Extracto y portada de “Angeles de Helheim”

A fin de mes, o principios de marzo, estará publicado el primer capítulo de “Ángeles de Helheim”, el relato que narra el origen de Vasyl Sergei Pavlov, uno de los protagonistas principales de la saga Aesir-Vanir. También os traemos la portada del que será la tapa del libro final, una vez se hayan concluido los capítulos.

Esta será una obra de unas sesenta a ochenta páginas, en todo caso, no mayor que “Operación Fólkvangr”, libro que cronológicamente será inmediatamente posterior a este. Espero que os guste.

portada_angeles
Portada de “Ángeles de Helheim”

Extracto de “Ángeles de Helheim”.

—¿Vasyl?
—¿Kathryn? Te he dicho que no me llames cuando estoy en el trabajo.
—Claro, el señor puede desaparecer tres semanas, y yo tengo que aguantarme sola, en esta casa vacía, que se me cae encima. Pues hoy me he dicho: voy a usar ese comunicador que tengo para llamar y que no debo usar nunca, excepto en caso de emergencias.
—Ya lo hemos hablado otras veces, nena. Es para emergencias. ¿Es una emergencia?
—Depende de lo que entiendas como emergencia. Pero es igual.
—Mira, Kathryn. Yo desaparezco, es cierto. Luego estoy dos meses en casa. Dos meses en casa, dos semanas fuera. Tres meses en casa, tres semanas fuera. Imagina que soy piloto, y que tengo que hacer distintas rutas. Pues es lo mismo. —Kathryn rió.
—Eras piloto de combate, pero al menos estabas en el aire, en aquella bañera de acero. Ahora nunca sé dónde te metes. ¡Y me pongo de los nervios! —Pavlov suspiró, y contestó:
—Mira nena, no debería decirte esto, pero quedan cinco días para que vuelva, puede que sea antes incluso. Estoy bien, te lo aseguro. Mi trabajo es completamente seguro. Me dedico a ayudar a unas jóvenes estudiantes de biología, para que puedan sostener los tubos de ensayo durante sus estudios. Y soy tremendamente amable con ellas. —Kathryn asintió levemente sonriente, y contestó:
—Si eso fuese verdad, te habrían envenenado a los diez minutos, sabiendo lo insoportable que puedes llegar a ser. Ya engañaste a una bióloga una vez, e hiciste que se enamorase de ti. Todavía no me puedo creer cómo me dejé engañar por ti. ¿No tuviste bastante arruinando una vida?
—Nena, tengo que cortar. Estaré bien, de verdad. —Kathryn no pareció muy convencida.
—Cuídate, obstinado y terco animal de dos patas. Sabes que te quiero.
—Yo también te quiero. Muy pronto habremos ganado el dinero suficiente como para poder retirarnos a una isla perdida. Los dos solos. ¿Te lo imaginas?
—¿Los dos solos? ¿Es que quieres que me vuelva loca, sin nadie más con quién hablar, excepto tú? —Pavlov sonrió.
—Bueno, podemos llevar a tu madre, y entonces seré yo quien se vuelva loco.
—Tengo miedo, Vasyl. Tu vida es un caos. Tú eres un caos. Te atormentaste a ti mismo cuando sufriste la lesión en aquel vuelo. Y pensé que íbamos a vivir una vida más o menos normal, si es que eso es posible contigo. Pero luego te enredaste en esas… Misiones. Y lo que pensé que no podía ir a peor, ahora es mucho, mucho peor.
–Me ofrecieron mucho dinero. La alternativa era cobrar la pensión de la armada toda mi vida. Eso iba…
—Iba a matarte —cortó Kathryn—. Lo sé. Sé que si no hay algo explotando a tu alrededor de vez en cuando te puedes volver loco. Pero pasan los años, Vasyl. Y tenemos planes. Y tenemos que hablar. Cuando vuelvas. De varias cosas, de una cosa en particular, y de todo esto.
—Si lo que quieres es decirme que vas a dejarme, lo entenderé. Sé que soy imposible. —Kathryn negó con rotundidad.
—No seas tonto. Somos un equipo. Siempre lo dices. Y te estás sacrificando por los dos. Yo puedo seguir con mis estudios de biología, con mi investigación en desarrollos de genética avanzada. Incluso cuando cerraron el laboratorio, me prohibiste dejarlo. Y tengo al hombre más apasionado y loco del mundo, eso sí, cuando estás a mi lado. ¿Qué más puedo pedir? ¿Quizás… Tener una vida normal?
—Acabará pronto, Kathryn. Lo prometo.
—Siempre dices lo mismo. Y yo siempre te creo.
—Kathryn, yo…
—No, no digas nada —cortó de nuevo ella—. No digas nada. Ven. Te estaré esperando. Como siempre. Pero ven, por favor.
—Tengo que cortar, nena, me están llamando. Nos veremos pronto. Cuídate. Por favor.
—Cuídate tú. Eres el que se juega la vida en esa maldita locura que ni entiendo ni podré entender.
—Alguien ha de hacerlo.
—Lo sé. Y sé que estás ayudando a otros con tu trabajo. Pero no me pidas que me guste. Cuídate, loco soñador.
—Cuídate, cariño.
La señal se cortó. Pavlov se mantuvo en silencio unos instantes. Alguien se acercó.
—¿Pavlov? ¿Está listo?
—Estoy listo, coronel.
—Pues muévase. Esos cabrones no van a esperar por nosotros.
—Lo sé, señor. Lo sé.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s