Astronáutica: sí se podrá viajar a las estrellas

Dirá usted qué hace alguien como yo, un simple informático de tercera regional, poniendo en duda los comentarios de un brillante físico galardonado con el premio Nobel. Y tendrá usted razón: yo no dispongo de los conocimientos ni aptitudes de ese genio que es Michel Mayor, astrónomo suizo galardonado en 2019 con este prestigioso premio.

Sin embargo, por mucho que lo intento, no puedo estar de acuerdo con el señor Mayor cuando dice que no se podrá viajar a planetas extrasolares. Atención a esto porque algunos medios de comunicación han dicho “planetas” indicando Marte por ejemplo. A Marte se ha viajado ya, con sondas, y se supone que irán seres humanos dentro de unas décadas. El señor Mayor se refiere a planetas de otras estrellas.

¿Tiene argumentos Mayor para apoyar su afirmación? Muchísimos argumentos. ¿Tengo yo argumentos para intentar refutar su afirmación? Prácticamente ninguno. Entonces, ¿por qué mi osadía? Es muy sencillo. Por dos razones: la primera, porque no hemos dicho la última palabra en física teórica, ni mucho menos. La segunda, porque, si algo caracteriza al ser humano, es por hacer realidad aquello que se dice imposible. Pero vamos a verlo con más detalle.

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La nave Prometheus de la película del mismo nombre.

Tres caminos a las estrellas.

La ciencia ficción nos ha traído muchas y variadas formas de viajar a las estrellas. Pero, como ocurre siempre, una cosa es la imaginación, muy importante sin duda, pero otra es hacer realidad esa imaginación. Algunas series y películas han tratado el tema más en serio, otras no se han preocupado demasiado. Al fin y al cabo, se trata de entretener, no de que los espectadores salgan mareados con miles de datos sobre ecuaciones de física.

Pero, en el mundo real, existen, al menos, tres formas de viajar a las estrellas. Más una cuarta que es demasiado imaginativa, pero que es la que he usado en mis libros. No la expondré aquí porque, como digo, pretendo que este sea un texto serio, no que me acusen de necesitar un psiquiatra y una camisa de fuerza. Vamos a ello.

Primer camino: naves generacionales.

Este es un método que podría desarrollarse con una tecnología algo más avanzada que la actual. En cincuenta o cien años, si la tecnología siguiese creciendo, podrían crearse naves de gran tamaño, con un sistema de gravedad artificial mediante rotación. Este sistema ya lo vimos conceptualmente en la película de “2001: una odisea del espacio”, y concretamente en la estación espacial que rotaba sobre su eje Z. Para que este efecto funcione la nave debe tener un diámetro realmente importante, por ello sería necesario un modelo con un diámetro de al menos quinientos metros. Es grande, pero recordemos que un portaaviones nuclear tiene una eslora (longitud) de 333 metros. Luego, la idea sería construir una esfera rotacional de ese tamaño, como mínimo.

Una nave generacional es básicamente una versión en miniatura de la Tierra. Contiene sistemas hidropónicos para crear los nutrientes necesarios para alimentar a la tripulación y pasajeros de la nave. Contiene sistemas de reciclaje que permiten reciclar casi el cien por cien de los residuos generados por la nave. Y contiene propulsores que le permiten alcanzar velocidades relativistas, que podrían situarse entre el 0,5% y 1% de la velocidad de la luz.

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Estación con rotación propia que genera gravedad artificial, en realidad aceleración centrípeta (de la película “2001: una odisea del espacio).

Es importante este último dato, porque del mismo depende el tiempo que la nave va a tardar en llegar al planeta de destino. Un planeta elegido previamente por sus condiciones ideales para la vida, o incluso con vida ya presente. Actualmente los telescopios y sistemas de detección de planetas se han sofisticado muchísimo, y es cuestión de tiempo que lleguen a detectarse planetas como la Tierra, e incluso hay ya datos que indican que se están detectando los primeros planetas similares a la Tierra. La constatación de que hay vida, o de que puede haberla, se puede conseguir mediante el análisis espectroscópico de la atmósfera del planeta, algo que está empezando a mejorarse de forma paulatina actualmente.

La nave debe acelerar, pero luego debe decelerar, por ello debe proveerse de energía. Grandes sistemas de absorción de hidrógeno atómico habitual en el espacio podrían servir para recoger el suficiente material para los reactores de fusión. Estos reactores de fusión, actualmente experimentales, permiten generar energía mediante la fusión del hidrógeno, en un proceso muy similar al que genera la energía del Sol y otras estrellas.

En cien años se podrían enviar una o más naves, que no tienen necesariamente que viajar juntas, ni necesariamente viajar a la misma estrella, y que llegarían en el plazo de algunos siglos, si la velocidad fuese del 1%, incluso 2% de la velocidad de la luz. Velocidad posible con reactores de fusión usando motores iónicos o de plasma, que ya se usan de forma habitual hoy día en sondas de espacio profundo para explorar el sistema solar.

