El éxito del fracaso, un éxito asegurado

Hoy estoy vago, más incluso de lo habitual. Estaba repasando los artículos de este año más leídos. Por cierto, hace un mes que hemos superado las lecturas de todo el año pasado, así que no puedo más que agradecer a los lectores su interés por esta página. Si ahora me invitan a una cerveza y olivas mi felicidad será total.

Es broma. Pueden saltarse las olivas. En cualquier caso, como hoy no estoy inspirado, creo que es bueno recordar ese texto, que habla de cómo fracasar como escritor. Yo, como experto en fracasar como escritor y como persona, puedo dar fe que fracasar es un trabajo duro, que requiere constancia y dedicación.

Este texto se basa en mis tiempos cuando aún estaba metido en grupos de literatura de Facebook, de los que ya me he borrado, en un ejercicio de limpieza mental que me era muy necesario.

Puede leer el lector el artículo en este enlace. Fracase en la vida de vez en cuando. Es bueno para darnos cuenta de que el fracaso enseña muchas cosas, generalmente más que el éxito. Fracase; dese de bruces contra el suelo y la realidad, y habrá dado el primer paso para el éxito. El segundo paso lo explicaré cuando yo mismo lo haya averiguado. Feliz semana.

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La hoja en blanco, el blanco monstruo de la inspiración

He hablado en otras entradas sobre la inspiración para escribir, de técnicas diversas, de esos organismos anaeróbicos llamados editoriales que devoran escritores en oscuros rituales, y de redes sociales y antisociales. Pero no he hablado de algo muy común:

La temible, implacable, y fría hoja en blanco.

La hoja en blanco es la pesadilla del escritor, y el tormento de una situación que se puede prolongar semanas, o meses, puede que hasta años… (Sonido de un escritor desesperado, que destroza su máquina de escribir con un hacha, en una orgía de teclas y carretes que sangran tinta, y llenan la tierra de palabras que jamás serán escritas).

Bueno, vale, quizás estoy exagerando un poco; ya no hay máquinas de escribir excepto en casos contados. Pero algo de eso ocurre. ¿Qué diablos es la hoja en blanco?

La hoja de blanco es, básicamente, la falta de inspiración. Antiguamente se creía que las musas, diosas inspiradoras de los artistas, eran las que traían la creatividad a músicos, escritores, escultores, pintores, etc. “Me han abandonado las musas” significa, sencillamente, que la inpiración ha abandonado al artista. ¿Por qué ocurre esto?

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Críticas y portadas, cuando el final está cerca

Seguimos nuestra ruta literaria por la publicación de un libro, y sus pasos. Una ruta que es siempre muy personal, pero que requiere de unos elementos fundamentales. De esos elementos estamos tratando de hablar. Ya hemos comentado algunos.

Elementos a tener en cuenta en la confección de una obra literaria:

  • La estructura del libro y su revisión, la famosa regla “3.1” (se me ocurrió ese nombre recordando las notas que sacaba de pequeño en matemáticas).
  • A continuación, hablamos de aquello que el libro debe aportar al lector para emocionarle y llevarle a donde queremos. Al lector hay que hacerle vibrar, tiene que sentir placer y amor, odio o tristeza, melancolía o alegría, pasión o locura, lujuria o muerte. Lo que sea. Pero que sienta algo. Las letras son los cuchillos que has de lanzar al lector para cortar su alma en pedazos, y descubrirle su desnudo interior.
  • Y, por supuesto, debemos olvidarnos de las modas sociales y culturales en las que vivimos. No tenemos que quedar bien con nadie, excepto con el lector. Escribimos ficción, no un ensayo. Soñamos con mundos perfectos, o terriblemente duros y oscuros. Dejemos los cupos de personajes y situaciones que parece necesitar cada época artística. Ciñámonos a escribir. No vivimos en el siglo XXI; somos atemporales. Aunque cueste, debemos retrotraernos del mundo. De nuestra cultura. Es difícil, claro. Pero es importante. Ese es el primer paso para crear una obra que tenga alguna posibilidad de convertirse en inmortal.

Ahora, cuando ha terminado su obra tras los pasos anteriores, es cuando ha de sentirse muy orgulloso de su trabajo. Pero recuerde: la palabra final la tendrá el lector. Y a ellos se debe el escritor.

Y aquí, estimados amigos y amigas, es donde entramos en un terreno difícil y pantanoso: las críticas. Ay, las críticas. Si pudiéramos recoger la ira que ha derramado cada crítica y convertirla en un proyectil, podríamos hacer temblar los cimientos del mismo infierno. Pero hay que saber contenerse. Y escuchar. Veámoslo.

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Un autor captura a un lector que ha hecho una mala crítica de su libro

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