Cuando ser mejores nos hace peores

Tras seguir mi proceso de “desintoxicación” de la red de Facebook, que ahora solo uso para mi página de ciencia y la de mi hobby, y recordando una reciente reflexión de un compañero de letras sobre el tema del suicidio, me gustaría profundizar un poco más en este asunto de las redes sociales y de Facebook, centrándolo en las expectativas de la gente con los demás y, especialmente, con uno mismo. Y las consecuencias de que se nos exija ser siempre “los mejores en todo”.

Como decía en el párrafo anterior, hace poco un compañero de letras hablaba del suicidio, ese tema que parece debe quedar oculto bajo el manto de la hipocresía en la que nos movemos actualmente. Las causas del suicidio son muy diversas, y acudir a un especialista ante cualquier síntoma es fundamental. Pero yo me voy a referir a uno de los motores de esa frustración que lleva a la idea del suicidio. Y es la excelencia que se nos exige para todo hoy día. Todo debe ser buena imagen, buen estilo, caras sonrientes, y un mundo ideal que las redes sociales promueven con todavía más fuerza que la televisión, y que es, en su mayor parte, falso.

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Un perro también es un gran amigo y una ayuda en los momentos difíciles

No estoy en contra de la belleza física ni de la gente guapa que presume de ello, cada cual vive su vida como quiere, y si un hombre o una mujer quieren presumir de ser bello o bella por su naturaleza física, al fin y al cabo, solo está llevando a cabo el viejo ritual del cortejo. Eso no es ningún problema. Supongo que hasta yo me afeité alguna vez para parecer interesante a alguna dama.

Pero sí es cierto que, habiendo conocido el mundo de la moda y la pasarela con bastante detalle, a través de una persona muy cercana que vivía por y para estos menesteres, donde el lujo, la droga, y la prostitución eran el día a día, no puedo por menos que asombrarme ante miles de personas que, influenciados por la televisión, y ahora por las redes sociales, consideran que ese mundo es maravilloso, y que acceder al mismo es la clave de la felicidad eterna. Esas personas no podrían estar más equivocadas.

He perdido la cuenta de la gente amable y simpática con fotos maravillosas en Facebook que pretenden dar una imagen de pasarela, y que luego ocultan una vida triste y amarga, y he visto intentos de suicidio en mi propio entorno, con gente que se suponía vivía una vida plena y maravillosa. He tenido que entrar en centros psiquiátricos a visitar amigos que se habían perdido más allá de la locura por la presión excesiva, con la ayuda de la cocaína. Y he visto cómo se pierde la realidad cuando la droga es la única salida para una persona desesperada porque no tuvo una oportunidad en su vida. Nadie le tendió una mano, y luego todos la acusaron de equivocarse. Sí. Se equivocó. Pero también nosotros nos equivocamos cuando decidimos dar la espalda a alguien que lo necesita. Nos colocamos un filtro en la mente que borra de un plumazo cualquier problema de cualquier persona que no atienda a ese modelo de belleza y sintonía positiva. Pero la vida no es así. Y no lo ha sido nunca.

La realidad es muy dura, y nos obligamos a sonreír constantemente. Debemos ser guapos, altos, jóvenes, con grandes trabajos y mejores parejas. Con vacaciones maravillosas y siempre dispuestos a dar nuestra cara más amable. Debemos darlo todo, debemos ser fantásticos, y debemos cumplir todas las expectativas. Eso se traslada a Facebook, donde la gente sufre si su última gran entrada no tiene su consabida ristra de “me gustas”. Eso crea frustración innecesaria. Innecesaria, y peligrosa.

Por eso, creo que es hora de que dejemos de ser tan fantásticos y maravillosos, y empezar a ser humanos de nuevo. Debemos sacar nuestro dolor. Y debemos expresarlo. Sin miedo. Y a personas que realmente se preocupen por nosotros, no a los 300 “amigos” de Facebook, que no quieren saber nada de ti y de tus problemas.

No. Llorar no es malo. Frustrarse no es malo. Gritar no es malo. Sentirse hundido no es malo. Debemos escupir el dolor, la rabia, la frustración, y proyectarla fuera. Debemos escapar de nuestra jaula de oro que hemos construido a nuestro alrededor. Eso no es malo. Lo realmente malo es establecer la vida según ese criterio de que todo es perfecto. Seamos humanos. Todos debemos gritar, todos debemos llorar, todos debemos y tenemos derecho a sentirnos hundidos de vez en cuando. Todos debemos aprender a perder, en vez de a ganar constantemente. Todos tenemos derecho a arrepentirnos de lo que dijimos o hicimos. Y todos tenemos derecho a rehacer nuestras vidas, las veces que sean necesarias.

Se dan 10 suicidios cada día en España, y los intentos son incontables. Debemos detectar a esas personas de nuestro entorno que muestren signos de estar cayendo, y debemos tenderles una mano amiga. Una sonrisa, una mirada amable, una palabra de aliento, un guiño dulce. Gestos sencillos que pueden salvar una vida. Una mano amiga que se tiende ante alguien caído es más fuerte que todo el dolor y el sufrimiento del mundo.

Naturalmente, una visita a un especialista en el caso de una persona deprimida y con ideas suicidas es muy importante, y yo siempre lo recomendaré. Pero no basta. Ayudemos, y dejemos que nos ayuden. No busquemos la salida en las redes sociales. Hagámoslo con la persona de confianza. Puede ser la pareja, pero muchas veces es un amigo o una amiga, que nos presta más atención incluso. Que no nos dé miedo decirle a esa persona amiga, sea quien sea, pareja, hermano, amigo, que no nos dé miedo rogarle que necesitamos su ayuda. Si está ahí de verdad, escuchará. Y volcaremos nuestro dolor. Luego, tras llorar un rato ante una mirada cariñosa, el mundo se verá mucho mejor. Y se da el primer paso para intentar salir de la depresión. No basta, por supuesto. Pero es un primer paso. Habremos comenzado a liberar los miedos y la frustración que llevamos dentro.

Luego, tras haber llorado, no seremos seres perfectos. No habremos solucionado el problema. Pero seremos seres mejores. Y sentiremos que puede existir un camino. Una salida. Una esperanza. Con una mano amiga.

Y eso, ciertamente, es lo que nos hace humanos.

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Un comentario en “Cuando ser mejores nos hace peores”

  1. Mucha razón lo que relata sus acertadas palabras, hasta mi persona se ha sentido intimidada e infeliz al ver la felicidad, a través de fotos, videos y publicaciones de las personas y pensar que su vida es ideal y la mía tan simplona e insípida! no senti envidia en ningún momento solo quería vivir también esa felicidad ficticia. Un abrazo.

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