La hoja en blanco, el blanco monstruo de la inspiración

He hablado en otras entradas sobre la inspiración para escribir, de técnicas diversas, de esos organismos anaeróbicos llamados editoriales que devoran escritores en oscuros rituales, y de redes sociales y antisociales. Pero no he hablado de algo muy común:

La temible, implacable, y fría hoja en blanco.

La hoja en blanco es la pesadilla del escritor, y el tormento de una situación que se puede prolongar semanas, o meses, puede que hasta años… (Sonido de un escritor desesperado, que destroza su máquina de escribir con un hacha, en una orgía de teclas y carretes que sangran tinta, y llenan la tierra de palabras que jamás serán escritas).

Bueno, vale, quizás estoy exagerando un poco; ya no hay máquinas de escribir excepto en casos contados. Pero algo de eso ocurre. ¿Qué diablos es la hoja en blanco?

La hoja de blanco es, básicamente, la falta de inspiración. Antiguamente se creía que las musas, diosas inspiradoras de los artistas, eran las que traían la creatividad a músicos, escritores, escultores, pintores, etc. “Me han abandonado las musas” significa, sencillamente, que la inpiración ha abandonado al artista. ¿Por qué ocurre esto?

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Desde luego, un psicólogo podría dar definiciones técnicas sobre aspectos de estimulación y falta de estimulación para crear una obra, pero yo no soy psicólogo, por lo que me ceñiré a aspectos más mundanos, pero que puede sean de utilidad para alguien.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la creatividad no es espontánea, ni viene cuando uno la desea, ni se fabrica, ni es algo que podamos controlar, excepto quizás en los casos más severos de psicopatía. Porque, no lo olvidemos, un escritor necesita una cierta psicopatía para escribir, y todos tenemos un toque de locura, la necesaria para poder ser creativos. Solo los grandes artistas, que saben explotar su psicopatía y convertirla en arte, son capaces de enfrentarse a la hoja en blanco. El resto, bien, tenemos que buscar otras estrategias para enfrentarnos a una hoja en papel.

Efectivamente. Alguien en su sano juicio no puede pretender escribir, al menos lo que se puedan considerar grandes obras maestras de la literatura. Pero, para los demás, los que estamos en la escala que se considera “normal”, entendiendo que sabemos controlar nuestra mente y juicio, la hoja en blanco es una de las cosas más frustrantes a la que debemos enfrentarnos. Pero no está todo perdido. Lo importante es reconocer por qué nos ocurre, y, de este modo, enfrentarnos a ello.

La creatividad se basa por supuesto en estados de ánimo del escritor, del artista, y este estado de ánimo cambia diariamente, y también de forma acusada con el tiempo. No somos los mismos hoy que hace veinte años. Las circunstancias personales, sentimentales, y profesionales pueden variar con el tiempo, y lo harán. Y esto provoca cambios en la percepción de la vida, de los impulsos creativos, afectando a la creatividad. Las novelas nacen de nuestras frustraciones y dolor precisamente, al menos aquellas que en general van a transmitir fuerza y poder. La alegría y la tranquilidad son fantásticas para la vida diaria, pero en una novela no valen para nada. Si todo son sonrisas y felicidad poco va a durar el lector leyendo nuestra novela. El lector quiere frustración, quiere problemas, quiere neurosis, porque de ese modo se ve reflejado en esos problemas y en esos personajes, y hace la novela suya.

Cada persona es distinta. Una desgracia grave puede dejar a un escritor sin capacidad para escribir durante años, y es normal, es comprensible; Sin embargo, a otro escritor, ese mismo hecho le puede provocar escribir compulsivamente, durante años. Sin embargo, dentro de lo que es la vida, dejando aparte sucesos graves, o maravillosos, lo cierto es que, de repente, algunos se encuentran con que, sin causa aparente, no encuentran qué escribir. La hoja en blanco se ríe de nosotros mientras miramos con dolor ese teclado del que no surge nada.

