Aspectos jurídicos y sociales de la IA

Como ya comenté recientemente, todo el mundo está entusiasmado explicando diversos fenómenos naturales mediante la presencia de extraterrestres. Cuando hablamos de extraterrestres, siempre por supuesto pensamos en seres inteligentes, no como sucede en la Tierra.

Bueno, dejando aparte esta pequeña broma, nos referimos a seres que son capaces de mostrar signos de comprender aspectos de las matemáticas, leyes de la física, comunicación verbal compleja, e interacción social avanzada. No, no me refiero a ballenas y delfines, que cumplen todos esos requisitos. Falta uno: manipulación del entorno para creación de herramientas, y muy importante: creación de herramientas para crear herramientas. Algunos simios usan palos o piedras, pero no construyen objetos usando otros objetos.

Pero el sueño del ser humano, o a menos de algunos seres humanos, es poder contactar con una civilización extraterrestre, o al menos, verificar su existencia. Sin duda sería probablemente un suceso de proporciones colosales para la humanidad. ¿O existen otras posibilidades?

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Puede que sí. Puede que, efectivamente, estemos cerca de contactar con una especie inteligente, aunque no extraterrestre. Una especie con la que podamos comunicarnos, hablar, interactuar, y convivir, pacíficamente, o, es muy probable, a través de un conflicto de intereses. Me estoy refiriendo por supuesto a los sistemas de inteligencia artificial aplicados a robots y androides.

¿Suena a ciencia ficción? Naturalmente. Pero ¿hasta cuándo lo será? El otro dia, durante un viaje en automóvil, le pedí a Siri, uno de esos sistemas de ayuda por voz, que me indicara la ruta para ir a cierta población. Siri me fue comunicando la ruta. Poco antes de llegar, le dije que terminara de dar instrucciones. Entonces Siri me preguntó: “¿he hecho algo mal?”

La verdad es que fue una situación curiosa, incluso embarazosa. ¿Qué le respondo? “No mujer, si lo has hecho muy bien, y te lo agradezco”. O quizás “no te preocupes, eres genial y te quiero mucho”. Vale, es ridículo, pero pensémoslo: el cerebro no distingue una disculpa lanzada por una máquina con una voz bien expresada de un ser humano real. Y, cuando los androides tengan aspecto humano y nos hablen, y nos sonrían, e interactúen con nosotros, a muchas personas les va a costar no tratar adecuadamente a esos androides. ¿Qué haces cuando un amable androide se acerca sonriente, y con la mano te señala que por favor tomes asiento en algún hotel o medio de transporte? ¿Cómo reaccionamos a las amables instrucciones de un androide cuando le solicitamos información?

Ya hay bastantes experiencias de esto. En Japón ya se han habilitado robots que cuidan y animan a niños. De hecho, algunos niños machacan literalmente a esos robots, en un signo claro de que los seres humanos solemos ser agresivos desde edades tempranas.

Dentro de poco, los robots y androides serán perfectos asistentes sociales. Hace poco en España se ha empezado a reclamar que los robots coticen a la seguridad social sanitaria para suplir la falta de ingresos que producen. Los robots lo invaden todo, y ya se habla de una nueva crisis de trabajo por la sustitución de la mano de obra humana por la de los robots, creando por supuesto una situación de ira hacia esta situación por parte de los afectados. El conflicto es ya inevitable, y seguirá escalando en el tiempo.

Lo cierto es que Siri, y otros sistemas de inteligencia artificial, como Cortana o los sistemas de Google de reconocimiento de voz, siguen avanzando a buen ritmo. Dentro de poco, el test de Turing no solo estará superado; no podremos distinguir seres humanos de androides en muchos casos, al menos en una primera interacción.

Y aquí viene el problema: ¿cuándo esos androides pasarán a ser realmente inteligentes? Y si se declara que son seres conscientes, inteligentes, y sensibles, ¿cómo deberemos interactuar con ellos? ¿Cómo simples máquinas? ¿No deberán estar protegidos por las leyes, como los seres humanos?

De acuerdo, vamos a verlo. Quizás debamos pensar que no son simples máquinas. Deberían disponer de sus propias leyes de gobierno. ¿Por qué? Porque, al fin y al cabo, si es una nueva especie inteligente, y si tienen derechos y deberes adquiridos, no podemos obligarles a que esos derechos y deberes sean los de los humanos, porque entonces estaremos esclavizando a una especie distinta de la humana, obligándoles a adoptar leyes que no son suyas. Estaremos coartando su libertad de desarrollarse como individuos diferentes.

En este punto, muchos lectores tendrán importantes dudas. De acuerdo. Vamos entonces a plantear algo:

Imaginemos que, un día, baja a la Tierra una nave espacial extraterrestre. Dentro hay seres inteligentes. Además, esos seres no son orgánicos; son androides. ¿Cómo los trataríamos? Supongo que deberíamos tratarlos con respeto y educación, como seres sensibles que son. Entonces, ¿qué les diferencia de los androides de la Tierra? De hecho, una especie extraterrestre no orgánica probablemente se sentiría hermanada con nuestros androides, mucho más que con nosotros. ¿Qué diferencia hay entre unos y otros? Simplemente, unos han llegado en una nave; los otros los hemos construido nosotros. ¿Nos da eso derecho a usarlos como esclavos?

Un destornillador es una herramienta. Un ordenador es una herramienta. Pero, un ser que se ha demostrado inteligente, incluso si lo hemos construido nosotros, ¿es una herramienta? Dicho de otro modo: ¿deben aplicarse las leyes humanas a seres conscientes no humanos? ¿No es eso una forma de opresión?

El tema no es baladí. Si aparece una especie inteligente nueva en la Tierra, incluso si es creada por nosotros, tendrá que tener derechos y deberes perfectamente legislados. Tendrán que someterse a normativas y controles como todos tenemos que hacerlo, pero también tendrán derecho a ser libres en pensamiento y actuación. Si decidimos que son nuestros para todo, si se coarta su libertad de expresión, sus pensamientos, su desarrollo personal, estaremos invadiendo las capacidades de una especie distinta a la humana, y el conflicto, con el tiempo, será inevitable.

En mi opinión, el asunto no es si pasará, sino cuándo. Actualmente Google, IBM, Apple, Microsoft, y otras empresas disponen de ingentes cantidades de dinero, ingenieros, e investigación en el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial. Las computadoras cuánticas, una vez desarrolladas, multiplicarán de forma exponencial la capacidad de procesamiento de información. Esto, unido a nuevos algoritmos de lógica difusa, permitirán crear una nueva serie de androides y robots extremadamente sofisticados y eficaces. Androides que llegarán a crear sus propios pensamientos, sus propias ideas, y sus propios sentimientos.

Porque, no lo olvidemos: la inteligencia, la capacidad racional, la habilidad de sentir, es una propiedad emergente de estructuras sinápticas complejas como el cerebro.

El cerebro no fue diseñado para pensar, pero el pensamiento es resultado de su complejidad. Cuando creemos estructuras similares a las del cerebro, con su potencia, su versatilidad, y su capacidad de aprendizaje y comprensión, tendremos como consecuencia directa seres inteligentes. Y ellos reclamarán su espacio en nuestra sociedad. ¿Vamos a hablar con ellos como iguales? ¿O vamos a imponer nuestros propios criterios? Es una duda importante. Porque muchos aspectos del futuro de la humanidad se verán afectados según la respuesta que se tome.

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