Sin duda, este método es complejo, y las nuevas generaciones no recordarían la Tierra. De hecho, convertirían a su nave en su mundo. Con el sueño de llegar a ese nuevo hogar, pero sin olvidar que la nave es eso: un transporte, y nada más. ¿Cómo convencerles de que merece la pena colonizar un nuevo mundo, si no añoran la Tierra?

La idea sería llevar a seres humanos de la Tierra.

Segundo camino: Criogenización. Solo sistemas de soporte.

La criogenización se ha usado mucho en ciencia ficción, y de nuevo en “2001” vimos un ejemplo. La gran ventaja de este sistema es que los recursos energéticos necesarios para el sostenimiento de la nave son muy inferiores. Una población de, digamos, diez mil personas criogenizadas solo consumiría entre un 3 y un 5 por ciento de la energía que requerirían esas personas de estar activas. Una población de robots y androides se harían cargo de los sistemas de la nave, despertando solo a los técnicos en caso de emergencia para luego dormir de nuevo.

Este modelo de viaje con androides lo vimos por ejemplo en “Prometheus”, una de las películas de la saga Alien, donde un androide muy sofisticado se hace cargo de la nave mientras la tripulación está criogenizada.  Los robots y androides pueden operar durante siglos, y repararse a sí mismos, mientras la nave simplemente se mueve a través del espacio y no hay mucho que hacer, excepto vigilar que los sistemas de criogenización operan normalmente.

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Criogenización en “Aliens II”, que en la película denominan “hipersueño”.

Este segundo método de la criogenización entra ya más dentro de la ciencia ficción, pero tampoco se deje llevar por esas publicidades de gente a la que meten en tubos de helio con la cabeza cortada. Nuevos sistemas de criogenización simplemente permitirán que la actividad sináptica y del corazón sean mínimas, pero operativas. Es decir, no se está básicamente muerto, sino en un estado de animación suspendida, como muy bien se mostraba, una vez más, en “2001”. Por cierto ahí era un combinado humano-computadora la que gestionaba la nave, otra posibilidad pero solo para viajes cortos.

Tercer camino. Motor warp.

Ya he hablado del motor warp para el viaje hiperlumínico, en un artículo que sigue teniendo lecturas. Es importante dejar claras dos cosas: el motor warp es hoy por hoy ciencia ficción. Eso por supuesto. Lo segundo es que, cuando se dice que nada puede viajar más rápido que la luz, se está diciendo algo que no es totalmente cierto. El espacio-tiempo sí puede viajar más rápido que la luz, porque conforma un tejido no dependiente de la luz. La física implicada en ello ya la comentó en su día el físico mexicano Miguel Alcubierre, en una extensión de la relatividad general, y puede verla en la Wikipedia.

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El Enterprise versión “NCC-1701-E” al mando del capitán Jean-Luc Picard

Siendo, como es, ciencia ficción, sin embargo, es físicamente posible. No ahora, y quizás no en cien o quinientos años. Pero no tenemos una teoría final del universo, y una vez la tengamos, si es que llegamos a tenerla, quizás, solo quizás, esta idea de viajar más rápido que la luz podría ser posible. ¿Especulación? Por supuesto. Hoy en día es especular. Pero también se especulaba con la llegada a la Luna. Y en 1969 se hizo posible. Esto podría ser real o no; pero lo que está claro es que es una posibilidad que está ahí, y no podemos ni ignorarla ni descartarla.

Cuarto camino en ficción: metaversos.

En los libros de “La leyenda de Darwan” explico un cuarto método basado en una combinación de teorías actuales, pero es altamente especulativo y no merece la pena ser tenido en cuenta en un texto que pretende ser serio y riguroso. Texto especulativo sí, pero dentro de los márgenes de la ciencia. Así que prefiero no incluirlo.

Lo que sí es evidente es que, en un futuro a medio y largo plazo, quién sabe qué descubrimientos se podrán hacer, y que posibilidades de viaje. El famoso puente Einstein-Rosen, visto en “Interstellar” sería una idea, también muy especulativa, pero dentro de los márgenes reales de la física.

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“Gateway”, nombre de la que será, si todo va bien, la primera estación espacial en órbita lunar, desarrollada por la NASA, la ESA y otras agencias y empresas.

Resumen: viaje con nosotros si quiere sobrevivir.

La humanidad perecerá sin duda si continúa solo en la Tierra. La razón es que la Tierra tiene fecha de caducidad, como casi todo en el universo. Y antes de eso, podría haber un desastre que haga desaparecer a la especie humana. Solo viajar a otros planetas, comenzando por Marte, comenzará a permitir una posibilidad de futuro. Porque el futuro se escribe con los sueños de hombres y mujeres que buscan ir más allá. El movimiento es vida; quedarse quieto significa perecer. Y eso es algo que no debemos permitir, ni consentir. La historia de la humanidad depende de ello.


Hace tres años en un evento aeronáutico en la Facultad de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio en Madrid di una conferencia sobre el viaje a las estrellas. Si quiere escucharlo lo tiene en este enlace.

 

 

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “Astronáutica: sí se podrá viajar a las estrellas”

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