El libro de la ciencia se reescribe cada día

La frase de la semana nos la trae Carl Sagan:

“El estudio del universo es un viaje para autodescubrirnos”.

Debemos observar esta frase en todas sus dimensiones, nunca mejor dicho. Estudiar el universo, su naturaleza, su origen, su estructura, su destino, es un viaje de autodescubrimiento. Cuanto más conocemos del universo, más aprendemos sobre nosotros mismos. La razón es, por supuesto, muy sencilla: nosotros somos parte del universo. Cuanto más conocemos sobre todo lo que nos rodea, más conocemos de nuestra propia existencia y naturaleza.

El ser humano ha tratado de explicar el universo en libros escritos hace siglos o milenios, que explicaban mediante mitos y leyendas la naturaleza humana. Estos libros son rígidos, inamovibles, y leerlos no nos brinda los secretos del cosmos. Al contrario, nos inducen a creer ideas que ya sabemos son obsoletas desde hace décadas. Y lo sabemos gracias al avance de la ciencia.

Nadie niega la fe de un ser humano. Pero todos debemos entender que la fe no nos va a permitir conocer la naturaleza del universo. Debemos por tanto concluir que deberemos escribir otros libros, que nos enseñen los secretos del cosmos. Y de ahí la frase:

“El libro de la fe se escribió una vez y para siempre. El libro de la ciencia se reescribe cada día”.

Carl Sagan
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Dos sencillas luces en el camino

El ser humano no ha tenido grandes oportunidades de recibir educación a lo largo de la historia. Siempre fueron pocos los elegidos, y la mayor parte de la humanidad vivía en completa ignorancia.

Hoy eso ha mejorado, pero bien sabemos que queda un gran camino por delante. Por otro lado, también observamos que muchos jóvenes no se interesan por la ciencia, por la cultura, por el arte. Por el conocimiento en general. ¿Por qué?

En mi opinión, es el sistema. Yo, por ejemplo, sufrí situaciones difíciles durante mi juventud, hasta el punto de negarme a todo, enfrentarme a todo, y discutirlo todo. No era un problema de capacidad; no era falta de interés. Era, simplemente, una falta de motivación por aprender. Sin embargo, aquello que me interesaba, especialmente la astronomía, era mi pasión.

Todo aquello cambió con un libro y una serie: el libro fue “Nueva guía de la ciencia” de Isaac Asimov. La serie fue “Cosmos” de Carl Sagan. Ambas obras me transformaron completamente. A partir de entonces comencé un largo y difícil camino para poder sacar mi vida adelante. ¿Qué había ocurrido? Había ocurrido que había encontrado dos grandes maestros del conocimiento, que además eran maestros en transmitir ese conocimiento con arte, con pasion, con dulzura, envolviéndote en sus conocimientos, en sus datos, en sus sueños.

Hoy muchos jóvenes viven situaciones similares. Lamentablemente, muchos de ellos no encontrarán su libro y su serie que les dé una oportunidad. Las escuelas no son lugares donde se aprende a aprender. Solo se dan datos y más datos, sin pasión, sin calor, sin amor. Aprender es belleza. Aprender es pasión. Aprender es un sueño. Y quien practica la enseñanza debe entender este principio básico. Solo así podrá transmitir conocimiento real a los jóvenes.

Un libro. Y una serie de ciencia. Dos elementos tan sencilos, y tan complejos, cambiaron una vida, la mía, y muchas vidas. Porque muchos ingenieros y físicos de la NASA, del MIT, y del CERN, declaran haberse sentido motivados a ser lo que son gracias a estos materiales. ¿Dónde están hoy los sueños del conocimiento? ¿Dónde está hoy la aventura del saber? Hay que buscarlas. En cualquier esquina, de cualquier lugar…

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