Gobiernos: el sueño del control perfecto

Los gobiernos suelen realizar actos ridículos, porque están gestionados por hombres y mujeres generalmente sin formación, con una gran ansia de poder y de control, o, lo más común, con una mezcla de ambas cosas. Un ejemplo sería el actual gobierno brasileño, que ha ordenado interrumpir las comunicaciones por whatsapp para impedir que unos delincuentes se puedan comunicar entre sí. Pretenden que, al cerrar WhatsApp, los criminales dejen de poder actuar. Y sí, van a detenerse; al menos hasta que descarguen otra aplicación similar. Obviamente, la solución es cerrar todo tipo de comunicación por Internet, o que todo lo que se comunica pueda ser visto por el gobierno de turno, como ocurre en algunos países, y como quiere generalizarse a todo el mundo.

Es importante dejarlo claro: en la era de Internet, existen dos opciones: o cierras Internet, o siempre van a existir alternativas. Si quieres acceder a los teléfonos de los delincuentes, ellos encontrarán otra forma de gestionar sus datos. Si quieres cerrar Whatsapp, se comunicarán por Telegram o cualquier otro sistema de mensajería. Si quieres controlar a todos los individuos y convertirlos en sospechosos, los individuos reaccionarán ocultando más sus datos.

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Dijo alguien que “El pueblo que sacrifica libertad por seguridad no merece ninguna de las dos, y perderá ambas”. La privacidad no existe para ocultar información de delincuentes. Existe porque tenemos derecho a tener nuestro espacio propio. Del mismo modo que no dejamos entrar a extraños a casa, ni a la policía sin una orden judicial, no debemos dejar que gobiernos e instituciones entren en nuestra información privada. Mis documentos privados son privados, no porque yo no quiera que la gente lo vea, sino porque es mi derecho mostrar mis datos personales solo a quien corresponda cuando corresponda, y por supuesto, no en cualquier momento y sin mi autorización expresa.

Mucha gente sigue con la cantinela “yo no tengo nada que ocultar”. Desgraciadamente, tienes mucho que ocultar. Puedes tener datos en tu teléfono que en tu país sean legales, pero no en otro país. Si viajas a ese país, pueden considerar que estás infringiendo la ley por llevar esa información, o simplemente porque les interesa tener un motivo para detenerte y usan ese material como prueba. Las razones son muy diversas, pero al final, justificadas. Y son justificadas porque llevas fotos de tus hijos desnudos, por ejemplo.

Dirás entonces: “¡pero son mis hijos!”. De acuerdo. Demuéstralo. Y mientras lo demuestras, una agencia ya ha visto esas fotos, y ha creído que eres un pederasta, y ha tomado represalias contra ti. Y lo que llevabas eran fotos de tus hijos en la playa o bañándolos. Algo tremendamente inocente y familiar te puede llevar a una locura, hasta que se aclare. Pero, quizás cuando se aclare ya hayas tenido un trauma, por no hablar de los medios sensacionalistas acusándote de pederasta. Y por no hablar del robo de fotos, y la venta de las mismas, a terceros, incluyendo por supuesto pederastas. Quítate luego esa fama de encima cuando todo el mundo ha visto tu foto en Internet. Una pesadilla que puede ser tan real como haber hecho unas fotos de tus hijos en la bañera.

Cerrar Whatsapp no detendrá a ningún criminal. Colocar puertas traseras en todos los dispositivos no detendrá a ningún criminal. Intentar poner puertas a Internet no detendrá a ningún criminal. Y, por último, violar la privacidad de toda la población de un país, o de un planeta, no detendrá a ningún criminal. Lo que detendrá a un criminal es, en primera instancia, evitar que se convierta en criminal, con sociedades más justas, más igualitarias, más equitativas, como ya conocemos en algunos países, con tasas de criminalidad bajísimas, y ¡oh sorpresa!, con niveles de privacidad y libertad altísimos.

Cuando te digan que quieren tus datos por tu seguridad, recuerda: te quieren a ti. Quieren controlarte. Quieren conocer tu vida, tus deseos, tus anhelos, tus miedos, tus fobias. Quieren saberlo todo para poder tomar decisiones sobre tu vida, y para sospechar de ti, al menor indicio, cuando algo no les cuadre, por pequeño que sea el motivo.

No os vendáis. No vendáis vuestros datos, vuestra vida, por una falsa sensación de seguridad, que solo busca el control de vosotros y vuestras familias. Hay que perseguir a los criminales, sin ninguna duda. Hay que detenerlos, juzgarlos, y condenarlos sin son culpables. Pero no puede, en ese proceso, arrastrarse a toda la población.

Convertir a una nación en sospechosa no aumentará la seguridad, solo la neurosis y la sensación de estar constantemente controlado y vigilado. Y ese escenario no es el mejor para el desarrollo de un país libre y seguro. Y nunca lo será.

Puertas traseras, por las que entran el que quiera

Estos días se ha hablado mucho de un iPhone y de Apple. El FBI quería que Apple le permitiese acceder al teléfono, al pensar que podía haber información vital sobre un reciente ataque terrorista. Apple se ha opuesto, explicando que no se puede crear un sistema que rompa la seguridad de los teléfonos. No porque no sea posible. Sino porque no sería ético. El debate, por supuesto, ha sido candente. Y muy interesante. Algunos acusaban a Apple de estar al lado de los terroristas. Lamentable.

La idea final del FBI, y de otros organismos públicos, es que todos los teléfonos tengan lo que se conoce como una puerta trasera. Una forma de acceder a los datos de cualquier teléfono, tablet, o cualquier otro dispositivo. También, obligar a que whatsapp y otros sistemas no encripten la información, para que pueda ser interceptada por el gobierno. Mucha gente está de acuerdo con esto. La seguridad tiene prioridad ante la libertad.
Traigo malas noticias. Este asunto, aunque parezca nuevo, tiene miles de años. Cualquier organismo que pueda usar la información para el bien, la puede usar para otros fines. Porque no existe el bien, o el mal. Existe la libertad del individuo a tener una privacidad que debe ser respetada.

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