Demostraciones matemáticas y lógicas de la verdad

Tres de los artículos que más lecturas han tenido en 2018 han tenido que ver con temas de lógica y filosofía, lo cual es muy reconfortante, siendo un caso predominante este que indico. Y es algo gratamente sorprendente, primero, por el interés de los lectores en esos artículos, lo cual agradezco sinceramente. Segundo, porque temas como la lógica y la filosofía atraen a los lectores, lo cual demuestra que, en la actualidad, estos temas, tan importantes y críticos para entender el universo y al ser humano, siguen de total actualidad. Recordemos:

La filosofía es el arte de hacer ciencia con la palabra. La filosofía es, en definitiva, la unión final entre ciencia, mente y belleza.

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Filosofía, un agradecimiento sincero

Ayer me fui a dormir con la alegría de saber que, al parecer, la asignatura de filosofía va a volver a los institutos. Naturalmente se convirtió en trending topic en Twitter, y mucha gente se preguntaba por qué hay que aprender a pensar y a razonar. Y yo estoy de acuerdo; visto cómo funciona el mundo, la política, la publicidad, y las redes sociales, pensar es algo que al parecer se ha vuelto innecesario, irrelevante, casi ofensivo.

Hace un tiempo escribí dos artículos sobre la filosofía y su vital importancia en las aulas,  y sobre todo en la vida, y  sobre Platón. Por qué es importante aprender a pensar y a reflexionar de una manera metódica y rigurosa. Por qué debemos entender que el pensamiento requiere de un entrenamiento que no lo va a dar ni la física, ni las matemáticas, ni la biología. Esas asignaturas enseñan datos concretos, pero el verdadero poder de la filosofía consiste en poder entender la mente con todas consecuencias, y mucho más importante, poder derivar nuevas ideas, nuevas teorías, nuevos conceptos, a partir de ideas ya conocidas.

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Solo los muertos han visto el final de la guerra

Todos estamos de acuerdo en una cosa: la guerra es la peor creación que jamás pudo imaginar el ser humano. La mayor de las pesadillas, y la más terrible invención llevada nunca a cabo. Las guerras lo devoran todo, acaban con todo, y no dejan sino un dolor infinito, que dura generaciones.

Creo que cualquier ser humano estará de acuerdo en que cualquier medio para evitar una guerra es mejor que iniciarla. Porque las guerras se sabe cómo empiezan, pero nunca se saben cómo acaban.

De acuerdo. Entonces ¿por qué han muerto el doble de seres humanos desde 1945, cuando acabó la segunda guerra mundial, que en toda aquella guerra, incluidas las víctimas de las bombas atómicas? ¿Por qué las ventas de armas de todo tipo no dejan de crecer? ¿Por qué tenemos que ver a millones de refugiados huir de sus hogares por armas que fabrican nuestros propios países, y que vendemos a dictadores sin escrúpulos, llevándonos suculentos beneficios, para luego acusar a las víctimas provocadas por nuestras propias armas de ser los culpables de sus desgracias?

La respuesta es muy sencilla: hipocresía. Y avaricia. Y falta de cualquier atisbo de humanismo. Y geoestrategia, como ellos lo llaman eufemísticamente, cuando no se trata de geoestrategia: se trata del control, del poder, y de mantener el statu quo de los pueblos que, en cada momento de la historia, han sido los más poderosos, desde Sumeria hasta la actualidad.

Mucha gente, afortunadamente, no sabe lo que es la guerra. Y ojalá no lo sepan nunca. Pero son muchos, demasiados, los seres humanos indefensos que son brutalmente asesinados cada día en nombre de cualquier causa que solo esconde una verdad: que la única causa para provocar la guerra es alimentar al monstruo de la guerra. Y que la muerte de inocentes no tiene otra finalidad que seguir llenando los bolsillos de seres monstruosos cuya carencia de humanismo es solo comparable a la que podríamos encontrar en el mismo infierno.

La guerra es un monstruo que lo devora todo. Pero la guerra no existe por sí misma; se alimenta de la indiferencia y del ansia de poder.

