Críticas y portadas, cuando el final está cerca

Seguimos nuestra ruta literaria por la publicación de un libro, y sus pasos. Una ruta que es siempre muy personal, pero que requiere de unos elementos fundamentales. De esos elementos estamos tratando de hablar. Ya hemos comentado algunos.

Elementos a tener en cuenta en la confección de una obra literaria:

  • La estructura del libro y su revisión, la famosa regla “3.1” (se me ocurrió ese nombre recordando las notas que sacaba de pequeño en matemáticas).
  • A continuación, hablamos de aquello que el libro debe aportar al lector para emocionarle y llevarle a donde queremos. Al lector hay que hacerle vibrar, tiene que sentir placer y amor, odio o tristeza, melancolía o alegría, pasión o locura, lujuria o muerte. Lo que sea. Pero que sienta algo. Las letras son los cuchillos que has de lanzar al lector para cortar su alma en pedazos, y descubrirle su desnudo interior.
  • Y, por supuesto, debemos olvidarnos de las modas sociales y culturales en las que vivimos. No tenemos que quedar bien con nadie, excepto con el lector. Escribimos ficción, no un ensayo. Soñamos con mundos perfectos, o terriblemente duros y oscuros. Dejemos los cupos de personajes y situaciones que parece necesitar cada época artística. Ciñámonos a escribir. No vivimos en el siglo XXI; somos atemporales. Aunque cueste, debemos retrotraernos del mundo. De nuestra cultura. Es difícil, claro. Pero es importante. Ese es el primer paso para crear una obra que tenga alguna posibilidad de convertirse en inmortal.

Ahora, cuando ha terminado su obra tras los pasos anteriores, es cuando ha de sentirse muy orgulloso de su trabajo. Pero recuerde: la palabra final la tendrá el lector. Y a ellos se debe el escritor.

Y aquí, estimados amigos y amigas, es donde entramos en un terreno difícil y pantanoso: las críticas. Ay, las críticas. Si pudiéramos recoger la ira que ha derramado cada crítica y convertirla en un proyectil, podríamos hacer temblar los cimientos del mismo infierno. Pero hay que saber contenerse. Y escuchar. Veámoslo.

cronos
Un autor captura a un lector que ha hecho una mala crítica de su libro

Entiendo que algunas personas digan:

“Yo escribo para mí”, o “esta obra es personal y no la he escrito para que la lean los demás”.

De acuerdo, entonces guárdela usted en un cajón o en el disco duro, no se la muestre a nadie, y deje que pasen los años, y los siglos. Porque si sube usted su obra a alguna web, o si se la deja a alguien, ya estará incumpliendo esa máxima. Y si incluso así sigue considerando que su obra es suya y solo suya, no deberá escuchar las opiniones de los que la leen porque, al fin y al cabo, no la ha escrito para ellos.

Qué contradicción, ¿no? Es algo que personalmente siempre he respetado, pero nunca he entendido. Algunos autores, por el mero hecho de ser (o autonombrarse) escritores, parece que han dado un salto en la escala evolutiva, y miran a los demás como seres inferiores. Consideran su obra la cumbre de la literatura, y ay de ti que se te ocurra decirles algo: “esta obra es mía y personal, y si se la dejo leer a alguien es porque soy divino, pero tengo alguna fe en vosotros, tristes mortales”.

De acuerdo, es suya. Y es personal.  Y es magnífica (o eso dice). Pero verá; no espere que los lectores no tengan opiniones. La tienen. Y van a decir lo que consideren y estimen oportuno. Es su derecho como lectores. Si no desea usted escuchar sus opiniones, sus valoraciones, sus reflexiones, en la creencia de que su obra es “suya y solo suya”, guarde su obra bajo llave. Si no, no espere que no le vayan a valorar como escritor, por mucho que crea que su obra es magnífica y única, y que usted es un nuevo Cervantes, o un nuevo Shakespeare. Porque todo escritor tiene el derecho a creer que su obra es magnífica y es única, por supuesto que sí. A veces incluso será cierto. Pero es el tamiz del lector quien tendrá la última palabra para decir si es o no así.

Mucha gente no pasa de la fase de la crítica. Escriben un libro, puede que dos, reciben malas críticas, acusan al mundo de estar en contra de ellos, confían en que un día el mundo les reconozca el talento, y abandonan finalmente la literatura. Esto ocurre constantemente, y lo veo a menudo. Cualquiera puede verlo.

