Siete pasos para descubrir al escritor de tus sueños

Estamos en la era de Internet. Y dicen que Internet ha democratizado la igualdad de oportunidades. Todo el mundo puede expresarse, y todo el mundo puede mostrar ante los demás sus sueños de ser un gran escritor. En el mundo de la literatura, esto ha supuesto una explosión sin precedentes en el número de material publicado cada semana, incluso cada día. Sean novelas, relatos, ensayos, poesía, cualquier forma de expresión literaria cuenta con decenas de nuevas incorporaciones día a día.

Entre tanto material hay obras pésimas, obras de una calidad media, y obras buenas. Y, por supuesto, de vez en cuando se encuentran obras de una calidad magnífica. Existen por ahí escritores con un nivel realmente sobresaliente. Y los lectores, que no nos conformamos con leer los “best sellers” que nos lanzan las grandes editoriales a la cara, que queremos leer literatura de calidad desnuda y sin filtros, ¿qué opciones tenemos de encontrar material interesante? Es difícil, pero no es imposible.

Yo voy a proponer un método que, personalmente, me funciona bastante bien. Es importante remarcar que no estoy inventando nada, solo aplicándolo según mi criterio personal. Puede que a otros les funcione, puede que no. Pero creo que este sistema, al menos, permite reducir el espectro de posibilidades de equivocarse al buscar a algún autor que pueda ser de nuestro interés. Los pasos son:

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1.- Primer paso, el más básico, el que da origen a todo. Obviamente hay miles de escritores. Para reducir el espectro, es importante disponer de muestras de sus lecturas. Para ello, Facebook y otras redes sociales son muy adecuadas. Deben localizarse las cuatro o cinco páginas de Facebook que dispongan de autores que muestren sus obras. No más. Luego podemos ir sustituyendo unas por otras, pero nunca revisar más de cinco. Páginas donde los escritores vuelquen fragmentos de sus textos.

2.- Deben tomarse muestras de esos textos de los escritores. Digamos que tenemos una página llena de escritos. Se hace copiar, y se pega el texto, tal cual, en un programa que disponga de corrector ortográfico. El Word o cualquier otro.

3.- Una vez pegado el texto, veremos zonas con muchas líneas rojas, otras con algunas líneas rojas, y otras con ninguna. Las líneas rojas son errores ortográficos, también palabras desconocidas para el corrector. Pero, si hay muchas líneas rojas, la mayoría serán errores. Tómense esos autores, y bórrense de las lista. Esos autores no nos interesan. Nadie que escriba con muchas faltas de ortografía merece la pena ser tenido en cuenta. Primero que se preocupe de corregir su trabajo, luego por supuesto lo revisaremos. Sé que algunos me tacharán de radical, pero me educaron en la idea de que la ortografía es la base de la literatura. Nadie quiere un Ferrari con ruedas cuadradas.

4.- Una vez hecho esto, nos quedan autores con algunas líneas. Echamos un vistazo rápido a los dos o tres primeros errores. ¿Son graves? Borrado. ¿No son graves? Podemos dejarlo, siempre teniendo en cuenta el criterio personal de cada uno. Si las líneas rojas son por nombres no reconocidos, obviamente no consideraremos eso como un error.

5. Una vez llegados a este punto, tenemos ya una lista de potenciales escritores interesantes. Ahora tomaremos la primera frase de cada párrafo de lo que hayamos copiado, y la leeremos. Si hay muchos párrafos, repetiremos este procedimiento tres veces máximo. ¿Nos interesa el comienzo de cada párrafo? ¿Parece interesante? ¿Tiene un nivel de calidad que nos parezca interesante? Si no es así, borrado.

6.- Ya van quedando menos. Espero que a estas alturas quede alguno. Es normal, puede suceder, que nada del material recogido merezca la pena. No importa. Nos hemos librado de unos cuantos autores que no eran de nuestro interés. A continuación leemos los dos últimos párrafos, que suelen ser los que contienen la mayor carga literaria. Normalmente, cuando un autor pega un fragmento de texto, procura que el interés vaya in crescendo, y el párrafo final contenga la explosión de mayor calidad literaria en cuanto al mensaje. Nos interesa ver cómo lo ha resuelto. Si no nos satisface… Ajá, efectivamente: borrado.

7.- El autor o autores que queden, si ha quedado alguno, porque repito, puede que nada de lo que hemos visto sea de nuestro interés, son autores que, potencialmente, nos van a interesar. Buscamos entonces su material en Internet, y empezamos a explorar. Puede que no nos gusten claro, pero una cosa está clara: habremos afinado mucho la búsqueda, y tendremos más oportunidades de encontrar verdaderos escritores de gran nivel.

Es un trabajo, sí, pero al final, el tiempo consumido es muy inferior a ir a la búsqueda de nuestro nuevo gran descubrimiento literario. Por supuesto, esta técnica no es perfecta, y puede combinarse con otras soluciones. Pero a mí me funciona. Solo me queda esperar que este artículo no pase por la trituradora y quede descartado en el punto 3 de este procedimiento. En todo caso, ahí queda el método, para quien guste.

Tengo más ideas, que requieren de algunos recursos para poder ser llevadas a cabo, pero eso ya lo explicaré otro día. Por hoy creo que es suficiente. ¡Vamos a cazar escritores!

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