Todos estamos de acuerdo en que la guerra es el peor monstruo de la humanidad. Pero todos vemos crecer nuevas guerras a nuestro alrededor. No se trata de llevar alimentos a un país o a otro, o de admitir a este o a aquel refugiado. Esa es una solución temporal. Lo que hay que llevar a todos los países del mundo es cultura, educación, formación, respeto, igualdad, y conocimiento.

Con ese caldo de cultivo, los pueblos podrán tener pan, agua, futuro, y una paz duradera. Recordemos que los muros siempre funcionan en ambas direcciones. Los de piedra, y, especialmente, los que se construyen en el corazón de los seres humanos. Porque esos, son, al final, los muros más difíciles de derribar. Y esos muros son los que construyen las armas que luego llevan el dolor a la humanidad. Derribemos esos muros; y tendremos, por fin, paz. Paz, y una justa y eterna libertad.

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Platón y la búsqueda del mundo real

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia de la filosofía en la formación del individuo como un todo armónico, en el que la mente no aprende conocimientos más o menos importantes, sino que aprende a valorar y argumentar esos conocimientos, dándole en cada caso la dimensión adecuada. Sin un sistema que permita analizar la información para contrastarla y dimensionarla de forma que sea útil, un ser humano no es más que un ordenador orgánico, es decir, un enorme almacén de datos.

Cualquiera puede memorizar datos. Darles un uso útil es otro tema. La inteligencia no se mide por la cantidad de conocimientos, sino por cómo obtener el máximo provecho de esos conocimientos, y más importante, cómo obtener nuevos y mejores conocimientos a partir de los anteriores.

En esta ocasión, y para dar una dimensión concreta a esa idea, vamos a revisar someramente el pensamiento del que sin duda es uno de los más grandes filósofos de toda la historia: Platón.

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Embaucadores y vendedores de sueños

Esta semana que acaba muchas webs de noticias sobre ciencia han acaparado, una vez más, titulares sensacionalistas con el único fin de atraer a lectores. Extraterrestres en la luna Europa de Júpiter, nuevas civilizaciones encontradas en alguna estrella, una quinta fuerza del universo, el fin del Sol de forma eminente, y otras noticias que no tienen ninguna base científica, o si la tienen, han sido retorcidas para crear un titular espectacular.

Allá donde el oscurantismo, los mitos, los embaucadores, la charlatanería, y la brujería se dan la mano, aparecen oportunistas que intentan convencernos de que los males que afligen a la Tierra no tienen una base científica, o en todo caso nos hablan de pseudociencia, con palabras que suenan a música pero están cargadas de falsedades. Debemos huir de esos vendedores de humo y de engaños que constantemente aparecen. La ciencia no es perfecta, pero los datos, los hechos, no mienten. Son las personas las que mienten. Debemos buscar el hecho en la naturaleza, y verificarlo a través de la naturaleza. No creamos lo primero que nos cuentan. Ni tampoco nos cerremos a nuevas ideas. Dejemos que sean los hechos y las pruebas los que nos lleven a la verdad.

Hablaremos de ello en La cocina de Sócrates , y hablaremos de Platón, el gran filósofo griego que es un puntal en la historia de la humanidad. Lo haremos a petición de un amable lector que lo ha solicitado, e intentaremos dar una visión sencilla pero clarificadora de tan grande personaje de la historia. Feliz semana.

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Gobiernos: el sueño del control perfecto

Los gobiernos suelen realizar actos ridículos, porque están gestionados por hombres y mujeres generalmente sin formación, con una gran ansia de poder y de control, o, lo más común, con una mezcla de ambas cosas. Un ejemplo sería el actual gobierno brasileño, que ha ordenado interrumpir las comunicaciones por whatsapp para impedir que unos delincuentes se puedan comunicar entre sí. Pretenden que, al cerrar WhatsApp, los criminales dejen de poder actuar. Y sí, van a detenerse; al menos hasta que descarguen otra aplicación similar. Obviamente, la solución es cerrar todo tipo de comunicación por Internet, o que todo lo que se comunica pueda ser visto por el gobierno de turno, como ocurre en algunos países, y como quiere generalizarse a todo el mundo.

