EMDrive, la nueva quimera de la física aplicada

Actualizado septiembre 2016: la NASA va a lanzar un experimento sobre el principio del EMDrive al espacio para probar si funciona. Curiosamente, sus defensores ahora ya empiezan a rebajar la euforia, diciendo concretamente que, después de todo, el EMDRive es un “reactor como cualquier otro” en el que hay un desplazamiento que provoca, según la tercera ley de Newton, una fuerza en sentido contrario. Un reactor convencional que tiene un propulsor que, por supuesto, necesita energía, usando electricidad para transformarla en microondas, y estas microondas son las que generan el empuje.

Actualizado  noviembre 2015: siguen surgiendo noticias sobre este asunto, relacionando a la NASA con los desarrollos de este motor. Son falsas, o, cuanto menos, tergiversadas, ya que ningún estamento oficial de la NASA trabaja en este asunto, sino personal de la NASA que de forma paralela realiza publicaciones sobre el EMDrive. 

Recordemos las leyes de la termodinámica: no hay energía gratis. Lo sentimos mucho, y es una pena. Pero el universo funciona así, por mucho que nos empeñemos en lo contrario.

Traemos hoy aquí un tema espinoso que está dando que hablar, y mucho, a la comunidad científica, y, como suele ocurrir a veces, a los entusiastas de teorías especulativas que no llevan a nada: el EMDrive Engine. El revuelo armado por este sistema, del que últimamente se ha dicho que hasta la NASA lo apoya (lo cual es falso, se trata de un técnico colaborador de la NASA), hace que, de nuevo, y como ha ocurrido en otras ocasiones, las esperanzas de energía buena, bonita, y muy barata, se pierdan entre quimeras y sueños. Vamos a verlo con más detalle.

Esta lata nos va a llevar hasta las estrellas. ¡Wow!
Esta lata nos va a llevar hasta las estrellas. ¡Wow!

El sueño de la física es saltar las barreras del conocimiento adquirido, y llevar ese conocimiento más lejos. Y el sueño de los ingenieros es tratar de crear instrumentos más perfectos y evolucionados, partiendo de la base de los nuevos conocimientos que la física va entregando a la sociedad. Tenemos, pues:

1.- Física teórica: intenta comprender mediante conceptualizaciones teóricas la estructura y organización del universo y de la materia y energía que lo compone. Crea para ello modelos físico-matemáticos que, en ocasiones, se verifican como ciertos. Un ejemplo clásico es la teoría de la relatividad.

2.- Física aplicada: toma los modelos anteriormente citados, e intenta verificar su autenticidad. ¿Es cierto lo que dice esa o aquella teoría? Vamos a verificarlo. Eso es lo que se ha hecho, por ejemplo, con el famoso bosón de Higgs. Era teórico, pero el CERN en Ginebra verificó su existencia. A veces, la física aplicada detecta fenómenos que no entran en ninguna teoría. Entonces los físicos teóricos desarrollan nuevas teorías para explicar esos fenómenos.

3.- Ingenieros: toman los resultados verificados de la física aplicada, e intentan desarrollar nuevas tecnologías que sean mejores que las anteriores. Por ejemplo, el efecto fotoeléctrico que teorizó Einstein y que ha servido para construir las placas solares de gran utilidad hoy en día para obtener energía limpia.

Todo esto es fantástico y maravilloso. Pero, no lo olvidemos: la ciencia no es perfecta. Cometer errores es normal. ¿Por qué? Porque está hecha, y gestionada, por seres humanos. Y los seres humanos, no lo olvidemos, se equivocan. Es lo que se suele conocer como ciencia patológica.

En muchas ocasiones, y contrariamente a la creencia popular, estas equivocaciones no son intencionadas. Son fruto de la pasión por el trabajo, por el ansia de obtener un resultado concreto que demuestre que cierta teoría personal es correcta, o, simplemente, porque no se han hecho las cosas como se debería. A veces, por supuesto, los errores son intencionados. Pero estos son los menos, aunque existen sin ninguna duda. Errores hay muchos cada año, aunque algunos pasan a la historia como ejemplos. Uno de ellos fue la fusión fría en los años ochenta. O, más recientemente, los neutrinos más rápidos que la luz. En ambos casos, hubo mucho entusiasmo, y errores que no se tuvieron en cuenta, y que condujeron a resultados erróneos.

El caso del EMDrive

En el momento de escribir estas líneas, ha aparecido un nuevo caso de entusiasmo exacerbado. Recibe el nombre de EMDrive (Electromagnetic Drive, recomiendo este artículo) y, básicamente, consiste en un motor que permitiría generar empuje, y por lo tanto movimiento, sin usar partes mecánicas ni combustible. Sin duda, algo increíble y que permitiría una revolución en el mundo moderno. No sólo en los transportes, sino en todo lo relacionado con la obtención de energía.

Del EMDrive y sus desarrollos se viene hablando desde hace años, pero es últimamente cuando se ha popularizado, gracias a los medios de comunicación que, como en otras ocasiones, imaginan naves de Star Trek recorriendo la galaxia a velocidades increíbles. Ahora, en septiembre de 2016, sale de nuevo a la luz debido a que la NASA desea mandar un experimento con este principio al espacio.

