Revisión de novelas y grandes textos. La regla 3.1.

Eres un escritor que acaba de terminar su próxima novela, o quizás, tu primera novela. Aparte de los clásicos y evidentes signos de alegría, porque escribir una novela completa (hablamos de digamos unas 50.000 palabras o más aproximadamente), tiene un gran mérito, el trabajo está hecho. Pero solo en parte.

Terminar de escribir la novela nunca debe ser sinónimo de haber terminado la novela. Queda la fase de revisión, que algunos escritores suelen no tener muy en cuenta, pero que es primordial para ajustar los mil matices que quieres darle a tu obra. Un escritor que no revisa su trabajo no puede entregar al lector una obra bien acabada. Casi nadie en su primera versión dispone de una novela para que sea leída. ¿Por qué? Por cuestiones obvias de estilo, de argumento, de desarrollo, uso repetido de términos, frases que no sabe nadie quién las dice, otras en las que se dejan poco claras las intenciones del personaje, etc.

Otros escritores, sin embargo, entienden que deben escribir la mejor obra literaria posible, dentro de sus posibilidades lógicamente, y quieren que el lector disfrute de una lectura amena y bien redactada. Entonces comienza un proceso de corrección y corrección en un bucle infinito, que termina con algo casi tan peligroso como no corregir. Y a eso lo llamamos sobrecorrección. Aquel texto, aquel diálogo, aquella descripción, ¿están bien así? ¿La cambio? Llega un momento en el que te das cuenta de que estás queriendo que quede tan perfecto, que en realidad lo estás estropeando.

¿Cómo evitar estas situaciones? Con la regla 3.1. Recibe este nombre derivado del sistema empleado para la corrección. Someterse voluntariamente a esta regla permite librarse de muchos de esos temores de corregir poco, o de pasarse corrigiendo. La regla 3.1 emplea tres pasos importantes, más uno sencillo (de ahí el nombre) para corregir el texto. Vamos a ver estos pasos.

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Primer paso (1).

Has terminado el texto. ¿Qué es necesario hacer ahora? Revisar todo el texto, íntegramente, desde la primera línea, hasta la última. Este primer paso supone, en muchos aspectos, reescribir la novela, para dotarla de más contenido, más profundidad, y más riqueza en general, sea en diálogos, descripciones, o ambas. ¿Ese diálogo entre María y Pedro parece irreal? ¿Realmente ella dice eso? ¿Por qué Pedro ha hecho eso que ha hecho? ¿Quién está diciendo esta o aquella frase? ¿Queda claro que Elena llevaba el colgante la primera vez que vio a Luis? Es importante para la historia. ¿Lo remarco más? ¿Por qué Susana comenta que le gustan los atardeceres de otoño con lluvia? ¿Podría añadir algún elemento que indique algo que le ocurrió hace años, y que sean motivo de ese sentimiento? Eso reforzaría la profundidad del personaje, le daría una nueva dimensión.

Estas preguntas, y muchas otras, aparecen, o deberían aparecer, cuando se realiza el primer repaso del texto. El primer borrador puede ser bueno, pero hay que dotarlo de vida, cerrar puntos oscuros y/o no conectados, mejorar personajes y descripciones, y dotar a la novela de un cuerpo más denso y más desarrollado estructuralmente.

Es evidente que este primer paso llevará tiempo. No importa. La novela lo merece. Una vez terminado, la obra será como la espada en la forja, habrá sido templada. Pero quedan aspectos importantes.

Segundo paso (2).

El segundo paso entra en los detalles de forma. En la primera parte nos hemos preocupado del contenido. De dotar a nuestra novela de profundidad. De darles a los personajes una historia, un bagaje, una firma reconocible. En esta segunda revisión la forma lo es todo. ¿Este diálogo está bien construido? ¿Este párrafo es demasiado largo? ¿Este capítulo es muy corto, o muy largo? ¿Combino estos dos capítulos en uno solo, o al revés, genero dos capítulos a partir de uno que es demasiado largo? ¿Cuántos saltos de línea hay, que den mayor comodidad al lector? ¿Ese párrafo de 300 líneas no va a cansar al lector, como me está cansando a mí?

Recordemos: debemos ser nuestros primeros lectores, y los más exigentes. Sin piedad, debemos ser duros y tener un criterio de calidad alto. Cualquier cosa que no dejaríamos pasar en otra novela, es imposible que suceda en la nuestra. En esta fase, podemos ver que es necesario añadir un capítulo, o quitarlo. Si lo quitamos, verificaremos que no borramos nada importante, y si es así, lo colocaremos en otro capítulo. Si añadimos un capítulo, tiene que armonizar perfectamente, y muy importante: para ese capítulo, volveremos a realizar sobre el mismo el punto 1, y luego este punto, el 2.

