La gran mentira de la democracia

Importante: lo que aquí defino no es lo que yo espero de la democracia. Lo que aquí defino es lo que yo creo es la democracia en su estado actual. Y su valor intrínseco en una civilización que es básicamente instintiva y primaria. Personalmente abogo siempre por sistemas democráticos frente a cualquier forma de totalitarismo. Pero una cosa es lo que yo quiera, y otra muy distinta la realidad en la que vivimos.

Vamos con una nueva entrada de “la gran mentira”, en este caso con un tema que siempre está de actualidad: la democracia. Y vamos con la primera afirmación:

“El ser humano no fue diseñado para creer en votos, sino en líderes”.

El ser humano es un animal, concretamente un mamífero superior del orden de los primates perteneciente a la familia de los homínidos. Esa es la definición estándar. Y los animales no fueron diseñados para votar, sino para seguir ciegamente al líder más poderoso. ¿Por qué?

Está es escrito en nuestros genes. A lo largo de la evolución muchas especies de primates, y otros animales, han mantenido relaciones tribales en las que un líder se ha autoproclamado como tal líder, y lo es hasta que otro líder le dispute ese liderazgo. No vemos votar a los orangutanes, ni vemos votar a los chimpancés. La democracia es un invento humano. Pero, ¿es un invento realmente funcional? Vamos a verlo.

El ser humano inventó la democracia en la antigua Grecia para crear un falso marco de igualdad, donde se podría establecer que la voluntad de la mayoría es la que prevalece. Luego, una vez inventada la democracia, desarrolló todo tipo de técnicas, cada vez más sofisticadas, para convencer a esos votantes de que tienen que votar a ese o aquel líder, no porque sea el mejor preparado, sino porque dispone de esos atributos de líder que todo homínido desea en un líder: fuerza, poder, convicción, dureza, y ego.

Ostracismo.

La propia Atenas se vio envuelta en varios escándalos de manipulación de votos, y también se vio que no ganaban los líderes por sus atributos culturales y por sus propuestas, sino por su capacidad de atraer a los votantes mediante discursos fáciles y sencillos, y por la compra de votos.

El llamado “ostracismo”, el envío de líderes al exilio, se votaba escribiendo en ostras, de ahí el nombre de “ostracismo”. Recientemente se ha verificado que esas ostras estaban muchas veces manipuladas, con el mismo nombre escrito muchas veces por la misma mano. La primera forma de corrupción democrática de la historia.

Se votaba, y se vota, al líder fuerte. Al gorila que se golpea en el pecho demostrando poder. Al orangután que más grita. Al chimpancé que más salta y más capacidad sexual y fuerza demuestra. Esto, traducido a la especie humana, se puede ver en muchos líderes populistas de todas las épocas. Esos elementos de nuestros primos primates son, con las convenientes transformaciones, empleados por los líderes de muchas naciones para obtener el poder.

¿De qué sirve la democracia?

Por lo tanto, ¿de qué sirve la democracia, si al final es el instinto de poder y control el que prevalece, tal como prevalecía en nuestros antepasados, y se vota al que el instinto dice es el mejor líder?

Por esa razón la democracia es solo una máscara de civilización y de oportunidad igualitaria para los individuos. Tras las palabras de contención, razonamiento, y lógica, la elección de un líder se basa en estimular en los votantes sus instintos más primitivos de supervivencia y de adaptación.

Por eso muchos líderes hablan de tribu, ahora llamada nación, hablan de supremacía, de raza, de cultura, de lengua, de religión. Pero muy importante: no hablan de cualquier nación, supremacía, raza, cultura, lengua, religión, sino de “mi nación, mi supremacía, mi raza, mi cultura, mi lengua, mi religión” frente al resto. Y ese enfrentamiento es la simiente de la guerra y el desastre entre los pueblos de la Tierra.

¿Es posible romper la “cadena del líder”? ¿Es factible convertir a un ser humano para que vote en función de la razón y la lógica, y no en función de sus instintos primarios animales heredados? Sí. Con una poderosa arma: la educación.

La educación, el camino real a la democracia.

Cuando hablo de educación, no hablo de tener dos o tres carreras. Hablo de aprender a usar la razón, la lógica, y el sentido crítico. Eso no se enseña en clases de física, matemáticas, o lengua. Eso se enseña a través de la filosofía en su más amplio concepto. Esto se resume en el siguiente concepto:

Debemos aprender a ser críticos, analíticos, y a separar el discurso básico dirigido a las masas de aquel que tiene un contenido real, para la solución de los problemas de las sociedades modernas.

Todo esto no se enseña en la actualidad. La obsesión de los sistemas educativos actuales es convertir a los estudiantes en enormes bases de datos de conocimiento. Pero no se enseña a razonar esos conocimientos, ni a pensar en cómo desarrollar nuevas estrategias de conocimiento. Por ello, los estudiantes terminan sus carreras recibiendo un título que les otorga el nivel conceptual de una base de datos orgánica especializada en este o aquel tema. Pero se olvida lo fundamental: el uso de la razón para gestionar sus vidas, personales y sociales.

El aprendizaje de la razón y la lógica como método para una nueva democracia.

Solo el aprendizaje de la razón y la lógica pueden convertir la democracia en una herramienta real, útil, práctica, y destinada a su objetivo inicial: elegir a los líderes por sus facultades para gestionar los problemas sociales, culturales, políticos y económicos del país. El discurso populista caerá entonces en un agujero sin fin, donde quedará enterrado para siempre.

Les dejo con el discurso final de Charles Chaplin en “El gran dictador”, donde un sencillo barbero es confundido con Hitler, y el barbero tiene que dar un discurso final de poder y autoritarismo. Un discurso que siempre es actual. Porque siempre debemos recordar: aquellos que desean destruir la libertad en todas sus formas nunca son completamente destruidos; vuelven tras un tiempo. Y tomarán el poder si se lo permitimos.

Autor: Fenrir

Amateur writer, I like aviation, movies, beer, and a good talk about anything that concerns the human being.

2 comentarios en “La gran mentira de la democracia”

  1. De nosotros depende. Debemos saber que tratan de convertir la política en un simulacro donde lo relevante queda velado por la estridencia y lo superfluo se airea como la quintaesencia democrática, que nos quieren, en palabras escritas por Javier Melero en El engaño, como el coro de una tragedia griega donde sus protagonistas pueden lamentarse, advertir, recriminar, pero tienen prohibido influir en el curso de los acontecimientos. Como señalas: “Solo el aprendizaje de la razón y la lógica pueden convertir la democracia en una herramienta real, útil, práctica”.

    Saludos

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    1. Muchas gracias por tus palabras. Efectivamente somos un coro ahogado en el ruido del populismo y el oportunismo. Churchill lo dijo: “El mejor argumento contra la democracia es cinco minutos de conversación con el votante medio”. Precisamente ese medio es lo que hay cambiar por educación, visión crítica, y racionalidad. Saludos.

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