Más allá de toda esa fanfarria, la realidad es esta: el EMDrive viola, según todos los indicios, la tercera ley de Newton, e implica, necesariamente, el concepto de Perpetuum mobile, es decir, una máquina del movimiento continuo. Su principio, que consiste en inyectar fotones en una cámara con forma cónica, y el hecho de que esto genere una fuerza, es algo que requiere mucho, mucho más que unos cuantos experimentos. De ser cierto, tendríamos que reescribir gran parte de la física teórica de hoy día. Pero obviamente, para declarar algo así hacen falta pruebas. Y extremadamente sólidas por cierto.

Sin embargo, últimamente están surgiendo voces que claman que, después de todo, el EMDrive no viola las leyes de la naturaleza, ni por supuesto la tercera ley de Newton, aquella que dice que una aceleración en un sentido generará una fuerza en sentido contrario. Al parecer, partes de la radiación de microondas (al fin y al cabo fotones) terminan saliendo del cono del EMDrive, mientras que otros no lo hacen, produciendo un diferencial que es lo que genera el impulso.

No me voy a detener en los aspectos técnicos del EMDrive, que pueden leerse en cualquier web, como por ejemplo la de este enlace. Sin embargo, sí voy a declarar que, últimamente, se le ha añadido al EMDrive capacidad de alterar la forma del espacio tiempo ya que crea pequeñas burbujas que lo transforman, tal como teorizó que se podría hacer Alcubierre, por lo que, como decía antes, algunos ya están imaginando naves viajando por el espacio a las estrellas.

Todo esto es fantástico, y maravilloso. Cualquier entusiasta de la ciencia, y de la ciencia ficción, estaría encantado de encontrar un motor que permita viajar a las estrellas. Lamentablemente, y como suele decirse, hay que traer a colación la tan manida y conocida frase que dice: “afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. Dicho de otro modo: si me estás hablando de un motor que es capaz de violar la tercera ley de Newton, y que permitirá viajar a las estrellas, tenemos que tener pruebas muy claras de que esto es así, y tenemos que poseer una teoría física que explique por qué es así. Y tenemos que poder verificar pruebas y teoría, y poder crear, en otros laboratorios, y por otros equipos, motores que funcionen tal como se dice que han de funcionar. Mientras esto no sea así, todo es palabrería.

¿Quiere eso decir que desde aquí negamos el motor EMDrive? No. Quiere eso decir que, de momento, los elementos disponibles no auguran nada bueno, y sí mucho malo. Parece que, otra vez, estamos ante algo que parece crear entusiasmo desmedido, y es normal, entre los entusiastas, y que los medios de comunicación se encargan de potenciar para conseguir visitas de esos entusiastas. Todo muy loable, pero falla en lo más básico: de momento, no funciona, o no hay evidencias claras de que lo haga. Por no hablar de la ya comentada violación de la tercera ley de Newton, y sin entrar ya en la idea de naves surcando las estrellas.

La NASA va a mandar un experimento al espacio para probar el EMDrive, ya que se especula que en la superficie de la Tierra se producen demasiadas interferencias en forma de señales electromagnéticas y de otros tipos como para reconocer si el sistema funciona. Hemos de tener en cuenta que el empuje generado, y esto lo saben los propios creadores, está cerca del límite detectable por los actuales instrumentos de medición, y eso puede llevar, y lleva, a errores muchas veces en muchos experimentos similares.

Todos queremos un motor así. Y todos estaremos encantados de ver un motor así. Pero, hoy por hoy, seguimos en el mismo punto: motores químicos, y, para el espacio profundo, motores de iones. Estos motores funcionan, y hay naves viajando por el sistema solar mediante estos sistemas. El EMDrive es una promesa, pero, como dijo el poeta: “si me vas a traer las estrellas, te cuidado no te quemes con ellas”.

¿Veremos al capitán Kirk al mando de la nave Enterprise? ¿Veremos cómo Luke salva la galaxia de los malvados Sith con ayuda del Halcón Milenario? No podemos saberlo ahora. Yo creo que, si este motor funciona, lo hará, tal como están empezando a reconocer los diseñadores, porque no es más que un reactor como cualquier otro. Electromagnético, de acuerdo, e impulsado por fotones, de acuerdo. Esta idea es muy similar a la que ya propulsan las sondas del espacio profundo mediante motores iónicos. Es decir, nada nuevo bajo el Sol.

Sí sabemos que no hemos alcanzado, ni mucho menos, la fase final de conocimientos necesarios para comprender la física del universo. Los descubrimientos que se hagan en el futuro, por ejemplo en el LHC del CERN, pueden quizás abrir nuevas puertas a futuros motores que permitan viajar a las estrellas. Pero, hoy por hoy, todo eso sigue perteneciendo a la ciencia ficción. El EMDrive puede quedarse, si no aparecen pruebas concluyentes, en otro sueño, en otra quimera, para alcanzar las estrellas. Pero, si eso ocurre, que nadie desfallezca: la ciencia seguirá adelante. Y es posible que dentro de un tiempo, quién sabe cuánto, podamos traer aquí mejores noticias. Ojalá sea así.

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2 comentarios en “EMDrive, la nueva quimera de la física aplicada”

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