habilitaciones de habitaciones con cajas de huevos en las paredes. ¿Cajas de huevos? Sí. Porque las cajas de huevos permitían que los ecos de las paredes se anulasen, y la acústica de la habitación mejoraba de forma ostensible. Otras opciones pasaban por poner poliespán, que también daba un buen sonido.

Todos soñábamos con comprar el mejor equipo HIFI, y había categorías y marcas de todos los niveles y gustos. Pero siempre con un sonido de gran calidad.

Años noventa.

Los años noventa vieron llegar equipos HIFI mejorados, y sobre todo un nuevo elemento con algo de polémica: los Compact Disk (CD). El Compact Disk fue revolucionario, porque era digital, y su lectura se hacía con un láser. Los cassettes y discos tendían a perder calidad por el roce de los cabezales y las agujas. El CD tenía la ventaja de poder reproducirse miles de veces sin pérdida de calidad.

Reproductor de Compact Disk

Algo pasó, sin embargo. Se inició una gran disputa, porque los detractores del CD decían que se cortaban los sonidos por debajo de 20 herzios y por encima de 20000, que son los que escucha el ser humano. Decían, y dicen, que esos sonidos, aunque no se pueden oír, de algún modo contribuyen al sonido.

También decían que el sonido digital está digitalizado, es decir, las ondas físicas se convierten en binarios que tienen una calidad inferior al sonido natural. Esto es lógico, porque el sonido analógico debe transformarse mediante un elemento que toma una muestra y la digitaliza, para luego volver a recrear la onda original mediante un DAC (Digital Analogic Converter). El sonido nunca será exactamente el original; depende de la frecuencia de muestreo. Cuanto más alta, más calidad, sin llegar nunca al máximo.

¿Fue el CD un retroceso en la calidad de sonido? En cierto modo, sí. El sonido real es analógico; el muestreo podrá ser de calidad, pero se está optando por perder algo de información. Otros consideran que el oído no distingue esa pequeña pérdida. La polémica continúa hoy.

Años 2000.

Los años 2000 vieron la llegada de los servicios de descarga de audio. Y como el espacio era limitado, así como el ancho de banda, apareció el mp3, un sistema de compresión de audio con pérdida que causó furor. El mp3 permitía almacenar enormes cantidades de audio con una calidad aceptable desde los CDs originales, generando el famoso término “ripeo” que es un anglicismo para definir el paso de un CD a otro soporte.

Aparecieron entonces los famosos “mp3”, aparatos que contenían un disco duro, o una pequeña memoria, y que permitían llevar cientos, luego miles de canciones. El “iPod” de Apple se convirtió en un éxito, y otras marcas sacaron centenares de modelos. Yo usaba mucho los de “Creative”, que eran también muy populares, pero había prácticamente de todas las marcas.

Reproductor mp3 de mediados años 2000.

¿El precio? Y no me refiero a lo que costaban esos aparatos. Me refiero al precio que pagamos por el mp3: la calidad de sonido.

Un fichero mp3 recorta de forma brutal el sonido original de un CD, descartando gran cantidad de datos del original. El resultado es un sonido de una calidad aceptable, pero infinitamente inferior a los CDs.

Los años 2000 vieron una banalización, una caída en picado de la calidad del sonido. Si a eso se sumaba el uso de reproductores muchas veces mediocres, y auriculares de precios irrisorios, el resultado fue nefasto: una generación nueva llegó para escuchar música con una calidad netamente inferior a la que habían escuchado sus padres o hermanos mayores.

Sí, era práctico, era cómodo, era fácil de usar. Pero la música no existe para ser cómoda, fácil, de usar. La música existe para ser oída con la máxima calidad posible. El mp3 convirtió la música en una expresión mínima de su realidad. Los equipos y auriculares de precios irrisorios convirtieron escuchar esa música en un despropósito. Se había dado un salto enorme en la calidad de la música. Pero un salto hacia atrás.

Muchos dirán que tampoco se oye tan mal. Vamos a ver: imaginemos que vamos a un museo de pintura, y vemos el 25% del cuadro. O que lo vemos pixelado. No estaremos contemplando el cuadro. Estamos contemplando un objeto que recuerda al cuadro, pero no es el cuadro.

Con la música pasa lo mismo: nadie va a negar que se pueda oír música con un mp3. Pero estamos dando un enorme salto hacia atrás. Y es importante que se sepa. Porque es técnicamente real.

Años 2010-2020.

Muchos aficionados a la música avisaron de esta pérdida de calidad. La industria del audio lo tuvo en cuenta, pero almacenar audio de calidad ocupaba mucho espacio, y reproducirla con calidad era caro. Se pusieron en marcha entonces, y comenzaron a aparecer nuevos formatos de audio con la misma filosofía del mp3, pero con calidades muy superiores.