Atención ahora: es importante distinguir entre “no me apetece escribir” con “no puedo escribir”. Son cosas muy distintas, y a veces se confunden. Si a un escritor no le apetece escribir, no habrá musa, por poderosa que sea, que le estimule a escribir. La pérdida de interés por escribir puede durar un tiempo, o toda la vida. Alguien puede haber escrito algunas novelas, y luego, simplemente, no se siente con ganas de continuar, pero se tortura pensando en ello. Es deber del escritor entender que, si no tiene ganas de escribir, si no quiere escribir, no debe darle más vueltas. Debe dejar ese tema, y dedicarse a otra cosa, lo que sea, pero otra cosa.

Efectivamente. Hay personas que se torturan creyendo estar en una situación de hoja en blanco, cuando en realidad han perdido el interés por escribir. Es importante distinguirlo, y es muy importante aceptarlo, porque los seres humanos a veces nos convencemos de cosas que ya no son de nuestro interés. Ese es el momento de dar un paso adelante, y decir basta, sin mirar atrás. Hemos escrito una novela, o diez, y nuestra mente ha dicho “basta”. ¿Para qué forzar? ¿Para qué engañarnos a nosotros mismos, creyendo que debemos seguir, cuando nuestro subconsciente nos dice que se ha acabado? Luego, pasado un tiempo, el que sea, un mes, un año, una década, puede que ese interés vuelva, o puede que no. Pero lo importante es que seamos sinceros y claros con nosotros mismos. Sino, vamos a sufrir innecesariamente, y no merece la pena.

Sin embargo, hay gente que sí quiere escribir, pero no puede. Nos ha pasado a todos los que llevamos un tiempo en esto de las letras. Vamos a comentar ciertos temas:

Problemas graves.

Es normal tener temporadas en blanco. Las causas pueden ser muy evidentes, como problemas de índole personal, familiar, o profesional. La vida se complica a veces, y no podemos ni escribir una línea. Por supuesto, como he comentado antes, a otros este tipo de cosas les estimula a escribir más todavía. Pero si es usted de los primeros, no le dé más vueltas. Si usted tiene problemas, y no se siente inspirado, déjelo estar. No pretenda crear si no hay motivación, si no hay fuerzas. Si usted trata con un problema grave de la vida, ya tiene bastante con eso, para encima añadir un sufrimiento adicional por no poder escribir. Si intenta escribir el material no le gustará además, y es posible que lo descarte enseguida.

Stress.

Es posible estar perfectamente, y no escribir nada. Todo le va bien en la vida, pero tiene demasiado trabajo con su profesión, con la casa, con la familia, y no tiene ni tiempo de dormir. Aunque escribir es una vía de escape para olvidar los problemas, es posible que esté demasiado agotado. Déjelo, hasta encontrarse con más fuerzas, más descansado.

Cuando todo va bien.

También es posible que todo le vaya a usted estupendamente en la vida. Son pocas personas las que pueden presumir de poder dormir ocho horas, tener vidas cómodas, y pocas o nulas preocupaciones. Este tipo de situaciones son candidatas a sentirse poco estimulado a escribir para algunas personas. Precisamente lo que necesitarían esas personas es algo de stress. Fíjese que estas personas son las complementarias del punto 1. Hay personas que se estimulan a escribir con muchos problemas y no pueden escribir si todo está bien. Y al revés, hay gente que necesita mucha tranquilidad para escribir. Ninguno es mejor que el otro. Es un tema de carácter. No se atormente, sea del tipo que sea. La inspiración llegará en el momento más inesperado.

Obsesión por la perfeccion.