El objetivo final es que la lectura sea sencilla y amena a la vista. Porque un texto puede estar perfectamente redactado, pero si la vista no disfruta de la visión del texto de forma armónica, si los párrafos no se ven como un todo armónico, si todo parece un solo texto seguido y sin forma, el lector se cansará, y se agotará leyendo. Su cerebro rechazará textos demasiado densos y largos. Es mejor romper el texto en piezas más pequeñas y digeribles para la vista. En arquitectura una superficie plana enorme no es agradable. Dotarla de pequeñas fisuras y colores le da mucho mejor sentido estructural. Eso mismo hay que hacer con el texto. Tu fondo puede ser bueno, pero cualquier obra se mide por el fondo, pero se transmite por la forma. Si esta forma no es armónica, el fondo se perderá en muchos aspectos, y perderemos lectores.

Un detalle final son los capítulos. ¿Capítulo I, capítulo II? ¿Por qué no ponerles nombres adecuados a lo que se narra en ese capítulo? Luego el índice es como un resumen de la obra en ciertos aspectos. Y es más enriquecedor. Hasta el índice es parte de la historia.

El paso 1 es el fondo como el paso 2 es la forma. Ya tenemos un buen acero para la espada, y ya tenemos una buena hoja para la misma.

Tercer paso(3).

El tercer paso es un compendio de los dos anteriores. Tenemos fondo, y tenemos forma. Realizaremos un tercer repaso mucho más somero, mucho más general, mucho más amplio, sobre el texto. El extremo detalle y cuidado de los dos puntos anteriores lo dejamos de lado. ¿Por qué? Porque, en el punto 1 y 2, ya hemos dejado las cosas bien. Ahora se trata de alicatar la casa, de ponerle detalles. Si empiezas a corregir a fondo, entrarás en la muy peligrosa sobrecorrección.

No, no vas a corregir; ya has corregido antes. Ya lo has dejado todo claro en los puntos 1 y 2. No seas demasiado duro contigo, ya lo has sido en los puntos 1 y 2. Ahora retoca este o aquel detalle. Revisa el texto, pero de ningún modo cambies frases. Repito: no cambies frases, o empezarás a sobrecorregir. Cambia alguna palabra, algún orden de las mismas, algún punto y aparte, y nada más. Esa palabra que se repite, ese término que no queda claro. Nada más. Dale luz al texto. Dale color. Ponle ventanas bonitas. Pero deja la estructura como ya la has dejado. En el caso de la espada, sería el cuero de la empuñadura, o los adornos de la hoja.

Último paso (3.1).

Y llegamos por fin al paso final. La funda de nuestra espada. En este paso, añade el índice, añade una dedicatoria si quieres, y sobre todo, añade algunas palabras al principio que expliquen por qué has escrito esta obra, y qué quieres plasmar en la misma. No es una confesión ni un tratado de tus sentimientos. Son dos párrafos, tres a lo sumo, con tus sensaciones, tus ideas, aquello que has vivido mientras escribías esto. No escribas intentando vender nada. No hables de lo maravilloso que es tu libro. No digas “es un libro diferente”, “te sorprenderá”, o “no podrás dejar de leerlo”. Eso está tan repetido que debería estar prohibido decirlo.

No. Sé tú. Sincérate. El lector quiere conocer tu obra. Pero, sobre todo, si le gusta, querrá conocer al autor. Y ahí puede ver un resplandor de ti.

Por último, en este punto 3.1, toma cinco párrafos al azar, y revísalos, pero no los cambies. Piensa sinceramente: ¿estás satisfecho? ¿Cambiarías algo? Toma nota de esas sensaciones, y recuérdalas para tu siguiente libro. No pretendas que tu primer libro tenga el nivel de calidad que el segundo, o que el segundo lo tenga respecto al tercero. Deja que cada libro hable de ti y de tu evolución como escritor. Notarás cómo crece tu dominio del lenguaje y de tu estilo. Y los lectores lo notarán también.

Prepara una portada bonita y una sinopsis sencilla y sin frases rimbombantes. Y listo. El resto ya dependerá del lector. Pero tú has hecho tu trabajo, y no te has liado en revisiones eternas, ni te has dejado nada. Y recuerda: las críticas, si son constructivas, son muy importantes. Toma nota. Y empieza ya tu siguiente libro.

Y sueña. Sobre todo, sueña.

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