La quimera de la igualdad hombre-mujer

Hace unos días consulté una entrada en Facebook con fotos de mujeres denunciando actitudes machistas, sean provocaciones verbales, piropos, especialmente los agresivos, pero todo piropo es un insulto, cuando no tocamientos, persecuciones, acusaciones de “ir provocando” por llevar una falda que no es lo suficientemente larga, o el típico “ a los hombres también les pasa y no dicen nada”.

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Primero: es cierto que hay mujeres que acosan a hombres. Si eso ocurre, el hombre tiene el derecho de denunciarlo, exactamente igual que una mujer. Segundo, si una persona gana un millón de euros, y otra persona gana mil, ¿cómo llamamos a eso? Lo llamamos “Descompensación injusta”. Entonces ¿cómo llamamos a que, de cada hombre acosado, haya mil mujeres acosadas? Por supuesto: lo llamaremos, descompensación injusta.
Los comentarios que leí en ese blog del Facebook por parte de muchos hombres daban miedo. Al parecer, los hombres tenemos la patria potestad sobre el cuerpo de las mujeres, y nos creemos con el derecho de reconocer que, en base a algo tan ridículo como las “necesidades sexuales” podemos llevar a cabo todo tipo de atrocidades, “porque es la ley natural”.

La ley natural también dicta que nos matemos entre todos, que gane el más fuerte, y que perezcan los más débiles. La ley natural también conlleva morir de enfermedades cuando suceden, y de explotar a nuestros semejantes. La ley natural también dice que debemos destruir al que se interponga en nuestros intereses, y quedarnos con sus bienes, y por cierto, “con sus mujeres”. Recordando una canción del genial Serrat:

“Toma tu mula, tu hembra, y tu arreo, y sigue el camino del pueblo hebreo”.

Esta es una estrofa de una canción de Serrat. Aquí el gran autor habla, no como el piensa por supuesto, sino como se pensaba, y se piensa todavía, por parte de muchos hombres. La “hembra” es solo una pieza más del poder del hombre, importante sí, pero un objeto al fin y al cabo.

Queda un larguísimo camino hasta conseguir la igualdad real entre hombres y mujeres. La discriminación, la persecución, la intromisión en sus vidas, la explotación laboral y sexual, y el sometimiento a unas series de culturas, tanto en oriente como en occidente, represivas y denigrantes, son aspectos de nuestras sociedades que deberán cambiar mucho para que podamos hablar de una sociedad moderna, civilizada, y avanzada.

Para terminar, recuerdo a una amiga que tenía hace ya unos años. Era bastante seria, y con un carácter fuerte sin duda. Un día, pasando por una obra, mientras yo la esperaba cerca, unos obreros le dijeron una serie de cosas totalmente irreproducibles. Ella se volvió, y, sinceramente, nunca he visto una retahíla de frases tan acertadas y contundentes. Los obreros callaron y siguieron trabajando. Yo desde luego disfruté con la respuesta de mi amiga. Estuvo bien su contraataque. Pero el suceso fue lamentable. Y esto ocurre todos los días, en todo el mundo. Hay que parar estas actitudes. Hay que terminar con esta discriminación. Solo si llegamos a una igualdad real podremos avanzar. Si no, seguiremos siendo un grupo de antropoides ligeramente evolucionados. Y eso no tiene futuro. Ningún futuro.

 

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