Platón y la búsqueda del mundo real

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia de la filosofía en la formación del individuo como un todo armónico, en el que la mente no aprende conocimientos más o menos importantes, sino que aprende a valorar y argumentar esos conocimientos, dándole en cada caso la dimensión adecuada. Sin un sistema que permita analizar la información para contrastarla y dimensionarla de forma que sea útil, un ser humano no es más que un ordenador orgánico, es decir, un enorme almacén de datos.

Cualquiera puede memorizar datos. Darles un uso útil es otro tema. La inteligencia no se mide por la cantidad de conocimientos, sino por cómo obtener el máximo provecho de esos conocimientos, y más importante, cómo obtener nuevos y mejores conocimientos a partir de los anteriores.

En esta ocasión, y para dar una dimensión concreta a esa idea, vamos a revisar someramente el pensamiento del que sin duda es uno de los más grandes filósofos de toda la historia: Platón.

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Hablar de Platón (su nombre real era Aristocles) es hablar, junto a Sócrates y Aristóteles, de los tres principales filósofos griegos, y sin duda tres de los hombres que más han influido en la historia de las sociedades modernas. De hecho, la filosofía de estos tres grandes pensadores prefiguran el desarrollo del pensamiento del ser humano durante los últimos veinticinco siglos. Hoy voy a hablar de Platón, aunque no se puede separar su línea de pensamiento, que fue muy influenciada por su maestro Sócrates, de la de Aristóteles. El mundo del pensamiento ha girado sobre estos nombres desde entonces.

No voy a entrar, como suele ser costumbre, a enumerar biografía, obras, y desarrollo de los argumentos filosóficos de Platón, porque estos aspectos ya han sido perfectamente descritos en los últimos dos mil quinientos años, y yo no tengo la capacidad suficiente como para ser capaz de valorar, y mucho menos documentar, los grandes logros del filósofo griego.

Sí voy a intentar dar un detalle de los elementos clave del desarrollo del pensamiento de Platón, centrándonos en dos aspectos: sus diálogos, que fundamentan lo que se conoce como el método socrático, que Platón aprendió de su maestro, y los aspectos generales de su modelo de estado y del ser humano, entendidos y explicados en una de sus obras principales, “La República”. Explicaré por qué rechazaba la democracia como método de gobierno, y daré cuenta de que Platón no planteaba con ello, como mucha gente cree, un modelo de dictadura como hemos conocido en muchas ocasiones en muchos países. De hecho, Platón renegó de los modelos de dominio de poder absoluto que conoció en su vida, y de los tiranos que gobernaron en su época, y que él repudiaba.

El método socrático y los diálogos

Los diálogos de Platón se basan en el aprendizaje que el filósofo griego tomó de su maestro Sócrates. Sócrates no ha dejado un legado de sus obras, ya que consideraba el texto escrito como poco apropiado para llevar a cabo su labor. Pero Platón condensó los aspectos principales del modelo de pensamiento de Sócrates, y lo conformó en los “Diálogos de Platón” que son sin duda una fuente de conocimiento moral y ético sobre el comportamiento del ser humano, y prefiguran la base del pensamiento filosófico que ha influido en casi todos los posteriores filósofos de todo tipo de línea de pensamiento.

Cuando comencé a estudiar los diálogos, y a entender su modelo de trabajo, yo tenía unos quince o dieciséis años. De la mano de un gran experto en filosofía que nos transmitió el amor y la pasión por esta disciplina en el colegio, aprendí algo que es fundamental en cualquier ser humano para su desarrollo: aprendí a pensar. De repente, las matemáticas, la física, la química, y el conocimiento general, siendo por supuesto importantes y fundamentales, pasaban por el tamiz de la reflexión y el análisis del porqué de las cosas, y cómo aprender por qué las cosas son de una forma concreta, y no como cada cual quiera que sean. Este concepto recibe el nombre de mayéutica, y sin duda influenció enormemente en mi vida. Tanto es así que uso esta técnica a menudo en mi vida diaria. Puede parecer sorprendente, pero no lo es: la filosofía se puede aplicar, y se debe aplicar, a la vida diaria.

Platón fue el hombre que recogió esta disciplina y modelo de trabajo, y a través de sus diálogos aprendí que la lógica y el racionalismo son más poderosos que cualquier otra fuerza de la naturaleza. Ante el argumento basado en la evidencia, en el hecho, y en la doctrina moral y ética que prefiguran desde entonces el pensamiento racional del ser humano, el filósofo griego nos enseñó que se puede moldear y preparar el pensamiento para convertir al ser humano en una entidad más fuerte, más segura, y con mayor disciplina de la que pueda dar cualquier otra rama del pensamiento humano.

