Cuando la IA se hizo la tonta

Ya he comentado, en alguna ocasion, que soy un gran fan de Isaac Asimov. Sus libros de ciencia ficción, pero también los de divulgación científica, fueron de gran ayuda para mí. Los primeros, para descubrirme un universo casi infinito de posibilidades literarias. los segundos, para que descubriese que incluso yo soy capaz de entender conceptos generales de ciencia, si estos se explican con el suficiente entusiasmo y claridad.

Pero hay una cosa en la que discrepo, y que me disculpe el lector por poner en duda a un genio que lo fue durante gran parte del siglo XX. Esa discrepancia está relacionada con la inteligencia artificial, conocida popularmente como IA (o AI en inglés). Asimov creía que no veía factible poder crear una inteligencia artificial como la humana, o que, en todo caso, no era necesario. La razón era muy sencilla: ya tenemos la inteligencia humana. ¿Para qué queremos otra? Mejor sería crear otro tipo de inteligencia, que complemente a la humana, para así unir ambas en el desarrollo y búsqueda de nuevos conceptos de conocimiento compartido.

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Aspectos jurídicos y sociales de la IA

Como ya comenté recientemente, todo el mundo está entusiasmado explicando diversos fenómenos naturales mediante la presencia de extraterrestres. Cuando hablamos de extraterrestres, siempre por supuesto pensamos en seres inteligentes, no como sucede en la Tierra.

Bueno, dejando aparte esta pequeña broma, nos referimos a seres que son capaces de mostrar signos de comprender aspectos de las matemáticas, leyes de la física, comunicación verbal compleja, e interacción social avanzada. No, no me refiero a ballenas y delfines, que cumplen todos esos requisitos. Falta uno: manipulación del entorno para creación de herramientas, y muy importante: creación de herramientas para crear herramientas. Algunos simios usan palos o piedras, pero no construyen objetos usando otros objetos.

Pero el sueño del ser humano, o a menos de algunos seres humanos, es poder contactar con una civilización extraterrestre, o al menos, verificar su existencia. Sin duda sería probablemente un suceso de proporciones colosales para la humanidad. ¿O existen otras posibilidades?

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Scarlett, tú eres mi amor; cibernético

En la historia de la ciencia ficción, la robótica (palabra inventada por el maestro Isaac Asimov) ha sido una constante. La fascinación por los “seres mecánicos” siempre ha creado grandes expectativas. Pero es el siglo XX, y por supuesto el XXI, cuando estamos viendo grandes logros en esta materia.

En la saga Aesir-Vanir, uno de los personajes principales es Sandra, un androide avanzado que vive una serie de aventuras a lo largo de los libros de lo que he dado en llamar “la saga de Sandra”, compuesta por “Operación Fólvangr”, “Las cenizas de Sangetall”, “Las entrañas de Nidavellir” y “La insurrección de los Einherjar”.

En “Ángeles de Helheim” aparece brevemente otro androide similar, un modelo algo inferior, llamado Nerea. Sandra y Nerea comparten algo en común: son androides con aspecto femenino, lo cual causa entusiasmo entre la población masculina, y en parte de la población femenina. Pero esa es precisamente la idea de sus diseñadores. Estos son androides de infiltración y combate, y usan el sexo y la atracción sexual como un arma más para obtener información. Algo tan viejo como la humanidad, pero llevado a cabo por máquinas que no se preocupan por los pequeños detalles de la moral humana.

Para corroborar la fascinación que crean los robots, la imagen adjunta es la de un robot que ha creado un entusiasta de la robótica. Enamorado de Scarlett Johansson, ha creado una copia de la misma. No es ella. Pero atención: en el futuro, podríamos llegar a confundirlas. Es cuestión de años y avances en la tecnología y la IA.

¿Por qué no? Veamos un anuncio: “Señor, señora: ¿le gusta Brad Pitt? ¿Le gusta Charlize Theron? Nosotros le hacemos una copia idéntica, con su personalidad y su aspecto, pero sin tener que pagarle el divorcio, y pudiendo darle al botón de apagado si molesta. No se queja, no protesta, y te deja hacer tus cosas cuando quieras, sea jugar a la consola, ver el futbol, o salir de compras”. Sí. Suena un poco machista, pero ya sabéis: la publicidad es machista, y usa el machismo para captar la atención.

El mundo va a cambiar mucho con los robots, aunque en este caso deberíamos hablar de androides. Es cuestión de tiempo. Asimov ya escribió impresionantes historias. Él no pudo llegar a verlo. Nosotros es posible que veamos el inicio de una nueva era de hombres y robots viviendo en armonía. Bueno; casi en armonía. En la imagen, la Scarlett Robot. Hola guapa: ¿te apetece una actualización del sistema en mi casa?

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Androide Scarlett Johansson