Ahora es más frecuente, porque Internet permite que cualquiera pueda presentar su obra en las múltiples redes sociales. Redes donde, en general, nadie pone un “me gusta”, o un comentario a una entrada (incluso si la entrada tiene una enorme calidad). La razón es la saturación, no la falta de calidad. Hay cosas muy malas. Pero atención, se ven cosas muy buenas también, por supuesto. Y el hecho de que no pongan “me gusta” o no compartan no significa que haya gente que no esté observando tu obra. Lo hacen. Te siguen. Disimuladamente quizás. Pero están ahí. De ese tema, que creo muy interesante, hablaré otro día.

Pero aquellos que critican una entrada, normalmente en Facebook, pero también en otros medios, suelen recibir improperios por parte del artista demasiadas veces. Y es una pena, porque algunos de esos escritores, si escucharan con atención esos consejos, y pusieran algo de interés en lo que les están diciendo, podrían terminar siendo buenos escritores. Pero la gente no escucha; hoy todo funciona rápido. Escribo rápido, publico rápido, y tengo éxito rápido. Y el mundo no funciona así. No se puede tener éxito el primer día, como mucha gente cree y espera. La mayoría verá correr su vida y no habrá vendido un libro jamás, independientemente de la calidad que tenga. Eso siempre ha ocurrido, por supuesto, pero ahora es mucho más evidente, de nuevo, gracias a las redes.

Yo entiendo que no todas las valoraciones las debe tomar igual un escritor. Entiendo perfectamente que incluso el lector más experto puede hacer una valoración de la obra con la que no estemos de acuerdo. El lector tiene derecho a opinar. Y, el escritor, a valorar esa opinión. Es deber del escritor considerar si ese lector está aportando un valor añadido, en forma de crítica constructiva que le ayude a mejorar, o si su valoración debe ser olvidada. Por mi experiencia, cada valoración, positiva, pero sobre todo negativa, ha aportado algo nuevo a mi visión sobre una obra. Y ha influido, decisivamente casi siempre, en la confección de las siguientes. Creo que una valoración de un lector que honestamente y con honradez nos da su opinión, es un tesoro que no podemos ni debemos menospreciar. Ahora bien, insisto en ello, no tenemos por qué estar de acuerdo. Pero siempre hemos de hacernos esta pregunta: ¿qué puedo aprender de una crítica? Si un escritor no se hace esta pregunta, nunca evolucionará. Si además trata de forma negativa al lector, la sentencia está ya definitivamente echada.

Cuando valoramos la opinión negativa de un lector como carente de interés, ¿estamos siendo honestos con esta postura, o estamos dejándonos llevar por el orgullo herido de ver mancillada nuestra obra? Es muy importante reflexionar sobre este dilema. Si negamos una opinión, deberá ser siempre porque creemos con total sinceridad que el lector no ha acertado a ver la obra. Pero atención: incluso así debemos analizar por qué el lector no la ha valorado correctamente. Si es por una simple desidia y falta de interés del lector, entonces de acuerdo, esa opinión podemos soslayarla. Si es porque ese lector no se encuentra en el marco de referencia de nuestra obra, entonces su opinión es todavía más importante, porque está siendo plenamente objetivo con una obra que no valora porque le gusta, sino como obra per sé.

Dicho de otro modo: el lector más objetivo es aquel que valora una obra sin sentirse implicado en la misma. Analiza, observa, y concluye. Es como el investigador de policía del CSI que analiza el asesinato. No puede ni debe implicarse para hacer un trabajo profesional. Debe dejar que hablen los datos. Los hechos. Luego ya tendrá tiempo de retozar y bañarse en el placer de la lectura si lo desea. Pero un lector que separa análisis de gozo, es un lector ideal para un escritor.

Me he encontrado con casos de lectores que son grandes amantes de la literatura de contenido político y social, y que han hecho grandes valoraciones de obras de ciencia ficción, género que no tenían en cuenta porque, al fin y al cabo, se supone que la ciencia ficción son solo rayos láser, naves espaciales, aguerridos jóvenes duros y fuertes, y chicas guapas, muchas veces ligeras de ropa. Y evidentemente esos clichés sobre cada género tienen efectos importantes. Como pensar que una obra romántica es un chico y una chica hablando de sus amores imposibles, y fugándose en un tren a la luz de la Luna.