El mito de la caverna y el amor platónico

Probablemente la mejor forma de aproximarse a Platón sin quedar apabullado por la ingente cantidad de material que existe sobre su modelo filosófico es estudiar y conocer el llamado “mito de la caverna”, que se encuentra en su libro “La república”. El nombre no es del todo exacto, y deberíamos referirnos al mismo como “la alegoría de la caverna” que es precisamente lo que es, y no un mito. Por supuesto sobra decir que me impresionó cuando tuve conocimiento de la misma, como todo lo referente a la filosofía platónica.

En esta alegoría, unos hombres viven, desde su nacimiento, encadenados a una pared en una cueva. Lo único que pueden ver son las sombras que se proyectan desde el exterior de la cueva. Ellos nunca han visto la realidad, excepto aquella que está formada por dichas sombras. Para ellos, el mundo real es ese, y desconocen por completo el exterior.

Un día, uno de esos hombres es desencadenado, y llevado fuera de la caverna. Allí ve los objetos, animales y personas que son los causantes de las sombras que ha estado viendo toda su vida. Naturalmente la sorpresa es mayúscula, por cuanto se desmorona completamente su modelo teórico de lo que era el universo y de qué estaba formado. Descubre que existe un mundo más allá de las sombras, que es el causante de todo lo que acontece. Cuando vuelve a la cueva, intenta explicar al resto de sus compañeros lo que ha visto. Los demás por supuesto no le creen, e incluso le tachan de loco.

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Si uno se detiene un instante a pensar en las implicaciones de esta alegoría, las consecuencias pueden ser extremadamente interesantes, cuando no sorprendentes. La pregunta inmediata que nos haremos es muy sencilla: ¿somos nosotros prisioneros que vivimos atados a una cueva que es el mundo que se nos presenta ante nuestros ojos? ¿Existe un mundo real, más allá del que vemos, que conforma la verdadera realidad de todo cuanto acontece? Para Platón así era, y lo dimensionaba en el mundo de las ideas, entendiendo por idea el concepto de pensamiento racional propio del ser humano, que en aquellos tiempos se daba como exclusivo de nuestra especie. Hoy sabemos que animales superiores son capaces de pensamiento abstracto, por ejemplo algunas aves son capaces de procesar sumas, algo que evidencia que lo que llamamos inteligencia es algo mucho más complejo y universal de lo que se nos ha contado.

Es importante que el lector tenga en cuenta un aspecto crucial: vivimos en el siglo XXI (o al menos este texto fue escrito en ese siglo), y nuestra mente conoce muchos aspectos de la ciencia y la naturaleza que Platón lógicamente desconocía. Muchos, ante la idea de esta alegoría, habrán pensado en cosas como la mecánica cuántica, verdadera naturaleza del universo, y completamente ajena a nuestro mundo cotidiano, y, por supuesto, versiones modernas de la alegoría de la caverna, como la película Mátrix.

Efectivamente: Mátrix, película que fue destacada como una gran producción de ciencia ficción muy original, y yo por supuesto considero que es un gran trabajo del género cinematográfico, nos plantea algo que se supone revolucionario: que “vivimos en un mundo que han puesto delante de nosotros para ocultarnos la verdad”. Estas palabras, pronunciadas por el personaje de Morfeo, son, en esencia, la alegoría de la caverna de Platón. Qué cierto es aquello de que ya está todo inventado. Eso no quita ningún mérito a la película, ni mucho menos. Pero Platón, hace veinticinco siglos, ya intuyó lo que puede ser nuestra existencia.

¿Tiene la alegoría de la caverna una respuesta real en relación al mundo en el que vivimos? Aquí entramos en un terreno complejo sin duda. Es evidente que nuestros sentidos nos proveen de información, pero esta es limitada y adaptada al modelo evolutivo que como mamíferos hemos desarrollado. Vemos lo que el cerebro se ha adaptado a ver por necesidades de supervivencia. Otros animales ven otras cosas, tal es el caso de las aves, cuyo cuarto bastoncillo (un tipo de células en los ojos para ver los colores) les permite ver muchos más colores que los que vemos nosotros. También algunos seres humanos parecen tener esta cualidad. Son mutantes, y aquí entraríamos en otro tema, porque esos mutantes pueden ver una realidad distinta de la nuestra, a veces superior a la nuestra en cuanto a información de esa realidad se refiere.