Otro tipo de personas sufren la hoja en blanco por una cuestión de perfección personal. Han escrito algunas novelas quizás, que han tenido un éxito mayor  o menor. Si han publicado, han recibido buenos comentarios de los lectores. Estas personas, que suelen ser muy perfeccionistas, escriben su nueva novela, que tiene que ser mejor que las anteriores por supuesto. Leen los primeros párrafos, y consideran que no están a la altura de los trabajos anteriores. Borran los párrafos. Vuelta a empezar. Consiguen tener un primer capítulo, o dos, o tres, y lo mandan a la papelera. Mucho cuidado si le pasa esto; es muy probable que usted se esté exigiendo demasiado a sí mismo.

Icult  Libros  ilustracion  viñeta del  libro Los  Tesoros  de  Snoopy

Intente mejorar, pero entienda que esta es una novela nueva, no la compare con las anteriores. Tendrá cosas mejores, otras quizás peores, pero la idea de conjunto es que sea mejor. Pero recuerde: quien dirá si es mejor o peor es el lector, no usted. Usted intenta que sea mejor, pero no se juzgue a sí mismo con demasiada severidad. O aparecerá la temida hoja en blanco. Llegará un momento en el que todo le parecerá malo, y no escribirá nada. No sea así. No sea tan duro. Pase el primer capítulo a algún lector cero, y que le dé su opinión. Verá que no es tan malo. Y si lo es, de acuerdo, pruebe otra cosa. La mayoría de las veces la nueva novela será eso: una nueva novela. Dele una oportunidad. Dese una oportunidad.

Estrategias.

La hoja en blanco está ahí, esperando, agazapada, para atacar el teclado del escritor a la mínima oportunidad. Todos lo hemos vivido, o casi todos, repito que los grandes escritores pueden escribir sin parar, pero son personas especiales, con caracteres especiales. El resto hacemos lo que podemos, gestionamos nuestras frustraciones, nuestros problemas, y nuestras vidas, y arrancamos momentos de donde sea para escribir al menos unas líneas. Lo importante es que queremos escribir, y lo vamos a hacer. Puede que tardemos tres años, o cinco, en escribir una novela de ciento cincuenta páginas. ¿Qué problema hay? Usted hace el esfuerzo, y con el tiempo que tiene a mano. Si tarda tres años, pues son tres años.

E intente no exigirse demasiado. O todo le parecerá falto de calidad. Dese una oportunidad. Deje que otros lean su trabajo y opinen. Verá que, en muchas ocasiones, usted está pidiéndose demasiado de sí mismo.

Escriba. No deje de escribir, al menos que, sinceramente, vea que ya no le motiva. Si no le motiva, busque otra actividad. Puede que en un tiempo vuelva a interesarse, y si no es así, da igual. Fue una época, pase página. Y si necesita escribir pero no puede, deje reposar su mente, trate lo que tenga que tratar, y luego vuelva a escribir. Verá cómo las cosas fluyen por sí mismas.

Pero, ante todo, trátese bien. Lo peor que le puede pasar a un artista es intentar llegar a un lugar al que no tiene necesidad de ir, porque ya está ahí sin saberlo.

Ah, y disfrute. Páselo bien. Ese es un elemento fundamental. Frustrado o feliz, estresado o no, disfrute. Para eso escribe. Para liberarse y sacar todo lo que lleva dentro. Hágalo con calma y paciencia. Si ve que finalmente no funciona, déjelo para otro día. Si se presiona demasiado, explotará. Y entonces seguro que no estará en condiciones para escribir ni para nada.

Salga con la familia, o con amigos. Tenga una aventura, del tipo que sea, sea una tarde en una escapada al campo con la familia, o una locura de fin de semana con alguien a quien por fin se ha atrevido a decirle lo que le gusta. Quién sabe, de ese fin de semana pueden salir un par de novelas. Todo es intentarlo. Convierta su vida en una locura de vez en cuando. Locura sana, pero locura.

Esa es la mejor receta para escribir. Y para disfrutar y vivir la vida plenamente. Merece la pena intentarlo.


 

 

 

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