No. Ni la ciencia ficción son rayos láser solamente, ni la literatura romántica consiste en una pareja hablando de amores prohibidos o traiciones sentimentales. Eso ocurre, por supuesto, pero hemos de ir más allá. Es entonces, cuando un lector de esos géneros se atreve a leer una obra que no es de su marco de referencia, cuando obtenemos valoraciones muy interesantes.

En definitiva; una obra literaria, como toda obra, se vive y se siente cuando llega a aquel que la vive y la disfruta. Nunca he entendido, ni entenderé, otra forma de expresar el arte. Un libro, un cuadro, una estatua, una canción, no tienen por qué salir del cuarto del creador, es cierto. Pero, si lo hace, entonces nadie tiene por qué ocultar su opinión, sea esta mejor o peor.

Yo, de todas formas, soy de la opinión de Rafael Alberti, cuando decía:

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado.
Su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

Siempre me impresionó este poema (y este poeta, uno de los más grandes sin duda).

Visto el delicado tema de la crítica, hablemos de dos temas accesorios, pero fundamentales: la web, y la portada.

No debemos descuidar nunca una web que permita al lector conocer la obra del autor. Una web con una presentación elegante, sea cual sea, pero que tenga un cierto gusto al estilo de las obras que se exponen. El lector debería poder conocer al autor, sus motivaciones, una síntesis muy breve de quién es. Y ver unas portadas de libros donde pueda leer algunos fragmentos, quizás las primeras páginas. Hablaremos otro día de las primeras páginas por cierto, y de cómo son fundamentales en una obra.

El banner, es decir, la imagen superior de la web, es muy importante, así como el tipo de letra, colores, etc. Cada elemento. Cada detalle. Y eso forma parte de la gracia de descubrir cómo y por qué se hacen las cosas como se hacen. Cada aspecto de la web, como cada elemento de la obra, deben ser considerados y contemplados escrupulosamente. Esta página por ejemplo está hecha con WordPress. Sin duda es una gran herramienta que siempre recomiendo. Fácil de usar, en poco rato uno puede tener su página de escritor.

Solo nos queda la portada. Ah, la portada. Tiene usted un libro maravilloso, y pone una foto del gato del vecino, o una imagen sacada de Internet llena de píxeles. Aparte de que esa foto puede tener derechos de autor, y no debería usarla sin permiso.

Piénselo: ¿de verdad esa es la portada que su obra literaria se merece? ¿De verdad muestra esa portada la calidad que ha puesto a su trabajo?

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Contar con un amigo dibujante y torturarlo para que te haga las portadas es todo un lujo

Por supuesto, hacer una portada de un libro no es sencillo, si no se disponen de las habilidades y medios. Pero eso no significa que no haya que intentarlo. Existen en Internet cursos básicos con programas gratuitos para diseñar alguna portada que merezca la pena. No ha de ser una obra de arte, ni mucho menos, se espera que eso esté en el interior. Pero sí ha de ser algo que refleje esa belleza y ese trabajo que se han dado a la obra. El famoso Paint de Windows es lo primero que hay que descartar. Un programa gratuito es GetPaint.net. Permite trabajar “por capas” y crear composiciones que pueden quedar muy bien. Ah, y usar imágenes gratuitas y con permiso. Si no se quiere que copien y usen nuestros libros sin permiso, no usemos una imagen sin permiso de alguien para algo tan importante como es la portada de un libro. Hablo de una portada de un libro, que va a ver todo el mundo, o eso esperamos. Que tenga calidad, y que el uso de su contenido sea libre. Hay  muchas páginas con fotos y dibujos de uso libre. Empecemos por ahí.

Y listo. Ya está todo preparado para el lanzamiento. ¿Dónde lanzarlo? Hay varias alternativas, todas ellas casi siempre complementarias. De ello hablaremos en la próxima entrada.

Recuerde: la vida no se acaba con la primera crítica. Cada crítica nos acerca un poco más a la perfección, a la que nunca se llega. Y una crítica es eso, una reflexión. Que puede ser acertada o no, pero que siempre se debe valorar en su justa medida. E incluso cuando se estima equivocada, puede ofrecer algún aspecto interesante, que merezca la pena destacar y reflexionar.

Feliz día, y feliz crítica.

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2 comentarios en “Críticas y portadas, cuando el final está cerca”

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