Lo cierto es que hay cosas que parecen estar delante de nosotros y no vemos, sea con nuestros órganos sensoriales, o con instrumentos. Un ejemplo evidente es la materia oscura, que conforma el 21% del universo. Está ahí, se desplaza por el universo y por la galaxia, pero solo podemos detectarla indirectamente debido a su efecto gravitatorio.

Platón, por supuesto, no conocía todo esto, pero sí era un hombre capaz de imaginar posibilidades, la cualidad fundamental de un científico. Para Platón, ese mundo real era el que se nos ocultaba a los ojos, y el ser humano sí tendría acceso al mismo al morir, al poseer un alma inmortal que trascendía la vida y, una vez liberada del cuerpo, entraría en contacto con ese mundo real y perfecto.

Es posible que algunos lectores estén pensando, al leer esto, en la idea del cristianismo y el islamismo, que aseguran que tenemos un alma inmortal, y que esta trasciende la vida, y va al cielo, donde existe eternamente. De nuevo, las ideas posteriores sobre el alma y sobre la trascendencia de la misma ya fueron planteadas por Platón siglos antes del nacimiento de estas religiones. Platón lógicamente no era cristiano ni seguidor del islam, sencillamente porque no existían estas religiones en la Grecia clásica. Existía, eso sí, el concepto de diosa virginal, encarnada en la diosa Atenea y en las vestales sacerdotisas de los templos que debían ser vírgenes de por vida para amar y cuidar de los dioses, que luego daría lugar al concepto de virgen madre de un dios, con el nombre de María. De nuevo, nos han enseñado como novedad algo que ya era conocido mucho tiempo atrás.

En cuanto al amor platónico, ese que más o menos todos hemos vivido alguna vez, en el que sentíamos algo por alguien de forma casi espiritual, Platón lo definía como el amor puro y verdadero, el amor que emana directamente del alma, y que no está influenciado por aspectos terrenales. Ese amor perfecto modela un sentimiento que no tiene nada de carnal, y que conforma una cualidad que proviene de ese mundo real de las almas que solo podemos intuir.

De nuevo, las religiones han tomado esa idea cuando se habla del amor al prójimo y del amor a Dios. Platón ya concibió esta idea, que luego otros transformaron y moldearon.

No voy a extenderme más sobre estos conceptos porque realmente se podría hablar de ellos, y de muchos otros, durante muchas páginas. Sí creo que el lector se habrá conformado una idea, si no la conocía ya, de las enormes implicaciones que Platón tuvo en el pensamiento medieval y moderno con su modelo del mundo. Un modelo que tuvo un antagonista posterior: Aristóteles, si bien compartían más cosas de las que nos han hecho creer.

En “La república” Platón también nos habla de su modelo de gobierno, que huye de una democracia que era corrupta y que se ha demostrado estaba casi siempre comprada, cuando no manipulada por las clases superiores. Pero también detestaba la tiranía, lo que hoy conocemos como dictadura, y planteó un tipo de gobierno en tres niveles, con los hombres más capacitados gobernando sabiamente, por supuesto, siendo estos hombres filósofos. Estas son unas ideas muy interesantes, que requerirían de un artículo completo solo para comenzar a arañar la superficie de este asunto.

En definitiva, si Sócrates fue la llama que avivó un nuevo modelo de pensamiento, Platón fue el hombre que le dio forma al mismo, y con su academia de filosofía que creó y perduró durante siglos estableció el modelo de pensamiento que hoy vivimos, y que conforma muchos de los modelos sociales, culturales, éticos y morales de nuestras vidas diarias. La gran mayoría no provienen de la religión, como mucha gente cree, sino que estas las tomaron de Platón y su academia, y distorsionadas y adaptadas convenientemente han llegado hasta nuestros días.

Pero no es necesario, afortunadamente, leer libros sagrados para conocer a Platón. Podemos leer a Platón directamente, y conocer la fuente real de su pensamiento y filosofía. De este modo entenderemos su mundo, y lo que es más importante, entenderemos mucho mejor el nuestro. La filosofía es el vaso del que han de beber los jóvenes para que crezcan sus mentes cuando sean adultos. Si no, serán adultos en sus cuerpos, pero sus almas y mentes estarán realmente vacías. Y una mente vacía no es más que una cáscara manipulable e ignorante.

Debemos evitar eso, y debemos proveerles del conocimiento de la filosofía. Eso les hará grandes. Como seres humanos, y como personas trascendentes al mundo real.


Información sobre Platón.

Información sobre la Alegoría de la caverna.

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