Dos turistas perdidos en la Luna

Elon Musk, presidente de la compañía espacial SpaceX, acaba de anunciar que piensa enviar a dos turistas al otro lado de la Luna (y hacerlos volver) para 2018. Si no sé contar mal, 2018 es el año que viene. Los dos turistas ya han pagado una considerable cantidad de dinero, e irán solos, sin tripulación. Nada de viajes suborbitales, nada de órbitas bajas. Directamente a la Luna, sin tripulación, y dentro de un año y medio como máximo. Claro que sí.

Reconozco que tenía mis dudas con Elon Musk, el presidente de SpaceX. El gran alabado, ejemplo de emprendedor, y capaz de romper todas las barreras del progreso. Sus ideas y comentarios, cada vez más absurdos, comenzaban a hacerme dudar de su capacidad de distinguir lo que son sueños de proyectos reales. Porque, no lo olvidemos: los proyectos se construyen a partir de sueños, pero son los segundos los que deben prevalecer en el mundo real, o entraremos en una peligrosa vorágine de megalomanía y frases grandilocuentes, anuncios de imposibles, y palabras que terminan por pasar factura a la realidad.

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Pero ahora ya no tengo dudas con Elon Musk. Ahora he podido comprobar que mis sospechas eran correctas. Elon Musk ha convertido el sueño espacial en su propia fantasía, y ha perdido la noción de la realidad. Sí, su empresa, SpaceX, ha dado pasos muy interesantes, pero está muy, muy lejos, de poder cumplir, hoy por hoy, esos sueños que el señor Musk quiere llevar a cabo.

Un ejemplo: Elon Musk acaba de anunciar que, para 2018, pretende mandar una cápsula en un vuelo alrededor de la Luna. No solo eso; además la nave llevará a dos turistas, sin tripulación ni piloto.

Vamos a ver. Este anuncio es tan absurdo que no sé por dónde empezar a desmontarlo. Quizás podría empezar por el motivo por el que Elon Musk ha hecho este anuncio. La NASA pretende que su primer vuelo del cohete SLS que propulsará a la cápsula Orión alrededor de la Luna sea tripulado. Es una idea de momento. El motivo es que confían en que el cohete y la cápsula sean seguros. De hecho la primera misión al espacio en el transbordador fue tripulada. Y hoy no estamos en los años sesenta; los sistemas de seguridad y salvamento de la cápsula son operativos y han sido probados. De todas formas, el riesgo es grande, y la NASA lo sabe.

Pero el señor Musk no quiere quedarse atrás. Y pretende que su cohete, el Falcon IX Heavy, no solo mande a dos hombres a la Luna sin tripulación, sino que, además, serán turistas. Y quiere hacerlo en un cohete del que solo se ha probado parcialmente el motor principal, y sin experiencia previa en este tipo de cohetes pesados, y sin sistemas de seguridad ni de salvamento verificados, y sin haber mandado un solo ser humano nunca al espacio, y sin haber probado la cápsula en lo más mínimo (la cápsula Orión de la NASA ya ha ido al espacio en una ocasión, con resultados espectaculares).

¿Quiere esto decir que este proyecto de SpaceX, que pretende mandar a dos turistas solos al otro lado de la Luna, sin apoyo, y sin un cohete verificado ni una cápsula verificada, y sin experiencia alguna en misiones tripuladas, es realmente consistente? Puede ser. Reconozco que puedo estar equivocado. Pero el otro día aposté una caja de cervezas a otro tema. Ahora me apuesto otra caja de cervezas a que esta idea va a desaparecer de los planes de SpaceX tan rápidamente como ha aparecido. Al menos en estas fechas tan tempranas.

No sé muy bien a qué juega Elon Musk. Soy un gran interesado en el sueño espacial, en la conquista espacial, y en abrir siempre nuevas fronteras. Y creo que la combinación de empresas públicas y privadas trabajando juntas en la expansión de la humanidad por el sistema solar son un elemento imprescindible para el futuro de nuestra especie. Y la antesala del viaje a las estrellas. Y sé perfectamente que todo esto entra en el terreno de la ciencia ficción todavía en muchos aspectos. Por eso hay que ir colocando las bases fundamentales de la conquista de la Luna y de Marte, desarrollando las tecnologías y procedimientos más eficientes y coherentes con un proyecto de tal magnitud.

Pero un hombre de la talla de Elon Musk, que prefigura la imagen del soñador aventurero que es capaz de convertir sueños en realidad, no puede dejar llevarse, no debe dejarse llevar, ni por el entusiasmo, ni por el discurso fácil. Cuando explotó el cohete en septiembre ya dejó entrever que podría ser un sabotaje. Y lo hizo sin pruebas. Luego se vio que era lo que se suponía que tenía que ser: un fallo de una junta. En otra ocasión dejó claro que quienes entren en su aventura del viaje a Marte deben estar dispuestos a morir. ¿A qué viene ese lenguaje mesiánico, como si trabajar para él supusiese renunciar a todo, incluso a la vida? ¿Estamos creando un proyecto para el viaje a Marte, una expedición científica, de ingeniería, y comercial, o estamos en un proceso de un rito iniciático más propio de una secta?

¿Y a qué viene eso de mandar en el primer viaje cien seres humanos a Marte? ¿Cien? ¿En el primer viaje? ¿Cómo van a vivir, a sobrevivir, a comer, a respirar, a gestionar sus residuos? ¿Qué es eso de que se deben quedar en Marte, y allí mismo fabricar el combustible para el viaje de vuelta? ¿Cuándo va a empezar a enviar las sondas con el material que sin duda necesitarán esos cien seres humanos para vivir en Marte? ¿Por qué dice que el primer viaje será en 2020, si todavía no ha dado más que unas pocas conferencias, y probado someramente los motores principales del cohete?

Muchas cosas tendrán que cambiar, y muchas demostraciones empíricas tendrá que hacer el señor Musk y su empresa SpaceX para que crea todo lo que dice. Y atención: no niego que no puedan hacerlo. Lo que critico es la forma y los tiempos. No son coherentes. Incluso con sistemas desarrollados, viajar a la Luna, y luego a Marte, con vuelos tripulados, requerirá mucha experiencia, muchísimo trabajo, y los clásicos y esperables fallos que se han de solucionar. Mientras tanto, todo son palabras y puestas en escena. Y así no se conquista el futuro.

Por mucho que al señor Musk le duela, tendrá que ver cuándo comienza a probar los hechos y luego a hablar de ellos, y no al revés. ¿Que la NASA le lleva ventaja? Claro. Que recorte esa ventaja es esperable, pero que lo haga con sentido y criterio. Lo demás es perder el tiempo. Y el espacio.

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