Los discos fueron ampliándose en los años 2010, y los formatos de audio crecieron, apareciendo nuevos estándar de mucha mejor calidad.

Hoy día esos formatos han igualado en muchos casos al CD, y lo han mejorado. Pero no ha ocurrido así con los reproductores, y con los auriculares. Siguen siendo de muy mala calidad, y mucha gente escucha música con auriculares de 10 o 20 euros. Estos auriculares simplemente no dan la calidad de sonido acorde a esos nuevos formatos. La solución pasa por invertir un poco más, y comprar auriculares de una calidad superior.

Auriculares de 5 euros. No espere grandes resultados.

No se trata de que no se pueda comprar porque el presupuesto no llega. Entre unos auriculares de 20 euros y unos de 50 hay un abismo de calidad. Si se puede, nadie debería dudarlo: comprar los de 50 le va a dar al usuario una calidad de sonido enormemente mejor. Son 30 euros más estoy de acuerdo; pero la calidad es tremendamente superior.

En definitiva, vemos que estamos en 2020 y seguimos escuchando música, en muchos casos, con una calidad muy inferior a la de los años ochenta y noventa. Sí, es más cómodo, y barato. No pasa nada por eso; sí pasa por entender que hemos tenido que dejar la calidad en una esquina, y volver a escuchar música en unos niveles de calidad que no son acordes con los tiempos que vivimos.

Si se quiere escuchar música, cada cual compra lo que quiere, y lo que le da el bolsillo, eso está claro. Pero lo que no puedo aceptar es que se diga que se ha progresado con la calidad del sonido. No es así; hemos ido para atrás.

Los teléfonos de gama media dan buen sonido, pero usando auriculares de calidad, los que vienen con los teléfonos suelen ser pésimos.

Queda el tema de los teléfonos. Muchos de ellos tienen el mismo problema: excepto los de gama alta, no dan un sonido de una calidad aceptable, sobre todo porque incorporan unos auriculares de una calidad tremendamente discutible. Así, yo le aconsejo que, al menos, cambie los auriculares. Puede que sea un esfuerzo económico comprar unos de 50 euros en lugar de unos de 20. Pero merecerá la pena con el tiempo, se lo aseguro.

Al fin y al cabo, si hemos de amar la música, hemos de ver el cuadro completo, no con píxeles. Porque una obra mutilada es peor que no ver la obra.

Para finalizar, no pretendo crear polémica; los bolsillos de cada uno dan para lo que dan, y le aseguro que mis auriculares son de 50 euros, mi presupuesto no da para más. Si el suyo da para unos de 20, o de 10, compre esos. Pero, si puede comprar los de 50, no lo dude: el cambio será importante. Y sus oídos lo agradecerán. De eso puede usted estar seguro.


Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

5 comentarios en “Demostración audio: El progreso no es lineal”

  1. Muy interesante el post. A mí me gusta escuchar música, pero dejé de hacerlo con el móvil porque me parecía que se escuchaba “raro”. Pensé que eran manías mías, pero ahora voy a seguir tu consejo, tan solo tengo reunir los 50 euros (Voy a poner una nota en la nevera con el título de “urgente” a ver quien cae jajajaja 😁) Un abrazo 🐾

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    1. Por supuesto Rosa. El presupuesto es siempre lo primero. Pero es mejor esperar, ahorrar un poco, y conseguir esos 50 euros más tarde que comprar los auriculares que esos de 20. Te lo digo por experiencia propia. Me resistía a comprar los de 50, al final me cansé del sonido de los de 20, compré los de 50, y menuda diferencia. Consulta con el de la tienda, no quiero decir marcas pero hay algunas que tienen a 50 euros modelos muy buenos. Un abrazo.

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  2. Entiendo que el conocimiento se acumula en tiempo y lugar, que no es lineal, como muy bien explicas, su evolución. Es un fenómeno que abarca multiplicidad de factores, pero está muy bien el post porque tomando un referente como es el sonido tecnológico en relación a la música, expresas con vehemencia la pérdida de calidad y de sonido real. Eso lo entiendo porque además yo diferencio el sonido vinilo del sonido CD, en su momento lo percibí y lo que dices de los auriculares es una banalización, porque los periféricos e instrumentos rebajan una calidad ya conseguida respecto de los aparatos de reproducción. Yo tengo unos auriculares de veinte euros y puedo comprenderlo. Desde este punto de vista y extrapolándolo al todo vale con tal de sacar rentabilidad rápidamente sin esperar calidad, podemos entender en qué se ha convertido ciertos sectores de la música que se escucha hoy en día, salvo excepciones. Una gran entrada.
    Saludos

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    1. Muchas gracias Marisa por tus palabras. Sin duda la música debe tener un sitio importante en nuestras vidas como elemento enriquecedor. Por ello la calidad ha de ser siempre la máxima posible dentro de nuestras posibilidades claro. Saludos.

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