Es importante dejarlo claro: en la era de Internet, existen dos opciones: o cierras Internet, o siempre van a existir alternativas. Si quieres acceder a los teléfonos de los delincuentes, ellos encontrarán otra forma de gestionar sus datos. Si quieres cerrar Whatsapp, se comunicarán por Telegram o cualquier otro sistema de mensajería. Si quieres controlar a todos los individuos y convertirlos en sospechosos, los individuos reaccionarán ocultando más sus datos.

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Dijo alguien que “El pueblo que sacrifica libertad por seguridad no merece ninguna de las dos, y perderá ambas”. La privacidad no existe para ocultar información de delincuentes. Existe porque tenemos derecho a tener nuestro espacio propio. Del mismo modo que no dejamos entrar a extraños a casa, ni a la policía sin una orden judicial, no debemos dejar que gobiernos e instituciones entren en nuestra información privada. Mis documentos privados son privados, no porque yo no quiera que la gente lo vea, sino porque es mi derecho mostrar mis datos personales solo a quien corresponda cuando corresponda, y por supuesto, no en cualquier momento y sin mi autorización expresa.

Mucha gente sigue con la cantinela “yo no tengo nada que ocultar”. Desgraciadamente, tienes mucho que ocultar. Puedes tener datos en tu teléfono que en tu país sean legales, pero no en otro país. Si viajas a ese país, pueden considerar que estás infringiendo la ley por llevar esa información, o simplemente porque les interesa tener un motivo para detenerte y usan ese material como prueba. Las razones son muy diversas, pero al final, justificadas. Y son justificadas porque llevas fotos de tus hijos desnudos, por ejemplo.

Dirás entonces: “¡pero son mis hijos!”. De acuerdo. Demuéstralo. Y mientras lo demuestras, una agencia ya ha visto esas fotos, y ha creído que eres un pederasta, y ha tomado represalias contra ti. Y lo que llevabas eran fotos de tus hijos en la playa o bañándolos. Algo tremendamente inocente y familiar te puede llevar a una locura, hasta que se aclare. Pero, quizás cuando se aclare ya hayas tenido un trauma, por no hablar de los medios sensacionalistas acusándote de pederasta. Quítate luego esa fama de encima cuando todo el mundo ha visto tu foto en Internet.

Cerrar Whatsapp no detendrá a ningún criminal. Colocar puertas traseras en todos los dispositivos no detendrá a ningún criminal. Intentar poner puertas a Internet no detendrá a ningún criminal. Y, por último, violar la privacidad de toda la población de un país, o de un planeta, no detendrá a ningún criminal. Lo que detendrá a un criminal es, en primera instancia, evitar que se convierta en criminal, con sociedades más justas, más igualitarias, más equitativas, como ya conocemos en algunos países, con tasas de criminalidad bajísimas, y ¡oh sorpresa!, con niveles de privacidad y libertad altísimos.

Cuando te digan que quieren tus datos por tu seguridad, recuerda: te quieren a ti. Quieren controlarte. Quieren conocer tu vida, tus deseos, tus anhelos, tus miedos, tus fobias. Quieren saberlo todo para poder tomar decisiones sobre tu vida, y para sospechar de ti, al menor indicio, cuando algo no les cuadre, por pequeño que sea el motivo.
No os vendáis. No vendáis vuestros datos, vuestra vida, por una falsa sensación de seguridad, que solo busca el control de vosotros y vuestras familias. Hay que perseguir a los criminales, sin ninguna duda. Hay que detenerlos, juzgarlos, y condenarlos sin son culpables. Pero no puede, en ese proceso, arrastrarse a toda la población. Convertir a una nación en sospechosa no aumentará la seguridad, solo la neurosis y la sensación de estar constantemente controlado y vigilado. Y ese escenario no es el mejor para el desarrollo de un país libre y seguro. Y nunca lo será.